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Introducción
La publicación del Informe de la llamada
“Comisión para la Asistencia a una Cuba Libre”,
anunciada para el presente año, había sido
dilatada desde el pasado 20 de mayo, fecha en
que originalmente se previó su entrega a Bush.
Finalmente, el 10 de julio, se dio a conocer de
forma oficial el Informe mediante una breve
declaración escrita del presidente Bush y su
presentación ante la prensa por los
co-presidentes de la Comisión, la Secretaria de
Estado, Condoleezza Rice, y el Secretario de
Comercio, Carlos Gutiérrez, así como el llamado
“coordinador para la transición en Cuba” del
Departamento de Estado, Caleb McCarry. Dos días
más tarde, el 12 de julio, McCarry fue a rendir
cuenta a los representantes de la mafia cubana
de Miami, antes quienes presentó formalmente
este informe.
El Informe del 2006 no sustituye ni modifica el
Plan del 2004. Por el contrario lo toma como
base y lo enriquece, adicionando medidas que
refuerzan la política de guerra económica contra
Cuba, incorporan nuevas fuerzas para lograr el
derrocamiento de la Revolución e incrementan de
manera significativa el financiamiento directo e
indirecto a la subversión interna. Todas las
medidas incluidas en el 2004 mantienen plena
vigencia.
La existencia de recomendaciones en un anexo
secreto alegando razones de Seguridad Nacional y
para “lograr su efectiva realización” es una
nueva particularidad de este Informe. Su mayor
importancia radica en el hecho de que tales
recomendaciones están referidas específicamente
al Capítulo 1 dirigido a precipitar el
derrocamiento del Gobierno revolucionario.
El Plan está basado en el estricto cumplimiento
de lo establecido en la Ley Helms-Burton, la que
señala que el bloqueo se mantendría después del
hipotético triunfo de la contrarrevolución,
hasta tanto se cumplan un grupo de requisitos,
cuyo principal reclamo es que “se registren
progresos palpables en el proceso de devolución
de las propiedades” a los antiguos explotadores
(Sección 206) llegando incluso a señalar que la
liquidación de este asunto es “condición
indispensable para el pleno restablecimiento de
las relaciones económicas y diplomáticas”
(Sección 207) entre ambos países.
El segundo Informe fue elaborado sobre la base
de las recomendaciones del Plan del 2004 y
consta solamente de 93 páginas, organizadas en
los siguientes siete capítulos:
•Capítulo 1: “Acelerar el fin de la dictadura de
Castro: Transición, no sucesión”.
•Capítulo 2: “Ayudar a los cubanos a responder a
necesidades humanitarias y sociales críticas”.
•Capítulo 3: “Ayudar a los cubanos a lograr
elecciones libres y justas”.
•Capítulo 4: “Ayudar a los cubanos a crear
oportunidades económicas basadas en el mercado”.
•Capítulo 5: “El papel de la comunidad
internacional”.
•Capítulo 6: “El papel vital de los cubanos en
el exterior”.
•Capítulo 7: “Prepararse ahora para apoyar la
transición”.
En la confección del Plan Bush participaron más
de 100 funcionarios de 17 departamentos y
agencias federales.
Al igual que en 2004, el primer capítulo del
Informe enuncia la estrategia y las medidas
específicas que la Comisión recomienda aplicar
de inmediato para precipitar el derrocamiento de
nuestro Gobierno.
Capítulo 1: “Acelerar el fin de la dictadura de
Castro: Transición, no sucesión”.
Se argumenta la necesidad de elaborar este
Informe debido a los cambios ocurridos dentro y
fuera de Cuba. A lo interno, se mencionan el
supuesto mayor activismo de la
contrarrevolución, así como el desaliento y el
desencanto de nuestro pueblo respecto a la
Revolución.
A lo externo, se acusa a Cuba de utilizar el
apoyo económico de Venezuela para promover la
“subversión” de los “gobiernos democráticos” en
el Hemisferio para lograr la continuidad de la
Revolución y que resulta imperativo evitar el
éxito de la estrategia de sucesión cubana
“mediante el apoyo de gobiernos similares en
particular Venezuela” que permitan contrarrestar
las acciones norteamericanas.
El objetivo del gobierno de EE.UU. es evitar la
continuidad del gobierno revolucionario por lo
que las medidas de este capítulo ratifican el
Plan en su totalidad, es decir:
•Fortalecer la contrarrevolución interna e
intensificar la propaganda contra nuestro
pueblo.
