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(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)
Karina
Soto
(Moderadora).- Muy buenas tardes a todos.
Tenemos aquí la presencia de todos los medios de la prensa
nacional y de 61 corresponsales de 45 medios de prensa de 17
países. Sin más...
Felipe Pérez.-
Buenas tardes.
Les agradecemos a todos los corresponsales de la prensa
nacional y de la prensa extranjera, acreditada aquí en La
Habana, su presencia.
Los hemos convocado para dar respuesta, a nombre del
gobierno y del pueblo de Cuba, a las declaraciones
realizadas por el presidente Bush, hace apenas un par de
horas.
Nosotros apreciamos que las palabras del Presidente de
Estados Unidos anuncian una escalada sin precedente en la
política del gobierno de Estados Unidos contra Cuba, de más
bloqueo, más subversión, más intento de aislamiento de Cuba,
y nuevos y renovados esfuerzos para intentar rendir por
hambre y enfermedades al pueblo cubano.
Apreciamos las palabras del Presidente como una confirmación
de que la política en vigor, en el régimen de Bush, es el
cambio de régimen en Cuba, incluso por la fuerza. Sus
palabras de hoy vienen a confirmarlo.
Lo que el Presidente de Estados Unidos ha llamado “acelerar
el período de transición”, en el que según él está Cuba,
equivale —y quiero recordar aquí las palabras de Fidel de
hace apenas dos días— a la reconquista de Cuba por la fuerza.
Ese es el plan que ha quedado hoy mejor delineado y al
desnudo ante la opinión pública.
Quiero subrayar una frase del discurso del Presidente de
Estados Unidos, dijo: “La palabra de orden en nuestros
tratos futuros con Cuba no es estabilidad, la palabra de
orden es libertad.”
Cuba entiende estas palabras como un acto irresponsable, que
da una idea del nivel de frustración, de desesperación y de
odio personal del presidente Bush contra Cuba; una
invocación a la violencia, un llamado, incluso, al uso de la
fuerza para derrocar a la Revolución Cubana e imponer sus
designios en Cuba.
Cuba rechaza categóricamente la estimulación de la violencia,
la evocación, incluso, del uso de la fuerza, que da razón
todavía mayor a la alerta de Fidel a la comunidad
internacional, a la opinión pública, que refuerza nuestra
razón y la veracidad de nuestras palabras, cuando nos
preparamos continuamente reforzando nuestra defensa, la
preparación de nuestro pueblo para enfrentar los planes más
aviesos y peligrosos de este régimen.
El Presidente, además de, en lenguaje amenazante y altanero,
delinear incluso la opción del uso de la fuerza, el
escenario incluso de la ruptura de la estabilidad en Cuba
para dar paso a lo que llamó la “libertad”, que es el cambio
de régimen, que es el derrocamiento de la Revolución y la
reconquista de Cuba por la fuerza; al hacerlo, el Presidente
de Estados Unidos dejó abierta las opciones de si eso sería
el resultado de un hipotético y fantasioso levantamiento
interno en Cuba, que Estados Unidos apoyaría, lo cual
cualquier persona medianamente bien informada y con dos
dedos de frente sabe que no es políticamente posible, que la
Revolución Cubana tiene un apoyo abrumador y mayoritario del
pueblo; pero dejó también abierta la idea de que esa
estabilidad pueda ser vulnerada desde fuera, con una nueva
guerra de conquista y anexión, como la que lanzó contra
Iraq, y como la que amenazó con lanzar contra 60 o más
oscuros rincones del planeta, entre los cuales, por supuesto,
estaba Cuba.
Debemos advertir que un escenario como ese no solo
significaría la ruptura de la estabilidad de Cuba, sino
también de la estabilidad de Estados Unidos, y pondría en
peligro también al pueblo norteamericano, cuyos hijos serían
enviados a matar y a morir en una guerra en Cuba que duraría
100 años, y que no terminaría sino con la victoria de
nuestro pueblo, a un costo tremendo, es lógico, en vidas de
sus hijos, destrucción material; pero cuyo único resultado
posible es la preservación de la independencia y la
soberanía de Cuba. Y debo decir que aquí la reacción es de
serenidad y firmeza.
La palabra de orden en Cuba no es ni la estabilidad, ni nada
de eso, la palabra de orden en Cuba es: ¡Coraje! Y es
nuestra respuesta; serenidad absoluta y confianza en nuestra
fuerza y en la solidaridad que el mundo dispensa hoy a Cuba,
y en la admiración que la resistencia de Cuba levanta en el
mundo.
Así que si el objetivo de las palabras del Presidente de
Estados Unidos es intimidar al pueblo, asustar a su
Dirección, debo decirle desde ahora que es un completo
fracaso el resultado de sus amenazas contra Cuba; pero hay,
y tomamos nota de ello, una evolución de la agresividad del
tono de su lenguaje hacia Cuba.
