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Decirle siempre al pueblo la verdad
(VERSION TAQUIGRAFICA DE LAS OFICINAS DEL
PRIMER MINISTRO)
Compatriotas:
Yo sé que al hablar esta noche aquí se me
presenta una de las obligaciones más difíciles,
quizás, en este largo proceso de lucha que se
inició en Santiago de Cuba, el 30 de noviembre
de 1956.
El pueblo escucha, escuchan los combatientes
revolucionarios, y escuchan los soldados del
Ejército, cuyo destino está en nuestras manos.
Creo que es este un momento decisivo de nuestra
historia: la tiranía ha sido derrocada. La
alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho
por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que
en lo adelante todo será fácil; quizás en lo
adelante todo sea más difícil.
Decir la verdad es el primer deber de todo
revolucionario. Engañar al pueblo, despertarle
engañosas ilusiones, siempre traería las peores
consecuencias, y estimo que al pueblo hay que
alertarlo contra el exceso de optimismo.
¿Cómo
ganó la guerra el Ejército Rebelde? Diciendo la
verdad. ¿Cómo perdió la guerra la tiranía?
Engañando a los soldados.
Cuando nosotros teníamos un revés, lo
declarábamos por "Radio Rebelde", censurábamos
los errores de cualquier oficial que lo hubiese
cometido, y advertíamos a todos los compañeros
para que no le fuese a ocurrir lo mismo a
cualquier otra tropa. No sucedía así con las
compañías del Ejército. Distintas tropas caían
en los mismos errores, porque a los oficiales y
a los soldados jamás se les decía la verdad.
Y
por eso yo quiero empezar —o, mejor dicho,
seguir— con el mismo sistema: el de decirle
siempre al pueblo la verdad.
Se ha andado un trecho, quizás un paso de avance
considerable. Aquí estamos en la capital, aquí
estamos en Columbia, parecen victoriosas las
fuerzas revolucionarias; el gobierno está
constituido, reconocido por numerosos países del
mundo, al parecer se ha conquistado la paz; y,
sin embargo, no debemos estar optimistas.
Mientras el pueblo reía hoy, mientras el pueblo
se alegraba, nosotros nos preocupábamos; y
mientras más extraordinaria era la multitud que
acudía a recibirnos, y mientras más
extraordinario era el júbilo del pueblo, más
grande era nuestra preocupación, porque más
grande era también nuestra responsabilidad ante
la historia y ante el pueblo de Cuba.
Si a mí me preguntaran qué tropa prefiero mandar,
yo diría: prefiero mandar al pueblo
La Revolución tiene ya enfrente un ejército de
zafarrancho de combate. ¿Quiénes pueden ser hoy
o en lo adelante los enemigos de la Revolución?
¿Quiénes pueden ser ante este pueblo victorioso,
en lo adelante, los enemigos de la Revolución?
Los peores enemigos que en lo adelante pueda
tener la Revolución Cubana somos los propios
revolucionarios.
Es lo que siempre les decía yo a los
combatientes rebeldes: cuando no tengamos
delante al enemigo, cuando la guerra haya
concluido, los únicos enemigos de la Revolución
podemos ser nosotros mismos, y por eso decía
siempre, y digo, que con el soldado rebelde
seremos más rigurosos que con nadie, que con el
soldado rebelde seremos más exigentes que con
nadie, porque de ellos dependerá que la
Revolución triunfe o fracase.
Hay muchas clases de revolucionarios. De
revolución hemos estado oyendo hablar hace mucho
tiempo; hasta el 10 de marzo se dijo que habían
hecho una revolución, e invocaban la palabra
revolución, y todo era revolucionario; a los
soldados los reunían aquí y hablaban de "la
Revolución del 10 de marzo" (RISAS).
De revolucionarios hemos estado oyendo hablar
mucho tiempo. Yo recuerdo mis primeras
impresiones del revolucionario, hasta que el
estudio y alguna madurez me dieron nociones de
lo que era realmente una revolución y de lo que
era realmente un revolucionario. Las primeras
impresiones del revolucionario las escuchábamos
nosotros de niño, y oíamos decir: "Fulano fue
revolucionario, estuvo en tal combate, o en tal
operación, o puso bombas", "Mengano era
revolucionario...", incluso se creó una casta de
revolucionarios, y entonces había
revolucionarios que querían vivir de la
revolución, querían vivir a título de haber sido
revolucionarios, de haber puesto una bomba o dos
bombas; y es posible que los que más hablaban
eran los que menos habían hecho. Pero, es lo
cierto que acudían a los ministerios a buscar
puestos, a vivir de parásitos, a cobrar el
precio de lo que habían hecho en aquel momento,
por una revolución que desgraciadamente no llegó
a realizarse, porque estimo que la primera que
parece que tiene mayores posibilidades de
realizarse es la Revolución actual, si nosotros
no la echamos a perder... (EXCLAMACIONES DE:
"¡No!" Y APLAUSOS).