•Diseñar una estrategia para lograr el apoyo de
la comunidad internacional a los esfuerzos del
gobierno de EE.UU. por evitar la continuidad de
la Revolución.
•Intensificar el bloqueo y las medidas de
asfixia económica contra Cuba.
Precisamente en este capítulo se plantea que
muchas de las medidas concebidas contra Cuba
permanecerán clasificadas, alegándose “razones
de seguridad nacional” y la necesidad de
garantizar “su efectiva aplicación”.
Las medidas anunciadas en el Capítulo 1 pueden
ser agrupadas en ocho categorías, a saber:
1) Aumento del financiamiento a la subversión
interna y las campañas propagandísticas contra
Cuba. Se crea el “Fondo Cuba para un Futuro
Democrático”, al cual se asignan 80 millones de
USD, a ser provistos en dos años, que se
desglosan como sigue: 31 millones de USD para
apoyar a la contrarrevolución interna y crear
una “sociedad civil” al estilo norteamericano;
10 millones de USD para becas y cursos de
entrenamiento en universidades de los EE.UU. y
terceros países a individuos seleccionados por
la contrarrevolución interna; 24 millones de USD
para la propaganda contra nuestro pueblo,
incluida a través de Internet; y 15 millones de
USD en apoyo a los esfuerzos internacionales
para la subversión contra Cuba y la
“planificación de la transición” al capitalismo
neocolonial en nuestro país. Además, recomienda
otorgar cada año no menos de 20 millones de USD
para financiar la subversión contra nuestro
gobierno revolucionario, mientras este exista.
2) Incremento de la guerra radio electrónica
contra Cuba. Propone financiar las transmisiones
de TV “Martí” hacia Cuba por vía satélite,
suministrar equipamiento a la contrarrevolución
interna para recepcionar transmisiones
internacionales, expandir las transmisiones
contrarrevolucionarias hacia Cuba desde terceros
países, diseñar programas especiales hacia la
juventud cubana y celebrar reuniones
trimestrales entre agencias del gobierno de los
EE.UU. para coordinar la estrategia sobre estas
transmisiones. Aunque el Informe no menciona a
Radio “Martí”, estas trasmisiones continuarán de
acuerdo con la guerra radio electrónica que
mantiene el gobierno de los EE.UU. contra Cuba.
3) Ofensiva para que gobiernos y ONG de terceros
países, así como determinados organismos
internacionales se sumen a la política de los
Estados Unidos contra Cuba. El segundo Informe
hace énfasis en la necesidad que tiene el
gobierno de los EE.UU. de ampliar el consenso
internacional en torno a su política contra
Cuba, por medio del desarrollo de una “campaña
de propaganda y desinformación”.
Para ello se proponen crear una coalición de
países para apoyar el “cambio de régimen” en
nuestro país y establecer compromisos
bilaterales con países de Europa y América
Latina para sumarlos a esa política.
Establecen una distinción entre países amigos de
Cuba que apoyen la continuidad de la Revolución,
como Venezuela e Irán, y los aliados de EE.UU.
que respalden el regreso al capitalismo.
Estimulan la presentación de casos contra
nuestro gobierno en la OEA, la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos y la
Organización Internacional del Trabajo (OIT).
4) Recrudecimiento del bloqueo a través de
medidas dirigidas a ejercer una mayor presión
económica y financiera sobre Cuba. Entre las
medidas se destacan:
-Establecimiento de nuevos mecanismos entre las
agencias del gobierno de los Estados Unidos para
perfeccionar la implementación de las
regulaciones del bloqueo y la adopción de
sanciones contra los violadores, incluyendo el
enjuiciamiento penal.
-Prohibición del envío directo de remesas a
través de instituciones establecidas en terceros
países.
-Prohibición de las ventas de equipos médicos
que sean destinados a programas para
extranjeros, con el objetivo de entorpecer los
programas de la Revolución para ofrecer
servicios médicos a otros pueblos del Mundo,
tanto en Cuba como en el exterior, como por
ejemplo la labor de la Brigada Henry Reeve y la
Operación Milagro.
-Establecimiento de un órgano conformado por
distintas agencias norteamericanas, la Fuerza de
Tarea Interagencia del Níquel Cubano, para
incrementar el control sobre las importaciones
de productos que puedan contener níquel cubano y
desalentar el comercio internacional de níquel y
cobalto cubanos, con lo cual reconocen el
potencial y la importancia alcanzados por esta
actividad económica en nuestro país.