En enero del 2004, el presidente Bush había dicho que había
que “trabajar por una transición rápida y pacífica en Cuba”,
eso fue en enero del 2004. En febrero del 2004 repitió otra
vez que el objetivo de su política era “la transición rápida
y pacífica a una democracia”. En mayo del 2004 habló de que
había que “acelerar”, ya no era esperar o trabajar, sino
“acelerar el día en que Cuba sea un país libre”, dijo. Ya
para octubre del 2004 decía que “el pueblo cubano debería
ser liberado”, cosa que nadie aquí le pidió, ni le pide, ni
le va a pedir, pero ya evolucionó la idea, no de esperar o
de desear, sino a decir que ese pueblo “debería ser liberado”.
En agosto del 2006, prometiendo la futura “liberación” de
Cuba, aseguraba que cuando eso suceda “los cubano-americanos,
decía, podrán lidiar con el tema de la confiscación de
propiedades”, es decir, “podrán entonces, una vez que
nosotros liberemos a Cuba, ocuparse de recuperar allí sus
antiguas propiedades”, los batistianos, los torturadores,
los asesinos, los terratenientes ligados a la dictadura de
Batista, que retornarían aquí a recuperar las propiedades,
que es casi siempre el leitmotiv de toda esta política.
Sin embargo, ya para junio del 2007, decía: “Continuaremos
presionando por la libertad de Cuba.” En junio del 2007, a
una pregunta improvisada en un encuentro con militares
norteamericanos, dijo: “Algunos dirán que el problema es la
estabilidad en Cuba. Yo considero que tenemos que presionar
duro por la democracia.” Fue una frase donde ya enseñó la
idea de que la estabilidad no era lo más importante.
Bueno, ha continuado su catarata de amenazas y frases contra
Cuba, que ha desembocado hoy en este nuevo paso, que ya no
es esperar, desear, sino asegurar que la palabra de orden,
en este momento, no es estabilidad, que la palabra de orden
es libertad.
Nosotros estamos claros de qué significa la “libertad” que
el presidente Bush promete a los cubanos, y nos tomamos en
serio la evocación de nuevos y renovados esfuerzos del
gobierno de Estados Unidos para cumplir su política de
cambio de régimen en Cuba, que es, por demás, ilegal; es una
política violatoria del derecho internacional. El
Presidente de Estados Unidos no tiene autoridad moral, ni
potestad legal para proponerse cambiar el ordenamiento
jurídico, político, que los demás pueblos de la Tierra,
soberanamente, han decidido darse. Es una violación de
nuestros derechos como pueblo independiente, como nación
soberana. Es una conculcación de nuestro derecho a ejercer
la libre determinación.
Nosotros sabemos qué vendría detrás de la “libertad” traída
en los bombarderos y las armas del ejército de Estados
Unidos: los grupos terroristas, sedientos de sangre, que
todavía hoy se entrenan en Florida con total impunidad,
permitidos y tolerados por el gobierno de Estados Unidos,
con los cuales, hace unos días, se reunió el presidente Bush
en Miami, para prometerles y conversar con ellos sobre esta
presentación, y para recordar que él les prometió que “él
resolvería el tema de Cuba”, él sabía- dijo- cómo resolverlo;
esos grupos, uno de cuyos voceros dijo que lo único que
reclamarían al Presidente en ese momento serían tres días de
licencia para matar en Cuba. Pero, bueno, hay que saber que
no van a encontrar aquí a un pueblo poniendo otra mejilla;
hay que saber que encontrarán a millones de combatientes,
armados y entrenados, y a un pueblo preparado y fogueado,
después de casi medio siglo de Revolución victoriosa, en
defender sus conquistas y su derecho a la libertad y a la
independencia.
Entonces, en adición a este anuncio, a este preludio de una
escalada de más bloqueo, a estas amenazas, en adición a esto,
el Presidente hizo una descripción mentirosa y ridícula de
la situación en Cuba. Nunca vi a un político destilar más
odio y más frustración. Fue una cosa patológica. Hizo una
descripción de Cuba que únicamente la ceguera, debido al
odio y la impotencia, puede llevar a caer en esos extremos.
No voy, por supuesto, a emplear tiempo en rebatir las
mentiras; pero solo, como botón de muestra, voy a comentar
algunas.
Dijo que en Cuba era ilegal reunirse más de tres personas
sin autorización, nosotros que hemos visto a más de un
millón reunirse en la Plaza, por su propia voluntad, para
reclamar el enjuiciamiento o la extradición a Venezuela del
terrorista Luis Posada Carriles, o la liberación de nuestros
Cinco Héroes, o el cese del bloqueo contra Cuba. Dijo que
era ilegal cambiar de trabajo en Cuba, que era ilegal
mudarse de casa.
No sé, quiénes le han preparado estos discursos, estos
párrafos, me imagino que son de los viejos dinosaurios de
Miami que nunca más han tenido contacto con la realidad
cubana.