El revolucionario aquel de mis primeras
impresiones de niño andaba con una pistola 45 en
la cintura, y quería vivir por sus respetos;
había que temerle: era capaz de matar a
cualquiera; llegaba a los despachos de los altos
funcionarios con aire de hombre al que había que
oír; y en realidad se preguntaba uno:
¿Dónde
está la revolución que esta gente hizo, estos
revolucionarios? Porque no hubo revolución, y
hubo muy pocos revolucionarios.
Lo primero que tenemos que preguntarnos los que
hemos hecho esta Revolución es con qué
intenciones la hicimos; si en alguno de nosotros
se ocultaba una ambición, un afán de mando, un
propósito innoble; si en cada uno de los
combatientes de esta Revolución había un
idealista o con el pretexto del idealismo se
perseguían otros fines; si hicimos esta
Revolución pensando que apenas la tiranía fuese
derrocada íbamos a disfrutar de los gajes del
poder; si cada uno de nosotros se iba a montar
en una "cola de pato", si cada uno de nosotros
iba a vivir como un rey, si cada uno de nosotros
iba a tener un palacete, y en lo adelante para
nosotros la vida sería un paseo, puesto que para
eso habíamos sido revolucionarios y habíamos
derrocado la tiranía; si lo que estábamos
pensando era quitar a unos ministros para poner
otros, si lo que estábamos pensando simplemente
era quitar unos hombres para poner otros
hombres; o si en cada uno de nosotros había
verdadero desinterés, si en cada uno de nosotros
había verdadero espíritu de sacrificio, si en
cada uno de nosotros había el propósito de darlo
todo a cambio de nada, y si de antemano
estábamos dispuestos a renunciar a todo lo que
no fuese seguir cumpliendo sacrificadamente con
el deber de sinceros revolucionarios (APLAUSOS
PROLONGADOS). Esa pregunta hay que hacérsela,
porque de nuestro examen de conciencia puede
depender mucho el destino futuro de Cuba, de
nosotros y del pueblo.
Cuando yo oigo hablar de columnas, cuando oigo
hablar de frentes de combate, cuando oigo hablar
de tropas más o menos numerosas, yo siempre
pienso: he aquí nuestra más firme columna,
nuestra mejor tropa, la única tropa que es capaz
de ganar sola la guerra: ¡Esa tropa es el
pueblo! (APLAUSOS).
Más que el pueblo no puede ningún general; más
que el pueblo no puede ningún ejército. Si a mí
me preguntaran qué tropa prefiero mandar, yo
diría: prefiero mandar al pueblo (APLAUSOS),
porque el pueblo es invencible. Y el pueblo fue
quien ganó esta guerra, porque nosotros no
teníamos tanques, nosotros no teníamos aviones,
nosotros no teníamos cañones, nosotros no
teníamos academias militares, nosotros no
teníamos campos de reclutamiento y de
entrenamiento, nosotros no teníamos divisiones,
ni regimientos, ni compañías, ni pelotones, ni
escuadras siquiera (APLAUSOS PROLONGADOS).
Luego, ¿quién ganó la guerra? El pueblo, el
pueblo ganó la guerra. Esta guerra no la ganó
nadie más que el pueblo —y lo digo por si
alguien cree que la ganó él, o por si alguna
tropa cree que la ganó ella (APLAUSOS). Y por lo
tanto, antes que nada está el pueblo.
Pero hay algo más: la Revolución no me interesa
a mí como persona, ni a otro comandante como
persona, ni al otro capitán, ni a la otra
columna, ni a la otra compañía; la Revolución al
que le interesa es al pueblo (APLAUSOS).
Quien gana o pierde con ella es el pueblo. Si el
pueblo fue quien sufrió los horrores de estos
siete años, el pueblo es quien tiene que
preguntarse si dentro de 10 o dentro de 15, o de
20 años, él, y sus hijos, y sus nietos, van a
seguir sufriendo los horrores que ha estado
sufriendo desde su inicio la República de Cuba,
coronada con dictaduras como las de Machado y
las de Batista (APLAUSOS PROLONGADOS).
Al pueblo le interesa mucho si nosotros vamos a
hacer bien hecha esta Revolución o si nosotros
vamos a incurrir en los mismos errores en que
incurrió la revolución anterior, o la anterior,
o la anterior, y en consecuencia vamos a sufrir
las consecuencias de nuestros errores, porque no
hay error sin consecuencias para el pueblo; no
hay error político que no se pague, más tarde o
más temprano.