-Prohibición de la exportación de artículos
humanitarios por “organizaciones controladas”
como el Consejo de Iglesias de Cuba.
-Mayor persecución contra las operaciones
comerciales cubanas a través de otras compañías
y contra las transacciones financieras de Cuba,
sumando a otros países y entidades
internacionales en este esfuerzo.
5) Aplicación de los Títulos III y IV de la Ley
Helms-Burton. Aplicar el Título III de la Ley
Helms Burton, que permite entablar demandas en
tribunales norteamericanos, contra los
inversionistas extranjeros de aquellos países
que apoyen la continuidad de la Revolución en
Cuba. Respecto al Título IV, que niega visas
para viajar a EE.UU. a ejecutivos de compañías y
sus familiares, establecen su aplicación más
rigurosa a empresarios que invierten en sectores
estratégicos para nuestro país como son la
perforación y extracción de petróleo, el
turismo, el níquel, el ron y el tabaco.
6) Medidas contra funcionarios del Gobierno
cubano, entre ellas:
-Elaborar una Lista de Esbirros, que facilite el
“ajuste de cuentas” que anhelan tras el
derrocamiento de la Revolución, y en la cual
incluirían a quienes consideren que han
participado en acciones para neutralizar a la
contrarrevolución interna, establecen así, la
represión masiva y generalizada de los
revolucionarios. Los incluidos en esta Lista la
que aclaran que podía ser larga, estarían
descalificados para recibir visas de entrada a
los EE.UU., y se les negarían los “beneficios”
de residencia permanente en los EE.UU. que
garantiza la Ley de Ajuste Cubano.
-También se proponen enviar a INTERPOL los
nombres de los funcionarios cubanos que ellos
vinculan al derribo en 1996 de las avionetas de
la organización contrarrevolucionaria “Hermanos
al Rescate”.
7) Acciones para evitar la continuidad del
gobierno revolucionario en nuestro país, a
través de campañas de opinión pública y
desinformación proyectar la imagen de que ha
llegado el momento del “cambio” en Cuba y por
tanto es necesario acelerar los esfuerzos para
el derrocamiento de nuestra Revolución.
8) Temas migratorios. El informe manipula a la
emigración cubana como una fuerza a ser
priorizada por el gobierno de los EE.UU. para
lograr el regreso al capitalismo. Acusa
cínicamente a Cuba de violar sus compromisos con
los Acuerdos Migratorios y recomienda hacer
esfuerzos diplomáticos para “notificar” al
Gobierno cubano sobre sus supuestos
“incumplimientos” de estos acuerdos y su
“interferencia” en la política migratoria
norteamericana.
En sus capítulos 2, 3 y 4 el Informe retoma
muchos de los elementos expuestos en el “Plan de
2004”, que se refieren a los pasos que el
gobierno de los EE.UU. daría para intervenir
directamente en el proceso revolucionario
cubano, con el objetivo de desmantelar el
sistema económico, político y social de Cuba y
crear las condiciones necesarias para facilitar
el sometimiento y la anexión de nuestro país.
Capítulo 2: “Ayudar a los cubanos a responder a
las necesidades humanitarias y sociales
críticas”.
Se centra en seis temas esenciales de los cuales
teóricamente se ocuparía el gobierno
contrarrevolucionario para el desmantelamiento
de la Revolución y el regreso al capitalismo: el
abastecimiento de agua y los servicios de
sanidad; la salud y nutrición; la seguridad
alimentaría; la vivienda; la protección de
sectores poblacionales vulnerables; y la
educación.
Este capítulo niega los logros sociales
alcanzados por la Revolución en beneficio del
pueblo y acusa a nuestro gobierno de no dar
respuesta a las necesidades humanitarias más
importantes de la población, afirmando que esta
situación no cambiará mientras exista el
gobierno revolucionario.
Reconocen que la “transición” al capitalismo
generaría pobreza, desplazamientos poblacionales
y, por consiguiente, problemas de alimentación,
sanidad y salud, y traspasa a las Organizaciones
No Gubernamentales (ONG) e iglesias gran parte
de las responsabilidades que actualmente tiene
el Estado socialista en el aseguramiento de los
servicios básicos.