Dijo que Estados Unidos es el mayor proveedor de ayuda
humanitaria a Cuba y que el año pasado fueron 270 millones
de dólares; que es el país que más ayuda, dijo, a Cuba.
Estos extremos de hipocresía, de falta de elemental respeto
a la verdad, realmente han sido escasos. Esto es un nuevo
récord, vamos a decir, de la impudicia.
Averigüé, por curiosidad, sobre los 270 millones... El año
pasado a Cuba entraron desde Estados Unidos 5 millones de
dólares en materiales, donativos, computadoras de uso,
ómnibus de uso, lo que han traído los Pastores por la Paz,
los grupos religiosos de Estados Unidos, las organizaciones
no gubernamentales, en abierto desafío a las prohibiciones y
a la persecución del régimen de Bush. Es lo que muchos de
los mejores hijos del pueblo norteamericano, a riesgo de
enfrentar penas de prisión, multas, la persecución de su
propio gobierno, han hecho llegar a Cuba por vías disímiles;
5 millones, que nosotros apreciamos como símbolo y expresión
de los mejores valores del pueblo norteamericano.
El Presidente de Estados Unidos dice que, el año pasado,
ellos son el gobierno que más ha ayudado a Cuba; en el año,
precisamente, cuando más bloqueo, más persecución ha habido,
cuando han multado a los grupos religiosos que venían a
Cuba, a las instituciones religiosas, cuando han llevado su
persecución al punto de la esquizofrenia.
Esas han sido algunas de sus palabras para describir la
realidad cubana, como ya dije, en un discurso que provoca
realmente aversión de solo escuchar estas frases.
Ha hecho, por otro lado, un llamado desesperado a otros
países para sumarse al bloqueo y a la subversión contra
Cuba, para sumarse a esta política fallida que nadie en el
mundo comparte.
Cuba considera que las palabras de hoy reconocen
explícitamente que el gobierno de Estados Unidos se
encuentra solo en su política hacia Cuba. Ha habido una
apelación reiterada y desesperada para que otros gobiernos
se sumen; incluso, les ha dictado el decálogo de las cosas
que, a su juicio, deberían hacer esos gobiernos, sus
embajadas en La Habana. Prueba de que no tienen apoyo ni
reconocimiento en el mundo, porque debo recordar aquí, que
se puede ser el más poderoso, pero no el más respetado; se
puede tener la capacidad de destruir a un país con un ataque
nuclear, pero no de levantar simpatía; se puede ser temido,
incluso, pero eso no quiere decir que se sea querido o
apoyado. Y lo que ocurre es que el Presidente de Estados
Unidos choca con el hecho de que la comunidad internacional
no sigue su política, de que hay un rechazo casi universal
al bloqueo genocida que impone contra el pueblo de Cuba, que
crece la admiración y el reconocimiento a Cuba.
Aquí tengo una noticia de hoy, solo una. Mientras el
Presidente de Estados Unidos leía la diatriba anticubana que
allí le prepararon, Cuba resultaba elegida en París miembro
del Consejo Ejecutivo de la UNESCO, por 157 votos, de los
175 posibles; el país con más votación de todo el Tercer
Mundo para integrar el Consejo Ejecutivo de la UNESCO; el
país que más votos obtuvo en el Hemisferio Occidental,
incluso, más votos que Estados Unidos; como expresión del
reconocimiento a Cuba, que se eligió miembro del Consejo de
Derechos Humanos con más de dos tercios de los votos, en la
misma elección a la que el gobierno de Estados Unidos no
concurrió por temor a no ser elegido; el país que preside el
Movimiento de Países No Alineados, y cuya batalla el año
pasado fue apoyada en Naciones Unidas nada más y nada menos
que por 183 de los 192 miembros de las Naciones Unidas.
Está solo el Presidente de Estados Unidos. Está furioso,
además; está desesperado. Es comprensible, prometió
resolver la situación de un plumazo a aquellas mafias
cubanas en Miami, que lo llevaron a la presidencia de modo
fraudulento, que aplicaron las mismas tácticas que aplicaban
aquí antes del triunfo de la Revolución, y que permitieron
que, después de una controversial y polémica elección que
tuvo durante un mes al mundo viendo aquel espectáculo
deprimente, finalmente fuera proclamado por la diferencia de
un voto en la Corte Suprema.
¿Con qué autoridad usted se erige en juez de los derechos
humanos y la democracia en los otros países? Usted no tiene
autoridad moral, señor Presidente; usted no tiene
credibilidad. Dos tercios de los norteamericanos sienten
vergüenza de usted. Usted tiene menos de 25% de apoyo de la
opinión pública de su país. Usted está —como se dijo en
estos días por el compañero Alarcón— empacando para irse.
No lo subestimamos, por supuesto, usted es peligroso, usted
tiene poder; pero usted no tiene apoyo, usted no tiene
credibilidad, usted no tiene autoridad; nuestro pueblo lo
sabe; ha lidiado, además, antes de usted, con otros nueve
presidentes de Estados Unidos, y está aquí y va a seguir
aquí.