Circunstancias hay que no son las mismas. Por
ejemplo, estimo que en esta ocasión existe más
oportunidad que nunca de que en realidad la
Revolución cumpla su destino cabalmente. Es
quizás por eso que sea tan grande el júbilo del
pueblo, olvidándose un poco de lo mucho que hay
que bregar todavía.
Una de las ansias mayores de la nación,
consecuencia de los horrores padecidos, por la
represión y por la guerra, era el ansia de paz,
de paz con libertad, de paz con justicia, y de
paz con derechos. Nadie quería la paz a otro
precio, porque Batista hablaba de paz, hablaba
de orden, y esa paz no la quería nadie, porque
hubiese sido la paz a costa del sometimiento.
Tiene hoy el pueblo la paz como la quería: una
paz sin dictadura, una paz sin crimen, una paz
sin censura, una paz sin persecución (APLAUSOS
PROLONGADOS).
Todos debimos estar desde el primer momento en
una sola organización revolucionaria
Es posible que la alegría mayor en este instante
sea la alegría de las madres cubanas. Madres de
soldados o madres de revolucionarios, madres de
cualquier ciudadano, hoy experimentan la
sensación de que sus hijos, al fin, están fuera
de peligro (APLAUSOS).
El crimen más grande que pueda cometerse hoy en
Cuba, repito, el crimen más grande que pueda hoy
cometerse en Cuba sería un crimen contra la paz.
Lo que no perdonaría hoy nadie en Cuba sería que
alguien conspirase contra la paz (APLAUSOS).
Todo el que haga hoy algo contra la paz de Cuba,
todo el que haga hoy algo que ponga en peligro
la tranquilidad y la felicidad de millones de
madres cubanas, es un criminal y es un traidor (APLAUSOS).
Quien no esté dispuesto a renunciar a algo por
la paz, quien no esté dispuesto a renunciarlo
todo por la paz en esta hora, es un criminal y
es un traidor (APLAUSOS).
Como pienso así, yo digo y yo juro ante mis
compatriotas que si cualquiera de mis compañeros,
o nuestro movimiento, o yo, fuésemos el menor
obstáculo a la paz de Cuba, desde ahora mismo el
pueblo puede disponer de todos nosotros y
decirnos lo que tenemos que hacer (APLAUSOS).
Porque soy un hombre que sabe renunciar, porque
lo he demostrado más de una vez en mi vida,
porque eso he enseñado a mis compañeros, tengo
moral y me siento con fuerza y autoridad
suficientes para hablar en un instante como este
(APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: "¡Viva Fidel
Castro!").
Y
a los primeros que tengo que hablarles así es a
los revolucionarios; y si fuere preciso, o mejor
dicho, porque es preciso decirlo a tiempo.
No está tan lejana aquella década que siguió a
la caída de Machado; quizás uno de los males más
grandes de aquella lucha fue la proliferación de
los grupos revolucionarios, que no tardaron en
entrarse a tiros los unos a los otros (APLAUSOS).
Y en consecuencia lo que pasó fue que vino
Batista y se quedó 11 años con el poder.
Cuando el Movimiento 26 de Julio se organizó,
incluso cuando iniciamos esta guerra, yo
consideré que si bien eran muy grandes los
sacrificios que estábamos haciendo, que si bien
la lucha iba a ser muy larga, y lo ha sido,
porque ha durado más de dos años, dos años que
no fueron para nosotros un paseo, dos años de
duro batallar, desde que reiniciamos la campaña
con un puñado de hombres, hasta que hemos
llegado a la capital de la República a pesar de
los sacrificios que teníamos por delante, nos
tranquilizaba, sin embargo, una idea: era
evidente que el Movimiento 26 de Julio contaba
con la inmensa mayoría del respaldo y de la
simpatía popular (APLAUSOS); era evidente que el
Movimiento 26 de Julio contaba con el respaldo
casi unánime de la juventud cubana (APLAUSOS).
Parecía que esta vez una organización grande y
fuerte iba a recoger las inquietudes de nuestro
pueblo y las terribles consecuencias de la
proliferación de organizaciones revolucionarias
no se iba a presentar en este proceso.
Creo que todos debimos estar desde el primer
momento en una sola organización revolucionaria:
la nuestra o la de otro, el 26, el 27 o el 50,
en la que fuese, porque, si al fin y al cabo
éramos los mismos los que luchábamos en la
Sierra Maestra que los que luchábamos en el
Escambray, o en Pinar del Río, y hombres jóvenes,
y hombres con los mismos ideales, ¿por qué tenía
que haber media docena de organizaciones
revolucionarias? (APLAUSOS.)