Además, consciente de la “crisis humanitaria”
que la “ocupación” provocaría, este capítulo
declara la supuesta “disposición” del gobierno
de los EE.UU. a brindar su “ayuda” en estas
esferas, algo que no es capaz de garantizar a
una parte significativa de su propia población,
como demuestra el abandono a su propia suerte de
los miles de víctimas del huracán Katrina.
Como muestra de su desprecio total hacia los
avances de Cuba en materia de salud, el Informe
reitera que los EE.UU. ayudarán al “gobierno
títere” a “desarrollar campañas de vacunación,
controlar la inmunización permanente de todos
los niños y la de los menores de cinco años que
no hayan sido vacunados”.
En la esfera de la seguridad alimentaría,
previendo el caos que sobrevendrá durante la
“ocupación”, el Capítulo 2 asegura que los
EE.UU. brindarían ayuda para “suministrar al
sistema escolar suplementos nutritivos para los
niños, a fin de mantener una dieta adecuada
mientras el gobierno contrarrevolucionario
estabiliza el sistema de salud pública”.
En lo que respecta a la educación, otra vez, en
previsión de la situación anárquica que reinaría
en el país, el Informe repite que los EE.UU.
ayudarán al gobierno instaurado por ellos a
mantener las escuelas abiertas y a que los
estudiantes permanezcan en el sistema escolar”,
así como a “asegurar que las instalaciones y los
servicios educacionales estén disponibles para
la mayor cantidad posible de personas”.
Por último, como muestra del dominio que los
EE.UU. pretenden ejercer, el Informe plantea que
el gobierno norteamericano se compromete a
“organizar grupos de maestros voluntarios del
exterior”, así como sustituir los libros de
texto existentes con el apoyo de donantes y
editores extranjeros, en particular de países
miembros de la OEA. Con esto evidencian la
intención de eliminar el actual sistema estatal
de educación y todos los impresionantes avances
alcanzados por nuestro país en esta esfera.
Capítulo 3: “Ayudar a los cubanos a obtener
elecciones libres y justas”.
Este acápite no oculta que el primer objetivo
que los EE.UU. tratarán de alcanzar durante la
ocupación es el desmantelamiento del sistema
político socialista y, en primer lugar, del PCC,
lo que se considera un requisito indispensable
para asegurar la posterior dominación del país
en todos los órdenes.
En este sentido, se afirma abiertamente que el
nuevo gobierno deberá concentrar sus esfuerzos,
como máxima prioridad, en la organización de
“elecciones multipartidistas” y “no
sobrecargarse con otras tareas relacionadas con
el desarrollo y crecimiento de la sociedad
cubana”.
Se establecen una serie de precondiciones para
que los EE.UU. den cualquier tipo de ayuda en
este proceso, entre las cuales sobresalen la
liberación de los contrarrevolucionarios
sancionados y la eliminación del papel que la
Constitución le confiere al PCC, como fuerza
dirigente de la sociedad y el Estado.
El Informe reitera que los EE.UU. ayudarán al
nuevo gobierno a modificar las leyes,
regulaciones y políticas e identificar aquellas
que deben ser revocadas o enmendadas.
Por último, este capítulo menciona también la
asistencia técnica y material que los EE.UU.
brindarían para el regreso de la prensa
capitalista, que represente y defienda sus
intereses.
Capítulo 4: “Ayudar a los cubanos a crear
oportunidades económicas basadas en el mercado”.
Se refiere esencialmente a las medidas que
adoptaría el gobierno neocolonial con el apoyo
de los EE.UU. para lograr la “estabilidad
macroeconómica” capitalista, la “integración en
el sistema comercial y financiero internacional”
subordinada a los dictados económicos de los
EE.UU., la restauración del capitalismo en Cuba,
y el supuesto papel de este gobierno en apoyo a
los “derechos laborales, de propiedad, a la
agricultura e infraestructura”.
Desacredita en su totalidad a la economía
socialista cubana y crea ilusas expectativas
sobre los supuestos “beneficios” que conllevaría
la sumisión a los postulados de dominación
económica y financiera de Washington.
Reconoce que los “cambios” económicos causarían
“ansiedad” y serían “duros”, al mismo tiempo que
pretende fundamentar una supuesta aptitud del
pueblo cubano para la economía capitalista,
prometiendo que las transformaciones propuestas
garantizarán empleo y crecimiento económico, y
generarán mayor inversión extranjera e ingresos
turísticos.