Entonces hay, además, una clara frustración en las palabras
del Presidente de Estados Unidos. El hecho de que Cuba ha
derrotado todos sus intentos, sus planes anunciados en estos
años, todas sus iniciativas, que la Revolución sigue aquí,
enhiesta y firme, lo obsesiona. Estamos ante un Presidente
con una obsesión: la bandera que flamea aquí victoriosa y
que ellos no han podido arriar ni van a poder.
La economía cubana se fortalece, los esfuerzos de nuestro
pueblo van fructificando. La Revolución es ahora más fuerte,
ha resistido nuestro pueblo con ejemplar madurez política y
unidad los duros años de período especial que ha tenido que
vivir.
El bloqueo está aislado, es más claro que nunca para
nosotros que es insostenible esa política y que es una
cuestión de tiempo; es una política, además, que no levanta
simpatía dentro de Estados Unidos, cuyos ciudadanos son
víctimas también de toda esa política de persecución y
agresiones contra Cuba.
Crece la unidad de nuestro pueblo; pero, además, acabamos de
tener una prueba: unas elecciones ejemplares en su
transparencia, en su organización, en la masividad de la
asistencia popular, sin que el voto fuera obligatorio. Más
del 95% de asistencia, con más de 8 100 000 cubanos
participando en esas elecciones, en una muestra ejemplar de
civismo, de cultura política, donde no se dio un escándalo,
nada parecido a lo que ocurrió en Miami cuando a usted lo
eligieron Presidente fraudulentamente. Unas elecciones que
cualquier observador honesto tiene que reconocer que han
transcurrido en un ambiente de normalidad y de participación
popular; en medio de un debate popular ejemplar, en Cuba,
sobre nuestras dificultades, sobre nuestros problemas,
estimulado por la Dirección de nuestro Partido, a partir de
la discusión del discurso de Raúl el pasado 26 de julio.
Nosotros entendemos esta reacción de hoy, como otro acto
fruto de esa desesperación. El Presidente ve que se le
acaba el tiempo, que no puede cumplir su promesa, y eso no
lo hace menos peligroso, por supuesto. Pero, además, hay,
en su discurso hoy, un intento vano y ridículo de reclutar,
para seguir su política contra Cuba, a los militares cubanos,
a los integrantes de nuestras Fuerzas Armadas
Revolucionarias, del Ministerio del Interior. Les promete
perdonarles la vida después que tome el control de Cuba, si
ahora, a tiempo, se arrepienten de servir a su pueblo, de
defender la Revolución.
Oiga, un mensaje tengo para el Presidente de Estados Unidos:
Usted delira, está delirando. Usted le está hablando a un
ejército libertador. Usted olvida que en Cuba el ejército
es el pueblo uniformado. Usted olvida que más de 350 000
cubanos vistieron voluntariamente ese uniforme para ir a
enfrentar al régimen del apartheid que Estados Unidos y
otros países occidentales apoyaban, y que hicieron posible
con su victoria la liberación de Namibia, la preservación de
la integridad territorial de Angola, la liberación de
Mandela, la legalización del ANC, el surgimiento de una
Sudáfrica sin apartheid. Usted olvida eso.
Usted les promete a los combatientes de la seguridad cubana,
si no reprimen el alzamiento que dice usted que va a haber
en Cuba, perdón para el futuro. Usted olvida que esos
hombres y mujeres llevan medio siglo derrotando los más de
600 planes que ustedes organizaron para tratar de asesinar a
Fidel, que derrotaron la guerra sucia y las bandas armadas
que ustedes organizaron y suministraron en las montañas de
Cuba, que han derrotado los planes de terrorismo contra
Cuba. Usted olvida que los hombres y mujeres que llevan ese
uniforme son el pueblo en el poder, porque aquí hay una
Revolución victoriosa que ustedes no han podido derrotar.
Usted se equivoca.
Les propone, les promete a los funcionarios del gobierno que
si traicionan a su pueblo y se pasan de bando y se presentan
allí ante usted, usted les perdonará en el futuro la vida.
Usted se equivoca, usted no conoce a est
pueblo. Usted cree que este pueblo son gente de la
categoría de los mercenarios que ustedes pagan aquí.
Por cierto, que los mercenarios, pagados aquí por los
servicios especiales y el gobierno de Estados Unidos, a
quienes el año pasado les dedicaron 9 millones, pero en este
año les van a dedicar 45 millones de dólares, esos estaban
allí, en la Sección de Intereses norteamericana en La Habana,
viendo en vivo, junto a los diplomáticos norteamericanos, el
discurso del presidente Bush, y aplaudiendo —puedo imaginar—
las amenazas proferidas contra su pueblo. Por eso
reivindicamos hoy aquí el derecho de la Revolución a
defenderse y a emplear todos los recursos a su disposición,
dentro del respeto a nuestras leyes, a nuestra ética, para
defender a nuestra Patria.