La nuestra, simplemente fue la primera; la
nuestra, simplemente fue la que libró la primera
batalla en el Moncada, la que desembarcó en el "Granma"
el 2 de diciembre (APLAUSOS), y la que luchó
sola durante más de un año contra toda la fuerza
de la tiranía (APLAUSOS); la que cuando no tenía
más que 12 hombres, mantuvo enhiesta la bandera
de la rebeldía, la que enseñó al pueblo que se
podía pelear y se podía vencer, la que destruyó
todas las falsas hipótesis sobre revolución que
habían en Cuba. Porque aquí todo el mundo estaba
conspirando con el cabo, con el sargento, o
metiendo armas en La Habana, que se las cogía la
policía (APLAUSOS), hasta que vinimos nosotros y
demostramos que esa no era la lucha, que la
lucha tenía que ser otra, que había que inventar
una nueva táctica y una nueva estrategia, que
fue la táctica y la estrategia que nosotros
pusimos en práctica y que condujo al más
extraordinario triunfo que ha tenido en su
historia el pueblo de Cuba (APLAUSOS).
Y
yo quiero que honradamente el pueblo me diga si
esto es o no es verdad (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES
DE: "¡Sí!").
Hay, además, otra cuestión de hecho: el
Movimiento 26 de Julio era la organización
absolutamente mayoritaria, ¿es o no es verdad? (EXCLAMACIONES
DE: "¡Sí!"). Y, ¿cómo terminó la lucha? Lo voy a
decir: el Ejército Rebelde, que es el nombre de
nuestro ejército, del que se inició en la Sierra
Maestra, al caerse la tiranía tenía tomado todo
Oriente, todo Camagüey, parte de Las Villas,
todo Matanzas, La Cabaña, Columbia, la Jefatura
de la Policía y Pinar del Río (APLAUSOS).
Terminó la lucha de acuerdo con la correlación
de fuerzas que había, porque por algo las
columnas nuestras atravesaron las llanuras de
Camagüey, perseguidas por miles de soldados y
por la aviación, y llegaron a Las Villas; y
porque el Ejército Rebelde tenía al comandante
Camilo Cienfuegos (APLAUSOS PROLONGADOS), en Las
Villas, y porque tenía al comandante Ernesto
Guevara en Las Villas (APLAUSOS PROLONGADOS) el
día 1º de Enero, a raíz de la traición de
Cantillo (EXCLAMACIONES DE: "¡Fuera!")... Porque
los tenía allí, digo, el día Primero le pude dar
la orden al comandante Camilo Cienfuegos de que
avanzara con 500 hombres sobre la capital y
atacara Columbia (APLAUSOS); porque tenía al
comandante Ernesto Guevara en Las Villas, pude
decirle que avanzara sobre la capital y se
apoderara de La Cabaña (APLAUSOS).
Todos los regimientos, todas las fortalezas
militares de importancia, quedaron en poder del
Ejército Rebelde, y esas no nos las dio nadie,
no es que nadie dijera: "Vete para allí, vete
para allí, vete para allí"; fue nuestro esfuerzo
y nuestro sacrificio, nuestra experiencia y
nuestra organización, lo que condujo a esos
resultados (APLAUSOS).
¿Quiere
decir que los otros no hayan luchado? No. ¿Quiere
decir que los otros no tengan méritos? No.
Porque todos hemos luchado, porque ha luchado
todo el pueblo. En La Habana no había ninguna
Sierra, pero hay cientos de muertos, de
compañeros que cayeron asesinados por cumplir
con sus deberes revolucionarios. En La Habana no
había ninguna Sierra y, sin embargo, la huelga
general fue un factor decisivo para que el
triunfo de la Revolución fuera completo (APLAUSOS).
Al decir esto, lo único que hago es poner las
cosas en su sitio, el papel del Movimiento 26 de
Julio en esta lucha, cómo guió al pueblo, en
aquellos momentos en que aquí se hablaba de
elecciones y de electoralismo. Tuve que escribir
un artículo una vez desde México, que se
titulaba: "Frente a todos", porque realmente
estábamos contra todas las opiniones,
defendiendo nuestra tesis revolucionaria, la
estrategia de esta Revolución, que la trazó el
26 de Julio, y la culminación de esta Revolución,
que fue la derrota aplastante de la tiranía, en
manos sus fortalezas más importantes de las
fuerzas del Ejército Rebelde, organizado por el
Movimiento 26 de Julio.
No solo trazó las pautas en la guerra el
Movimiento 26 de Julio, sino que además enseñó
cómo había que tratar al enemigo en la guerra.