Por otro lado, el Informe recuerda que tiene
reservadas para Cuba recetas de ajuste
neoliberal, al condicionar la normalización de
las relaciones crediticias con el exterior a la
aceptación de un programa del FMI, y anunciar
que cualquier tratamiento serio de la deuda
externa cubana requeriría una aprobación del
Congreso de los EE.UU. Asimismo, promete
trabajarían con los aliados en la consecución de
acuerdos de libre comercio con Cuba.
En resumen, se proponen destruir las bases y la
organización de nuestra economía, que garantizan
el sustento y desarrollo de nuestro pueblo,
dando lugar a la privatización, el caos y el
control de la economía por el gobierno de los
EE.UU., mediante la Comisión que presidirán para
la Reconstrucción Económica.
En cuanto a los derechos de propiedad, el
Informe pretende tranquilizar al plantear que no
habrá “expulsiones arbitrarias”, aunque
recordando que el gobierno neocolonial adoptará
“decisiones sobre las propiedades confiscadas”,
en las cuales tendrá en cuenta los intereses de
los expropiados y de la contrarrevolución en el
exterior. De igual forma devolverían a sus
antiguos dueños todas las propiedades con los
consiguientes desalojos bajo la supervisión y
control del gobierno de EE.UU. mediante la
Comisión presidida por ellos para la devolución
de las propiedades.
En la esfera de la agricultura, también se
proponen proceder a la devolución de las tierras
y eliminar la “interferencia del Estado” para
dar lugar al regreso de los latifundios.
En lo que respecta a la infraestructura, niegan
los enormes resultados alcanzados por nuestro
país en su mejoría y plantean cínicamente que el
gobierno de los EE.UU. trabajaría por
“estabilizar la situación eléctrica lo antes
posible” para demostrar al pueblo cubano “que
les espera una vida mejor”.
Las supuestas “mejoras” en la infraestructura
que proponen, estarían subordinadas a los
intereses del gobierno de los EE.UU. y de sus
aliados contrarrevolucionarios, y entre las
“soluciones” que ofrecen, mencionan la creación
de un grupo de donantes “Amigos de Cuba Libre” y
la creación de un “ferry” Florida-La Habana para
“aliviar” los problemas en esta esfera.
Entre los problemas que deberán ser resueltos a
más largo plazo por el gobierno
contrarrevolucionario, el Informe numera:
-El “papel de los militares en la economía”.
-La reconciliación de los cubanos “de adentro y
de afuera” en materia de “derechos de
propiedad”.
-La conveniencia de que los cubanos en el
exterior regresen e inviertan en la “nueva”
Cuba.
El Informe reconoce la complejidad que
representaría para el gobierno
contrarrevolucionario la solución de estos
obstáculos a los planes de dominación yanqui.
Capítulo 5: “El papel de la comunidad
internacional”.
El Informe dedica un capítulo específico a este
tema, asignando un mayor papel a la comunidad
internacional en los planes de los EE.UU. para
asistir al gobierno contrarrevolucionario en el
desmantelamiento del socialismo en Cuba.
El contenido de este acápite confirma que
intentan arreciar las presiones para que
gobiernos de terceros países y organizaciones no
gubernamentales e internacionales se sumen a la
política de “cambio de régimen” en Cuba, y
trabajen con el gobierno de los EE.UU.
Para dar respuesta a las “necesidades
humanitarias y sociales” que reconocen se
crearían ante la añorada imposición en Cuba de
un gobierno contrarrevolucionario, incluyen en
su mandato las siguientes organizaciones e
instituciones internacionales:
-Abastecimiento de agua y la sanidad pública
(Organización Panamericana de la Salud-OPS y
UNICEF).
-Salud y nutrición (Oficina de NN.UU. para la
Coordinación de Asuntos Humanitarios, UNICEF,
Programa Mundial de Alimentos, OPS, Cruz Roja
Internacional y organizaciones cubanas
independientes).
-Seguridad alimentaria (anteriores más FAO).
-Refugio (Alto Comisionado de NN.UU. para
Refugiados, Organización Internacional para la
Migración, Oficina de NN.UU. para la
Coordinación de Asuntos Humanitarios, Comité
Internacional de la Cruz Roja, Hábitat ONU,
PNUD, OPS y Banco Caribeño de Desarrollo).
-Educación (PNUD, UNESCO, Unión Europea, OEA).
