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Las dos caras de Google : como toda empresa de
EE.UU. se rige, por las leyes del Imperio,
algunas tan absurdas e irracionales como las que
sustentan el criminal bloqueo contra Cuba, que
impide, entre otros aspectos, que Cuba pueda
acceder legalmente a muchos servicios del
buscador
Por: Amaury E. del Valle
Tomado del diario Juventud Rebelde
26 de junio de 2008
CUBA, 26 de junio de 2008. Hace apenas un par
de semanas, el buscador de Internet Google
recibió el Premio Príncipe de Asturias 2008 en
la categoría de Comunicación y Humanidades,
según el jurado, entre otras virtudes, por su
«contribución decisiva al progreso de los
pueblos, por encima de fronteras ideológicas,
económicas, lingüísticas o raciales».
Durante el acto de entrega del galardón, al cual
asistieron incluso las máximas autoridades de la
corona española, el director ejecutivo de Google,
Eric Schmidt, agradeció en nombre de su compañía
el Premio que, según él, reconoce la «pasión»
del buscador por «ayudar a que toda la gente
pueda acceder a la información que quiera en el
idioma que prefiera».
Y no está lejos de la verdad. Al menos
aparentemente. Desde que los estudiantes
universitarios Sergey Brin y Larry Page, hoy
multimillonarios propietarios de Google, crearan
hace una década esta herramienta informática, la
misma, como afirma la fundamentación del Premio
Príncipe de Asturias, ha permitido «una
gigantesca revolución cultural y ha propiciado
el acceso generalizado al conocimiento».
Sin embargo, no todo es tan aparentemente
democrático como pretende hacer ver Google en su
funcionamiento, que al final se rige, como toda
empresa estadounidense, por las leyes de ese
país, algunas tan absurdas e irracionales como
las que sustentan el criminal bloqueo contra
Cuba, que impide, entre otros aspectos, que
nuestro país pueda acceder legalmente a muchos
servicios del buscador.
Este es el caso, entre otros, del programa
Google Earth, conceptualizado como un Sistema de
Información Geográfica (SIG), que permite
visualizar imágenes en tercera dimensión de todo
el planeta, combinando imágenes de satélite,
mapas y el motor de búsqueda de Google, así como
informaciones relacionadas con el sitio que se
busca.
Bloqueo histórico
La historia del bloqueo a Cuba en materia de
informática es casi tan antigua como el triunfo
de la Revolución Cubana y se remonta a finales
de 1960, cuando dos computadoras IBM-1401,
compradas por Cuba a la International Business
Machine, la mundialmente conocida IBM, quedaron
varadas para siempre en el puerto de Nueva York,
pues el gobierno norteamericano no autorizó su
embarque, pese a que entonces todavía la IBM
tenía oficialmente una filial en La Habana.
Así se inició una escalada de agresiones y
limitaciones sin precedentes en cuanto a la
negación de acceso a la tecnología a un país,
que llevó a que Cuba, por ejemplo, solo pudiera
conectarse a Internet en 1996 y en virtud de una
aprobación especial del Departamento de Estado.
De hecho, hasta el momento ese enlace tiene que
hacerse vía satélite, más caro y lento,
situación que debe resolverse con el próximo
tendido de un cable de fibra óptica desde
Venezuela, pues el resto de los que pasan cerca
de la Isla no se atreven a tocarla, por temor a
las represalias del gobierno norteamericano.
Esta irracional política ha obligado, además, a
que los cubanos no puedan acceder a múltiples
programas informáticos de toda índole, la
mayoría de ellos con cláusulas restrictivas
incluidas, mediante las cuales se sancionaría a
la empresa o particular que los propiciase a
algún cubano.
Lo más absurdo es que de esta forma no solo se
perjudica a Cuba, sino también a las mismas
empresas informáticas y productoras de alta
tecnología del Norte, quienes no pueden
intercambiar conocimientos en este campo con los
cubanos, y sufren pérdidas económicas al no
poder vender sus productos y por tanto no cobrar
los derechos de autor que les correspondería por
ello.
Cláusulas restrictivas
Las cláusulas restrictivas, presentes desde
sistemas operativos como Windows, de Microsoft,
o en paquetes de programas muy usados como el
Office, así como en utilidades y antivirus,
también afectan a programas y servicios de
Google, que paradójicamente acata estas
prohibiciones, aunque le hayan dado el Premio
Príncipe de Asturias por ponerse por encima de
«fronteras ideológicas».
Todo lo anterior se demuestra claramente
intentando descargar Google Earth desde un
servidor cubano, al cual se puede acceder desde
su sitio oficial (http://earth.google.es/download-earth.html).
Allí, bajo la rúbrica de «Condiciones del
servicio», en el acápite seis, titulado
«Restricciones a la exportación», se dice
claramente que ese software «está sujeto a los
controles a la exportación de los Estados
Unidos».