Ha sido esta quizás en el mundo la primera
revolución donde jamás se asesinó a un
prisionero de guerra (APLAUSOS PROLONGADOS);
donde jamás se abandonó a un herido, donde jamás
se torturó a un hombre (APLAUSOS); porque esta
pauta fue la que trazó el Ejército Rebelde. Y
algo más: esta es la única revolución en el
mundo donde no ha salido un general (APLAUSOS),
ni un coronel siquiera, porque el grado que me
puse yo o me pusieron mis compañeros, fue el de
comandante, y no me lo he cambiado, a pesar de
que hemos ganado muchas batallas y hemos ganado
una guerra; sigo siendo comandante, y no quiero
otro grado (APLAUSOS).
Y
el efecto moral, el hecho de que los que
iniciamos esta guerra hubiésemos determinado una
gradación determinada en la jerarquía militar,
hizo que nadie se atreviera a ponerse aquí más
grados que los de comandante —aunque haya más
comandantes de la cuenta, a juzgar por lo que
parece.
Creo que el pueblo esté de acuerdo en que hable
claro, porque haber luchado como he luchado por
los derechos de cada ciudadano, me otorga aunque
sea el derecho a decir la verdad en voz alta (APLAUSOS).
Y, además, porque estando de por medio los
intereses de la patria, no transijo
absolutamente con la menor contemporización con
los riesgos que puedan sobrevenir a la
Revolución Cubana (APLAUSOS).
Les digo que lo primero que haré
siempre, cuando vea en peligro la
Revolución, es llamar al pueblo
¿Tienen
todos la misma autoridad moral para hablar? Yo
digo que el que tenga más méritos tiene más
autoridad para hablar que el que tenga menos
méritos. Creo que para que los hombres se
igualen en prerrogativas morales, tienen que
igualarse primero en méritos. Creo que la
Revolución ha terminado como debía, cuando el
comandante Camilo Cienfuegos —veterano de dos
años y un mes de lucha— (APLAUSOS), es el jefe
de Columbia; cuando el comandante Efigenio
Ameijeiras, que ha perdido tres hermanos en esta
guerra y es veterano del "Granma" y comandante
por las batallas que ha librado (APLAUSOS), es
jefe de la policía de la República, y cuando el
comandante Ernesto Guevara —héroe verdadero,
expedicionario del "Granma" y veterano de dos
años y un mes de lucha en las montañas más altas
y más ásperas de Cuba—, es el jefe de La Cabaña
(APLAUSOS); y cuando al frente de cada
regimiento en las distintas provincias hemos
puesto a los hombres que más se han sacrificado
y más han luchado en esta Revolución. Y si eso
es así, nadie tiene derecho a ponerse bravo.
Antes que nada ríndase culto al mérito, porque
el que no le rinde culto al mérito no es más que
un ambicioso (APLAUSOS); el que sin tener los
méritos de otros quiere en cambio tener las
prerrogativas de otros.
Ahora la República, o la Revolución, entra en
una nueva fase. ¿Sería justo que la ambición o
los personalismos viniesen aquí a poner en
peligro el destino de la Revolución? (EXCLAMACIONES
DE: "¡No!"). ¿Qué es lo que le interesa al
pueblo, porque el pueblo es quien tiene que
decir aquí la última palabra? (EXCLAMACIONES DE:
"¡Libertad!", "¡Libertad!"). Le interesa, en
primer lugar, las libertades, los derechos que
le arrebataron, y la paz. Y los tiene, porque en
estos instantes tiene todas las libertades,
todos los derechos, que le arrebató la tiranía,
y tiene la paz (APLAUSOS).
¿Qué
le interesa al pueblo? Un gobierno honrado. ¿No
es un gobierno honrado lo que le interesa al
pueblo? (EXCLAMACIONES DE: "¡Sí!"). Ahí lo tiene:
a un magistrado honorable de Presidente de la
República (APLAUSOS). ¿Qué le interesa, que
hombres jóvenes y limpios sean los ministros del
Gobierno Revolucionario? (EXCLAMACIONES DE: "¡Sí!").
Ahí los tienen: analicen uno por uno los
ministros del Gobierno Revolucionario, y díganme
si hay ahí un ladrón, o un criminal, o un
sinvergüenza (EXCLAMACIONES DE: "¡No!").
Son muchos los hombres que pueden ser ministros
en Cuba por su honradez y su capacidad, pero
todos no pueden ser ministros, porque los
ministros pueden ser 14, 15 o 16. Y aquí no le
importa al pueblo que "Don Fulano" o "Don
Mengano" sea, sino que el que sea, sea un hombre
joven y un hombre honrado (APLAUSOS). Y aquí lo
que importa es que los que han sido designados
reúnan esas cualidades, no que no esté Fulano o
no esté Mengano, porque los menganos y los
fulanos importan un bledo en este momento a la
Revolución y a la República (APLAUSOS).