Para lograr las “elecciones” manipuladas por el
gobierno de los EE.UU. y que permitan
“legitimar” al gobierno contrarrevolucionario
ante la comunidad internacional, proponen la
“asistencia técnica internacional” organizada
por ellos
También se refieren a los planes de “reforma de
los servicios militar y de seguridad” y de
“lucha contra los narcóticos y el terrorismo”,
para lo cual promoverían el regreso de Cuba como
miembro del ministerio de colonias, o sea la
OEA.
El paso de la economía de mercado sería impuesta
por el gobierno de los EE.UU. mediante la
injerencia abierta de las instituciones
financieras internacionales controladas por
ellos (FMI, Banco Mundial, el Banco
Interamericano de Desarrollo y la OEA).
Para “garantizar” los derechos de propiedad y el
“restablecimiento de los títulos de propiedad”,
acudirían también a la asistencia internacional.
Se establecería una “conferencia de donantes
internacionales” para la “asistencia a corto
plazo en materia de renovación y desarrollo de
la infraestructura”.
Capítulo 6: “El papel vital de los cubanos en el
exterior”.
Este capítulo es nuevo, aunque en el Informe de
2004 se mencionaron algunos de los temas aquí
abordados.
El Plan Bush diseña un grupo de medidas que
deberán ser tomadas para que, en el momento de
la restauración neocolonial, la
contrarrevolución cubana radicada en el exterior
pueda “ayudar” al gobierno impuesto en Cuba, en
áreas como:
-Informática, infraestructura, investigación y
know-how, préstamos e inversiones capitales.
-Salud y nutrición, a través de los servicios de
médicos y enfermeras calificados, y
especialistas en desastres.
-Seguridad alimentaria, agua y sanidad.
-Servicios de educación, como parte de los
cuales se prevé invitar a maestros en el
exterior de origen cubano y administradores para
que trabajen de manera voluntaria “en apoyo” a
los maestros cubanos y administren los sistemas
de educación primaria y secundaria durante la
transición, como prueba del total desprecio por
los impresionantes resultados obtenidos por
nuestro sistema de educación.
-Organización de las “elecciones” impuestas por
el gobierno de los EE.UU.
-Apoyar la campaña contrarrevolucionaria sobre
las “violaciones de los derechos humanos”
supuestamente cometidas en Cuba.
-Mantener e incrementar las remesas familiares
como fuente importante de ingresos para el
gobierno contrarrevolucionario.
-Establecer nuevas instituciones financieras o
dar asistencia a instituciones radicadas en los
EE.UU. para que creen nuevas dependencias en
Cuba, que canalicen fondos en apoyo al gobierno
contrarrevolucionario.
Igualmente, se sugiere que durante este período
debido a la complejidad del asunto de la
devolución de propiedades es necesario esperar a
que se afiance primero el gobierno impuesto para
proceder según establece la Helms-Burton y dar
lugar entonces a la “devolución” de las
propiedades a batistianos y burgueses
expropiados por la Revolución.
Capítulo 7: “Prepararse ahora para apoyar la
transición”.
Este capítulo se refiere a las acciones que
desarrolla actualmente el gobierno de los EE.UU.
para destruir la Revolución, abiertas o
encubiertas.
Confirma que este Informe da continuidad al
anterior y que con él no concluyen los
esfuerzos del gobierno de los EE.UU. para forzar
el derrocamiento de la Revolución en Cuba, sino
que los mismos proseguirán en el futuro. El
“Plan Bush” propone involucrar más a la
comunidad internacional, de inmediato, en la
fase de “planificación” de las acciones para
alcanzar ese objetivo.
En el Informe se califican de decisivos los
primeros 6 meses del nuevo gobierno que instalen
y las medidas que adopte en ese período, lo que
evidencia la intención del gobierno de EE.UU. de
acometer acciones de emergencia que garanticen
el cumplimiento posterior de sus planes de
dominio sobre Cuba.
Las recomendaciones propuestas en este capítulo
incluyen fortalecer el papel del Gobernador para
Cuba (“Coordinador para la Transición”), Caleb
McCarry, quien promovería el financiamiento y el
apoyo al plan entre la contrarrevolución
cubanoamericana y los donantes internacionales,
en su calidad de burócrata interventor designado
por el gobierno de los EE.UU., figura similar a
la que impusieron en el Irak ocupado.