Por ende, según queda plasmado en el texto, el
usuario, al utilizar Google Earth asumirá todas
las regulaciones emanadas de estas, entre las
cuales se destacan «la Normativa regulatoria de
la administración de exportaciones (EAR, por sus
siglas en inglés) y todos los programas de
sanciones, incluidos los administrados por la
Oficina de Control de los Activos Extranjeros (OFAC,
por sus siglas en inglés) del Departamento del
Tesoro de los Estados Unidos y todas las demás
regulaciones sobre el comercio internacional
aplicables».
Por si quedara todavía alguna duda, en este
mismo párrafo se explicita que el usuario de
este programa deberá comprometerse a «NO
DESCARGAR NI UTILIZAR el software sin todos los
permisos requeridos en cualquiera de los
destinos proscritos (incluidos Cuba, Irán, Corea
del Norte, Sudán y Siria), en nombre de
cualquier entidad o persona, para cualquier uso
proscrito o de ninguna otra forma que contradiga
estas regulaciones a la exportación o programas
de sanciones».
Y aunque muchas veces Google Earth, así como
otros programas negados, son descargados desde
otros sitios o compartidos por los usuarios,
generalmente la única forma de acceder a este
tipo de tecnología, nadie crea que podrá violar
impune y eternamente esta cláusula legal.
Velar por su cumplimiento parece ser una de las
tareas primordiales de los agentes de OFAC, pues
como bien denuncia el periodista Jean-Guy Allard,
sus agentes «entre 1990 y 2003 desarrollaron
solamente 93 investigaciones acerca del
terrorismo y colectaron, desde 1994, 9 425
dólares en multas relacionadas con violaciones
de las regulaciones contra el financiamiento de
tal actividad. Sin embargo, en el mismo período
iniciaron 10 683 investigaciones en relación con
Cuba y recogieron más de ocho millones de
dólares en multas».
Herramienta espuria
Google Earth en realidad no fue creado, como su
buscador padre, por los otrora alumnos Sergey
Brin y Larry Page. En realidad se trata de un
sistema desarrollado por la compañía Keyhole,
comprada por el gigante informático el 27 de
octubre de 2004 y rebautizado desde entonces con
su nombre actual.
Relanzado por Google el 28 de junio de 2005 con
su nuevo nombre y con una versión gratuita, a
diferencia de su antecesor, que solo podía ser
utilizado mediante pago, Google Earth pronto
adquirió enorme popularidad, entre otros
factores por varios escándalos asociados a su
capacidad para «detectar» imágenes curiosas o
propiciar una «visita virtual» a casi cualquier
sitio del planeta.
A su vez, fruto de la innovación, se le han
agregado nuevas y más poderosas funcionalidades,
entre estas Google Sky, que incorpora una
herramienta para explorar el cielo, ver
estrellas, galaxias e imágenes astronómicas.
Igualmente, como sus poderosas bases de datos de
imágenes satelitales aéreas se actualizan con
frecuencia, muchas empresas han encontrado en
Google Earth y su combinación con Google Maps
una poderosa herramienta publicitaria, que bien
ha sabido cobrar el buscador.
Poderoso don dinero
Google, además de un megamonopolio en el tema de
Internet, es también una herramienta básica e
imprescindible para compartir y obtener
información en este ciberconectado mundo.
Pero precisamente por su carácter monopólico y
restrictivo, demostrado con la negación de
servicios a Cuba, como Google Earth o Google
Code, entre otros, era el candidato menos ideal
para ganar el Príncipe de Asturias 2008 en
Comunicación y Humanidades; máxime cuando
competía contra otros 25 pretendientes.
El articulista chileno Emilio Leigton, al
titular un artículo publicado en el periódico
Clarín como Google y Príncipe de Asturias: un
premio más hollywoodense que humanista,
reconocía que «aunque se intentó generar una
explosión mediática con la elección de Google,
es necesario decir que en Europa la noticia del
nuevo premio de Asturias pasó inadvertida», pues
los medios de esa región del mundo apenas le
dieron cobertura.
También muchos críticos, politólogos e incluso
anteriores ganadores del galardón cuestionaron
por diversas razones la decisión del jurado;
mientras irónicamente un editorial publicado en
la página web Error 500 afirmaba, refiriéndose
al jurado, que «si lo que buscaban era hacerse
la foto con la compañía de más éxito en la web,
ya lo han conseguido».
No obstante, esto no parece quitarle el sueño a
Javier Rodríguez Zapatero, quien a pesar de
tener los mismos apellidos no es hermano del
presidente español, pero sí ocupa la dirección
de Google para España y Portugal, luego de haber
estado por varios años al frente de Yahoo!
Europa.
Rodríguez Zapatero afirmó a la agencia EFE que
el premio de Asturias reconocía la labor de
Google «permitiendo que haya más información,
más accesible a todo el mundo», aunque olvidó
decir que su compañía hace esto para obtener
dinero y no por razones humanitarias, y cuando
le conviene se pliega a poderosos intereses.
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