¿Puede
alguien, por no ser ministro, intentar
ensangrentar este país? (EXCLAMACIONES DE:
"¡No!"). ¿Puede algún grupo, por el hecho de que
no le hayan dado tres o cuatro ministerios,
ensangrentar este país, y perturbar la paz? (EXCLAMACIONES
DE: "¡No!"). Si el equipo gobernante que en este
momento tiene el pueblo de Cuba no sirve, tiempo
tendrá el pueblo de botarlo, pero no de votarlo
en las urnas, sino de botarlo en unas elecciones
(APLAUSOS). Este no es el caso de que si no
fuera idóneo el equipo gobernante, fuera nadie
aquí a hacer una revolución o un golpe de Estado
para quitarlo, cuando todo el mundo sabe que va
a haber unas elecciones y si no sirve, el pueblo
se encargará de decir la última palabra
libremente; no hacer lo que hizo Batista, que a
80 días de unas elecciones, porque decía que
estaba combatiendo a tal gobierno, y hacía una
serie de imputaciones contra ese gobierno, decir
que él lo tenía que quitar y que eso era lo
patriota, porque aquí se acabaron para siempre
los golpes de Estado y los atentados contra la
Constitución y el Derecho (APLAUSOS).
Es necesario hablar así, para que no surja la
demagogia y el confusionismo y el divisionismo y
que el primero que asome las orejas de la
ambición, el pueblo lo conozca (APLAUSOS). Y por
mi parte les digo que como al que quiero mandar
es al pueblo, porque es la mejor tropa y que
prefiero al pueblo que a todas las columnas
armadas juntas, les digo que lo primero que haré
siempre, cuando vea en peligro la Revolución, es
llamar al pueblo (APLAUSOS). Porque hablándole
al pueblo nos podemos ahorrar sangre; porque
aquí, antes de tirar un tiro, hay que llamar mil
veces al pueblo y hablarle al pueblo para que el
pueblo, sin tiros, resuelva los problemas. Yo,
que tengo fe en el pueblo, y lo he demostrado, y
sé lo que puede el pueblo, y creo que lo he
demostrado, les digo que si el pueblo quiere
aquí no vuelve a sonar nunca más un tiro en este
país (APLAUSOS). Porque la opinión pública tiene
una fuerza extraordinaria y tiene una influencia
extraordinaria, sobre todo cuando no hay
dictadura. En la época de dictadura la opinión
pública no es nada, pero en la época de la
libertad la opinión pública lo es todo, y los
fusiles se tienen que doblegar y arrodillar ante
la opinión pública (APLAUSOS). ¿Voy bien, Camilo?
(EXCLAMACIONES DE: "¡Viva Camilo!").
Le hablo al pueblo en esta forma porque siempre
me ha gustado prever, y creo que hablándole
previsoramente al pueblo la Revolución puede
evitar los únicos peligros que le quedan por
delante; y yo les diré que no son tan grandes,
pero sí quisiera que para que la Revolución se
consolidara, no hubiera que derramar una sola
gota más de sangre cubana (APLAUSOS).
Mi gran preocupación es que en el extranjero,
donde esta Revolución es la admiración del mundo
entero, no tenga que decirse dentro de tres
semanas, o cuatro semanas, o un mes, o una
semana, que aquí se volvió a derramar sangre
cubana para consolidar esta Revolución, porque
entonces no sería ejemplo esta Revolución (APLAUSOS).
No hubiera hablado yo así cuando nosotros éramos
un grupo de 12 hombres, porque cuando éramos un
grupo de 12 hombres todo lo que teníamos por
delante era pelear, pelear y pelear, y había
mérito en combatir en esas circunstancias; pero
hoy, que nosotros tenemos los aviones, los
tanques, los cañones y la inmensa mayoría de los
hombres armados, la marina de guerra, numerosas
compañías del ejército y un poder enorme en el
orden militar (EXCLAMACIONES DE: "¡Y el
pueblo!", "¡Y el pueblo!"). Pueblo... voy a la
idea que les quería decir: hoy que tenemos todo
eso, me preocupa mucho ver combatir, porque así
no hay mérito en combatir; preferiría irme a la
Sierra Maestra otra vez, con 12 hombres, a
pelear contra todos los tanques, a venir con
todos los tanques a tirarle un tiro a nadie aquí
(APLAUSOS).
Y
a quien le pido que nos ayude mucho, al que le
pido de corazón que me ayude, es al pueblo (APLAUSOS),
a la opinión pública, para desarmar a los
ambiciosos, para condenar de antemano a los que
desde ahora están empezando a asomar las orejas
(APLAUSOS).