Por otro lado, ha habido el intento en ese discurso de
justificar su política hacia Cuba en una supuesta defensa de
la democracia, de los derechos humanos, y nosotros
respondemos que el presidente Bush no tiene autoridad moral
para dictarles a los cubanos lo que deben hacer. Usted no
es un libertador, señor Bush; usted es un brutal represor.
Su régimen ha invadido, ha masacrado, ha torturado en nombre
de la libertad. Usted avergüenza a sus compatriotas.
Usted autorizó la existencia de cárceles secretas, de vuelos
clandestinos. Usted legalizó el uso de la tortura, del
vejamen a los prisioneros. Usted mantiene el centro de
torturas en la Base Naval de Guantánamo, que ha sido
mundialmente repudiado. Usted autorizó la invasión y la
ocupación de Iraq que ha costado más de medio millón de
vidas de civiles inocentes. ¿Con qué moral usted puede
venir a dictarles a los cubanos pautas sobre su futuro, su
concepto de respeto a los derechos humanos o su sistema
democrático?
El Presidente anunció tres nuevas iniciativas sobre Cuba,
prueba ya de que casi no queda nada que ensayar contra Cuba;
ya no queda prácticamente nada que emplear. Dijo que estaba
dispuesto a considerar el otorgamiento de licencias a
organizaciones no gubernamentales y a grupos religiosos para
que suministren computadoras a los jóvenes cubanos y al
pueblo cubano y acceso a Internet, si el gobierno cubano les
permite el acceso a Internet. Un anuncio ridículo, que
movería a la risa si no estuviera insertado en este
recrudecimiento de la política contra Cuba, en un país que,
pese al bloqueo y las prohibiciones y haciendo enormes
esfuerzos —porque no se pueden comprar computadoras que
tengan componentes norteamericanos o de origen
norteamericano en el mercado internacional para Cuba—, tiene
ya más de 500 000 computadoras instaladas, que el año que
viene instalará otras 150 000 y que a partir del año que
viene podrá ya ensamblar y producir aquí en nuestro país
120 000 nuevas computadoras por año; donde funcionan hoy 602
Joven Club con más de 7 000 computadoras que dan acceso
gratuito a Internet a más de 2 millones de cubanos por año,
que han graduado 1 300 000 jóvenes cubanos en estos años,
que imparten 32 tipos distintos de cursos de computación
gratuitamente, operando las 24 horas del día, que incluyen
programas especiales para proveer acceso a la computación a
los ciegos, a las personas con discapacidades, a los
ancianos. Y usted le ofrece unas computadoras que serían
traídas por unas ONG, que serían organizaciones pantalla del
gobierno de Estados Unidos. Es una oferta ridícula que
nuestro país rechaza, lógicamente, y no se toma en serio.
Además, anunció invitar a jóvenes cubanos, hijos de sus
contrarrevolucionarios en Cuba y de sus mercenarios, a un
programa de becas que han implementado para América Latina,
por tres años; a un país que tiene 65 universidades, donde
se imparten 99 carreras universitarias y donde estudian hoy
730 000 jóvenes cubanos, 69 de cada 100 jóvenes cubanos que
están en la edad de ir a la universidad, la más alta tasa
entre los países del Tercer Mundo, y que compite
favorablemente y, cuidado si no somos, el país donde mayor
proporción de jóvenes en la edad de 18 a 24 años pueden ir a
la universidad. Un país que tiene en este momento 30 000
jóvenes de 120 países del Tercer Mundo becados gratuitamente
en sus universidades, 23 000 de ellos estudiando la carrera
de medicina.
Hablarle de unas becas a un país donde estudian hoy 70 000
jóvenes cubanos totalmente becados en las universidades, no
solo estos jóvenes de otros países, sino también más de
40 000 jóvenes cubanos, que reciben la alimentación, el
alojamiento, estipendio, libros, atención médica gratuita;
un país que ha universalizado el acceso a la educación, que
tiene hoy 3 millones de estudiantes, cuyos logros en esta
materia son reconocidos mundialmente.
El Presidente se aparece anunciando un programita para
formarle cuadros a la contrarrevolución y a los grupos
mercenarios que ellos pagan. Incluso, esos mismos
familiares de los mercenarios que ustedes pagan en Cuba para
que apoyen su política, para que los ayuden a aplicar el
bloqueo, no tienen vedado su acceso ni a la educación ni a
la salud ni a los servicios que Cuba garantiza a todos los
ciudadanos. Nadie les niega el ingreso, incluso, aun siendo
gente que no comparta las ideas de la Revolución, los sueños
de justicia y libertad de su pueblo.