La ofensiva de la Administración Bush para
promover la “contrarrevolución desde ahora
incluiría el testimonio ante el Congreso de
figuras de alto rango del gobierno de EE.UU.,
quienes explicarían los esfuerzos que
desarrollan ante el órgano legislativo.
También recomienda coordinar entre las agencias
gubernamentales norteamericanas y las
organizaciones internacionales la supuesta
“ayuda humanitaria” que ofrecerían durante la
transición.
Por último, establece pasos inmediatos que
adoptaría el gobierno contrarrevolucionario
durante la etapa de restauración del gobierno
neocolonial, para “revisar” la situación de los
prisioneros, la ley electoral, el sistema
judicial penal, la policía y el entrenamiento de
los jueces y fiscales con un marcado propósito
de desmantelar de inmediato el sistema de
justicia revolucionario y liberar a los
elementos contrarrevolucionarios durante la
primera etapa que reconocen que sería
“potencialmente caótica”.
Consideraciones
La publicación del Plan Bush se da en el
contexto de la frustración de la Administración
Bush ante el fracaso de las medidas anteriores
que no lograron sus propósitos: de destruir la
Revolución, acabar con todos los avances
socio-económicos alcanzados, privarnos de la
independencia y soberanía, restaurar el
capitalismo y perpetuar la dominación yanqui
sobre la nación cubana.
El texto publicado ahora no se aparta ni un
milímetro del Plan Bush. Todo lo contrario.
Comienza por precisar que lo ratifica, saluda
los supuestos éxitos que ha tenido su aplicación
y sobre esa “sólida base” anuncia “medidas
adicionales” para “precipitar” el fin de la
Revolución cubana.
Las medidas contenidas en el anexo secreto son
sumamente peligrosas y constituyen un mensaje
nada disimulado de anunciarnos más ataques
terroristas, nuevos intentos de asesinatos
contra dirigentes de la Revolución e incluso la
agresión militar.
Las medidas propuestas para acelerar la
destrucción de la Revolución, contenidas en el
Plan Bush implican un mayor recrudecimiento del
bloqueo, un aumento significativo del
financiamiento a la subversión, más guerra
propagandística, de desinformación, y mayores
intentos para internacionalizar la política
contra Cuba, todo ello con el claro objetivo de
provocar la desestabilización interna y lograr
el respaldo internacional a su intervención
militar directa.
Las medidas que este nuevo Informe propone para
recrudecer el bloqueo están dirigidas a golpear
a Cuba en esferas económicas en las que ha
experimentado avances y a neutralizar
básicamente su influencia en América Latina
derivada de los programas de asistencia médica
que desarrolla en dicha región.
Los fondos aprobados en este Informe para
financiar la subversión, implicarían un
incremento sustancial con respecto al Informe
del 2004. Recuérdese que no se incluye en esta
cifra lo que se canaliza por vía encubierta tal
como lo posibilita la Ley Helms-Burton en su
Sección 115, las cuales probablemente puedan
encontrarse en el anexo secreto.
En lo que se refiere a los capítulos del 2 al 4,
aparentemente se utiliza un lenguaje más
cuidadoso, sofisticado y edulcorado, con la
intención de confundir, ante el rechazo causado
por la forma burda en que el primer Informe
manipuló e ignoró la realidad cubana, por lo
cual recibió críticas provenientes de todas
partes, incluyendo aquellos que no simpatizan
con la Revolución.
El Plan Bush, haciéndose eco de la Estrategia de
Seguridad Nacional de 2006 de los EE.UU.,
incorpora el criterio de la supuesta amenaza
regional que Cuba representa al socavar los
intereses de los EE.UU. en el Hemisferio.
Las reiteradas menciones que aparecen en este
Informe al factor desestabilizador que
constituye para la región la alianza política
entre Cuba y Venezuela y a que el Gobierno
cubano constituye una amenaza a la seguridad de
los ciudadanos norteamericanos son argumentos
que una vez avalados por el presidente Bush
pasarían a formar parte de la sustentación
política para emprender cualquier agresión
contra Cuba y Venezuela.
El Plan Bush para la anexión de Cuba establece
la proyección de la política que seguirá esta
Administración en lo que le resta de mandato, o
sea hasta enero de 2009, ratificando su
determinación a forzar un “cambio de régimen”,
que se disfraza bajo el engañoso concepto de
promover la transición a la democracia, que no
es más que un eufemismo para ocultar su objetivo
histórico de destruir la Revolución y
restablecer su dominio sobre Cuba. |