Yo no voy a extenderme hoy en ataques de tipo
personal o específico, porque es muy reciente y
demasiado pronto para entrar en polémicas
públicas —aunque cuando haya que entrar, no me
importa, porque tengo la frente alta y estoy
dispuesto a discutir con la verdad cuando sea
necesario—, porque hay una alegría muy grande en
el pueblo, y porque en la masa de los
combatientes, no voy a decir que en todos sus
líderes, aunque sí en la mayor parte de los
líderes, porque en la mayor parte de los líderes
—y ahí está Carlos Prío Socarrás como ejemplo,
que ha venido a Cuba en una actitud de ayudar a
la Revolución incondicionalmente, como dice, y
no aspirar absolutamente a nada— (APLAUSOS); no
ha protestado del hecho, no ha protestado
absolutamente nada, no ha mostrado la menor
queja, ni la menor inconformidad por el gabinete,
sabe que hay un gabinete de hombres honrados y
de hombres jóvenes, que bien merece que se le
otorgue un voto de confianza para trabajar.
Nosotros jamás necesitaremos de la fuerza,
porque tenemos el pueblo
Y
ahí están los dirigentes de otras organizaciones,
en la misma disposición. Y también hay una cosa:
las masas de los combatientes, los hombres que
pelearon y que no se guían más que por ideales,
los hombres que combatieron, de todas las
organizaciones, esos están en una postura muy
patriótica y son de sentimientos muy
revolucionarios y muy nobles, pues pensarán
siempre como piensa el pueblo, porque yo estoy
seguro de que el que trate de ponerse con la
locura de tratar de provocar una guerra civil,
va a tener la condenación del pueblo entero (APLAUSOS),
y el abandono de los combatientes de fila, que
no lo seguirán. Y hay que estar verdaderamente
loco para retar, no solo a la fuerza en las
condiciones en que la tenemos hoy, sino a la
razón, al derecho de la patria y al pueblo
entero de Cuba (APLAUSOS).
Y
todo esto lo digo, porque quiero hacerle una
pregunta al pueblo; quiero hacerle una pregunta
al pueblo que me interesa mucho, y le interesa
mucho al pueblo, que la responda: ¿Para qué
estar almacenando armas clandestinamente en
estos momentos? ¿Para qué estar escondiendo
armas en distintos lugares de la capital? ¿Para
qué estar contrabandeando armas en estos
momentos? ¿Para qué? Y yo les digo que hay
elementos de determinada organización
revolucionaria que están escondiendo armas (EXCLAMACIONES
DE: "¡A buscarlas!"), que están almacenando
armas, y que están contrabandeando armas. Todas
las armas que agarró el Ejército Rebelde están
en los cuarteles, que de ahí no se ha tocado una
sola, no se las ha llevado nadie para su casa,
ni las ha escondido; están en los cuarteles,
bajo llave; lo mismo en Pinar del Río, que en La
Cabaña, que en Columbia, que en Matanzas, que en
Santa Clara, que en Camagüey y que en Oriente;
no se han cargado camiones con armas para
esconderlos en ninguna parte, porque esas armas
deben estar en los cuarteles.
Les voy a hacer una pregunta, porque hablando
claro y analizando los problemas es como se
resuelven, y yo estoy dispuesto a hacer lo que
esté al alcance de mi mano por resolverlos como
se deben resolver: con la razón y la
inteligencia, y con la influencia de la opinión
pública, que es la que manda, no con la fuerza;
porque si fuera a creer en la fuerza, que tenía
que resolverse con la fuerza, no habría que
hablar con el pueblo, ni plantearle este
problema, sino ir a buscar las armas esas (APLAUSOS).
Y
lo que hay que buscar aquí es que los
combatientes revolucionarios, los hombres
idealistas, que pueden ser engañados con esa
maniobra, abandonen a los falsos lidercillos que
están en esa postura y vengan a ponerse al lado
del pueblo, que es al que tienen que servir
antes que nada.