Anunció la creación de un llamado Fondo Internacional para
la libertad de Cuba, que dice que ayudaría a buscar no sé
qué créditos para Cuba, para que Cuba pague no sé qué deuda
y, sobre todo, con la intención de que otros países pongan
dinero, porque él quiere derrocar a la Revolución, pero que
otro lo pague, y de paso aprovecha para tratar de “pasar el
cepillo”, como se dice en Cuba, y lograr que otros pongan
dinero, como vimos en su guerra en Iraq y en otras guerras.
Esas son las tres medidas concretas que adelantó, pero
anunciando que ha llegado, que está llegando ya el momento
en que él va a venir a liberar a los cubanos.
Quisiera, finalmente, explicar lo que nosotros creemos,
realmente, que el presidente Bush debería proponerse como
agenda para Cuba y que son estos 12 puntos que voy a decir
ahora:
Primero: El gobierno de Estados Unidos debe respetar
el derecho de los cubanos a su independencia y a su
soberanía, el derecho de los cubanos a la libre
determinación. Hay que respetar el derecho de los cubanos a
tener sus instituciones, su sistema político, sus leyes. No
es competencia del gobierno de Estados Unidos, por poderoso
que sea.
Segundo: El gobierno de Estados Unidos debe cesar de
inmediato su política de agresiones y amenazas contra Cuba,
por demás, inútiles. Se estrellan contra nuestro coraje y
nuestra determinación de ser un pueblo libre.
Tercero: Debe dejar de intervenir groseramente en
los asuntos internos de Cuba. Debe renunciar a la idea
fallida de fabricar una oposición interna en Cuba con dinero
de Estados Unidos. El gobierno de Estados Unidos debe dejar
de financiar a sus grupos mercenarios en Cuba.
Cuarto: El régimen de Bush debe poner fin a las
acciones subversivas contra Cuba y a la guerra radial y
televisiva contra nuestro país. Debe desmontar las mal
llamadas Radio y Televisión “Martí”, que son una ofensa al
pueblo cubano, que ensucian el nombre del Héroe Nacional de
Cuba en trasmisiones de radio y televisión que alientan la
violencia, el asesinato político, el sabotaje económico.
Quinto: El Presidente de Estados Unidos debe
levantar de inmediato y sin condiciones el bloqueo genocida
contra Cuba, para lo cual tiene que derogar varias leyes y
tiene que lograr que el Congreso lo haga; porque hay que
recordar que, aunque él habló de que podría tomar medidas
para levantarle el bloqueo a Cuba el día que haya derrotado
a la Revolución, según la ley norteamericana, porque todo el
bloqueo está codificado, los Presidentes de Estados Unidos
no podrán levantar el bloqueo a Cuba, y el Congreso no los
autorizará, hasta que no se devuelvan todas las propiedades,
no solo de los que eran norteamericanos, y no tanto de
aquellos, como las de los batistianos, los torturadores y
los ladrones que se fueron después y se hicieron ciudadanos
norteamericanos. Debe derogar la Ley Helms-Burton, debe
derogar la Ley Torricelli y todas las demás leyes de ese
engendro que es el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba.
Sexto: Debe eliminar la prohibición de los viajes a
Cuba de los norteamericanos, que es la violación de un
derecho plasmado en su Constitución, y debe eliminar la
prohibición de las visitas familiares a los cubanos que
viven allí, a los cuales, usted, señor Presidente, les
impide venir a ver a sus familias a Cuba, violando sus
derechos.
Séptimo: El gobierno de Estados Unidos debe dejar de
estimular la emigración ilegal desde Cuba. Debe eliminar la
criminal Ley de Ajuste Cubano y la política de pies secos-pies
mojados, que estimulan el tráfico de personas, la comisión
de actos violentos con el fin de emigrar.
Usted, señor Presidente, es el responsable de los que
todavía mueren en el mar, incluidos niños, mujeres, tratando
de emigrar ilegalmente desde Cuba; usted es el responsable
del tráfico de personas. Usted debe cumplir los acuerdos
migratorios. Usted debe cumplir el número de visas, para
que puedan emigrar legalmente de Cuba las personas, como
ustedes se comprometieron y como han incumplido este año. Y
ustedes deben cumplir su compromiso de que a los que
intercepten en el mar los devuelvan a Cuba, para
desestimular estas prácticas.
Octavo: El gobierno de Estados Unidos debe cesar las
agresivas campañas de propaganda sucia, de mentiras contra
Cuba, que emplean cuantiosos recursos, como no hubo nunca
antes dedicados a esta actividad.
Noveno: Ustedes deben liberar a los cinco luchadores
antiterroristas cubanos, presos políticos en las cárceles
norteamericanas.
Y me detengo aquí, para subrayar que se encuentran hoy aquí
especialmente invitados por nosotros en la Cancillería, la
compañera Elizabeth Palmeiro Casado, esposa del compañero
Ramón Labañino Salazar, Héroe de la República de Cuba, preso
político en las cárceles de Estados Unidos, condenado a
cadena perpetua y 18 años por haber luchado contra el
terrorismo allí en Estados Unidos. Te damos la bienvenida,
Elizabeth. Te reiteramos todo nuestro apoyo y simpatía.
Está también la compañera Magali Llort Ruiz, madre del
compañero Fernando González Llort, Héroe de la República de
Cuba, preso político en las cárceles de Estados Unidos,
condenado a 19 años de prisión, cuyo único delito fue luchar
contra el terrorismo, prevenir planes que, de haber sucedido,
habrían también asesinado a ciudadanos norteamericanos y de
otros países.
Está con nosotros también el compañero Cándido René González
Castillo, padre del compañero René González Sehwerert, Héroe
de la República de Cuba, condenado a 15 años de prisión,
preso político en las cárceles de Estados Unidos.
Recordamos aquí en este momento a Olga Salanueva, la esposa
de René, impedida de visitarle durante más de nueve años, a
la que se le ha negado la posibilidad siquiera de ver a su
esposo en todos estos largos años de cautiverio duro y
cruel.
Está con nosotros también el compañero Roberto González
Sehwerert, hermano de René, y dedicado, como los otros
familiares, a hacer conciencia sobre esta batalla por la
liberación y el retorno a su patria de nuestros Cinco Héroes.
Y está con nosotros la compañera Isabel Hernández Nordelo,
hermana de Gerardo Hernández Nordelo, Héroe de la República
de Cuba, preso político en las cárceles de Estados Unidos,
condenado a dos cadenas perpetuas y 15 años.
Recordamos ahora a la compañera Adriana Pérez O’Connor,
esposa de Gerardo, a la que el régimen de Bush impide
también ver a su esposo desde 1998, a quienes impide,
incluso, concebir un hijo, sueño de su unión.
Recordamos también a Antonio Guerrero Rodríguez, Héroe de la
República de Cuba, preso político en cárceles de Estados
Unidos, condenado a cadena perpetua y 10 años.
A todos les damos nuestro mensaje de aliento y de
solidaridad y nuestra certeza de que finalmente ellos
volverán y que todo el odio descargado sobre ellos no
doblegará su voluntad ni la nuestra hasta que se haga
justicia.
Décimo: El presidente Bush debe extraditar a
Venezuela o enjuiciar en Estados Unidos al terrorista Luis
Posada Carriles, libre hoy por las maquinaciones de las más
altas autoridades norteamericanas; que se pasea libre en las
calles de Miami, llevando sobre su conciencia la muerte de
decenas de civiles inocentes cubanos y de otros países;
autor intelectual de la voladura del avión cubano, junto a
otro terrorista, Orlando Bosch, perdonado y dejado libre
también en Estados Unidos por el padre del actual Presidente
de Estados Unidos, ambos, antiguos agentes de la CIA,
terroristas entrenados por la Agencia Central de
Inteligencia en los años en que el padre del actual
Presidente de Estados Unidos era el Director de la CIA. El
gobierno de Estados Unidos protege a estos terroristas
porque teme que revelen los secretos que conocen sobre los
planes contra Cuba y contra otros países, sobre todo, lo que
se hizo en la Operación Condor.
El Presidente debe eliminar la impunidad de los grupos
terroristas, que todavía hoy aparecen en los canales de
televisión de Miami entrenándose con armas pesadas para el
día en que vengan a Cuba junto a las tropas norteamericanas,
o amenazando con actos terroristas.
Undécimo: El Presidente de Estados Unidos debe
cerrar de inmediato el centro de torturas que creó en la
Base Naval de Guantánamo y cuya existencia defiende todavía
hoy pese a la repulsa mundial. El lugar donde se aplican
las prácticas ya prohibidas por convenciones internacionales
de tortura contra los prisioneros, como el sometimiento de
los presos en los interrogatorios a altas temperaturas o muy
bajas temperaturas, la simulación de la asfixia, los
castigos, los tratos crueles, inhumanos y degradantes.
¿En nombre de qué derechos humanos usted habla, cuando todo
el mundo sabe que usted lleva sobre sus hombros la muerte y
la tortura de presos muchas veces inocentes? Usted debe
devolverle a Cuba el territorio que ocupan ilegalmente, en
contra de nuestra voluntad, en la Base Naval de Guantánamo.
Duodécimo: Usted debe cesar las presiones contra la
comunidad internacional para que apoyen la política de su
régimen contra Cuba. Usted fracasará, usted no tendrá el
apoyo de la comunidad internacional. Usted puede encontrar
unos pocos aliados que, por interés o por falta de valor, lo
secunden; pero usted no tiene apoyo para esta política y
usted va a fracasar, se lo decimos hoy, y usted no va a
lograr sus designios de derrotar a la Revolución Cubana y de
reconquistar a Cuba. Como dijo Fidel: ¡Ustedes a Cuba no la
tendrán!; ustedes tendrían que exterminar a un pueblo entero.
Y en Iraq se ha probado, y en Viet Nam se probó, que ningún
ejército es invencible cuando pelea contra un pueblo
dispuesto a defender su soberanía y que tiene causas y
razones fundadas para luchar por su patria.
Sus planes van a estrellarse. Cuba, señor Presidente, no
negocia su soberanía; Cuba no será puesta de rodillas.
Usted no va a rendirnos a nosotros con su bloqueo y su
intento de rendirnos por hambre y enfermedades. Usted se
estrella contra nuestro coraje.
Cuba no podrá ser amedrentada ni nuestra unidad podrá ser
vulnerada. Nuestro pueblo se une más ante la amenaza y la
prepotencia del imperio que no ha podido doblegarla.
Para el pueblo de Estados Unidos tenemos también un mensaje.
Para el pueblo de Estados Unidos tenemos un mensaje de
respeto y de amistad. No los culpamos a ustedes, al pueblo
norteamericano, del sufrimiento que el régimen que ustedes
también padecen causa a nuestro pueblo.
Nosotros estamos seguros de que un día no habrá bloqueo, que
un día ustedes podrán tener relaciones normales con un
pequeño país vecino, cuyos médicos estuvieron dispuestos a
ir allí cuando el huracán Katrina a llevar alivio y cura a
los enfermos, a los damnificados, y este régimen que ahora
amenaza otra vez a Cuba lo impidió y los condenó, porque
eran negros y eran pobres, a morir allí sin asistencia
médica. Un día eso no será así.
Nuestro mensaje también de aliento, de condolencias a los
ciudadanos de California que están padeciendo en este
momento los incendios forestales. Un día, cuando haya
desastre natural, en uno u otro país, se impondrá el
ambiente de cooperación, como ha actuado siempre el pueblo
cubano, que ha ido a cualquier lugar adonde han sido
necesarios sus esfuerzos, su ayuda. Pero hoy el régimen que
gobierna a Estados Unidos impide que eso ocurra.
Un mensaje tenemos para el pueblo de Estados Unidos, de
amistad. No nos confundimos, somos un pueblo con cultura
política, somos un pueblo con principios y decoro y sabemos
que ustedes son víctimas, como nosotros también, de esta
política, y sabemos que un día ustedes también se van a
librar de esta tiranía que les ha sido impuesta, que manda a
sus hijos, por ser pobres, a luchar en tierras lejanas, a
matar y a morir, para robarles a otros pueblos sus recursos
naturales, para favorecer los intereses mezquinos de una
oligarquía o una cúpula de intereses, tras el petróleo y los
recursos naturales.
Nosotros reaccionamos con indignación; pero con serenidad.
No amenazamos, nos preparamos. No alardeamos, no nos
jactamos, mantenemos nuestro rumbo. No hay —y lo repito
aquí hoy— fuerza humana ni natural en el mundo capaz de
hacer desistir a los cubanos de sus sueños de justicia, de
libertad y de independencia. Somos una Revolución
victoriosa, hay que respetarnos, nos hemos ganado el respeto
del mundo.
En estos días, en que se cumplen 45 años de la Crisis de
Octubre, y cuando estamos a pocos días de la próxima
votación que habrá en la Asamblea General de Naciones Unidas
sobre el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, quiero
subrayar que hay en este momento en el pueblo cubano la
misma serenidad, la misma entereza, el mismo sentimiento de
unidad nacional y de orgullo patrio que en aquellos días
luminosos y tristes, como los llamó el Che, en que el pueblo
cubano estuvo dispuesto a enfrentar, incluso, el holocausto
nuclear antes que renunciar a sus principios y a su
soberanía, y esa es la determinación que hay ahora en Cuba.
La Revolución Cubana no podrá ser derrotada, y se lo decimos
aquí al Presidente del imperio que amenaza a Cuba; tenemos
el apoyo del pueblo, el apoyo consciente, voluntario y libre
de un pueblo que sabe bien lo que se juega en esta hora
crucial de su historia y que no podrá ser ni engañado, ni
comprado, ni amenazado, ni rendido.
Así que rechazamos, una por una, cada palabra de amenaza y
de chantaje contra Cuba, cada frase llena de odio, y le
decimos al Presidente de Estados Unidos que lo que está
llegando es el día en que el pueblo de Estados Unidos y el
mundo se libren de él, y lo que está llegando es el día en
que nosotros logremos que se levante el bloqueo, y que sus
amenazas no nos sacarán de nuestro curso de construcción de
una sociedad más justa, más humana, más libre, de más
socialismo y de más Revolución en este país.
Ese es el mensaje que tenemos para el Presidente imperial
que amenaza con guerras en las que él no va a participar,
que amenaza con invasiones que él ordenará desde la
retaguardia de su confortable refugio; pero que nosotros, si
llega el momento, enfrentaremos en la primera trinchera
junto a nuestro pueblo.
Muchas gracias (Aplausos). |