Yo les voy a hacer una pregunta: ¿Armas para qué?,
¿para luchar contra quién?, ¿contra el Gobierno
Revolucionario, que tiene el apoyo de todo el
pueblo? (EXCLAMACIONES DE: "¡No!") ¿Es acaso lo
mismo el magistrado Urrutia gobernando la
República que Batista gobernando la República? (EXCLAMACIONES
DE: "¡No!") ¿Armas para qué?, ¿hay dictadura
aquí? (EXCLAMACIONES DE: "¡No!") ¿Van a pelear
contra un gobierno libre, que respeta los
derechos del pueblo? (EXCLAMACIONES DE: "¡No!"),
¿ahora que no hay censura, y que la prensa es
enteramente libre, más libre de lo que ha sido
nunca, y tiene además la seguridad de que lo
seguirá siendo para siempre, sin que vuelva a
haber censura aquí? (APLAUSOS), ¿hoy, que todo
el pueblo puede reunirse libremente?, ¿hoy, que
no hay torturas, ni presos políticos, ni
asesinatos, ni terror?, ¿hoy que no hay más que
alegría, que todos los líderes traidores han
sido destituidos en los sindicatos, y que se va
a convocar inmediatamente a elecciones en todos
los sindicatos? (APLAUSOS). Cuando todos los
derechos del ciudadano han sido restablecidos,
cuando se va a convocar a unas elecciones en el
más breve plazo de tiempo posible, ¿armas, para
qué?, ¿esconder armas, para qué? ¿Para
chantajear al Presidente de la República?, ¿para
amenazar aquí con quebrantar la paz?, ¿para
crear organizaciones de gánsteres? ¿Es que vamos
a volver al gangsterismo?, ¿es que vamos a
volver al tiroteo diario por las calles de la
capital? ¿Armas, para qué?
Pues yo les digo a ustedes que hace dos días
elementos de determinada organización fueron a
un cuartel, que era el cuartel San Antonio,
cuartel que estaba bajo la jurisdicción del
comandante Camilo Cienfuegos y bajo la
jurisdicción mía, como Comandante en Jefe de
todas las fuerzas, y las armas que estaban
recogidas allí se las llevaron, se llevaron 500
armas y 6 ametralladoras y 80 000 balas (EXCLAMACIONES
DE: "¡A buscarlas!").
Y
honradamente les digo que no se pudo haber
cometido provocación peor. Porque hacerles eso a
hombres que han sabido pelear aquí por el país
durante dos años, a hombres que hoy están
responsabilizados con la paz del país y quieren
hacer las cosas bien hechas, es una canallada y
es una provocación injustificable.
Y
lo que hemos hecho nosotros no es ir a buscar
los fusiles esos; porque, precisamente —lo que
les decía antes— lo que queremos es hablar con
el pueblo, utilizar la influencia de la opinión
pública, para que los lidercillos que andan
detrás de esas maniobras criminales, se queden
sin tropa. Para que los combatientes idealistas
—y los hombres que han combatido en cada
organización aquí son verdaderos idealistas—, lo
sepan, para que exijan responsabilidad por esos
hechos.
Y
es por eso que nosotros no nos hemos dejado ni
provocar, los hemos dejado tan tranquilos por
ese robo de armas, robo injustificado, porque
aquí no hay dictadura y nadie tema que nosotros
nos vayamos a convertir en dictadores, y les voy
a decir por qué, se los voy a decir: se
convierte en dictador el que no tiene al pueblo
y tiene que acudir a la fuerza, porque no tiene
votos el día que tenga que aspirar (APLAUSOS).
No nos podemos convertir en dictadores los
hombres que hemos visto tanto cariño en el
pueblo, un cariño unánime, total y absoluto en
el pueblo; aparte de nuestros principios, porque
jamás incurriremos en la grosería de ostentar
por la fuerza una posición, porque repugnamos
eso, que por algo hemos sido los abanderados de
esta lucha contra la asquerosa y repugnante
tiranía (APLAUSOS).
Nosotros jamás necesitaremos de la fuerza,
porque tenemos el pueblo, y además porque el día
que el pueblo nos ponga mala cara, nada más nos
ponga mala cara, nos vamos (APLAUSOS). Porque
entendemos esto como un deber, no como un
placer; entendernos esto como un trabajo, que
por algo ni dormimos, ni descansamos, ni comemos,
recorriendo la isla y trabajando honradamente
por servir a nuestro país; que por algo no
tenemos nada, y por algo seremos siempre hombres
que no tendremos nada (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES
DE: "¡Tienes al pueblo!"). Y jamás nos verá el
pueblo con una inmoralidad, ni concediendo un
privilegio a nadie, ni tolerando una injusticia,
ni robando, ni enriqueciéndonos, ni cosas por el
estilo; porque el poder lo concebimos como un
sacrificio, y créanme que si no fuera así,
después de todas las muestras de cariño que yo
he recibido del pueblo, de toda esa
manifestación apoteósica de hoy, si no fuera un
deber el que uno tiene que cumplir, lo mejor era
irse, retirarse, o morirse; porque después de
tanto cariño y de tanta fe, ¡miedo da el no
poder cumplir como uno tiene que cumplir con
este pueblo! (APLAUSOS PROLONGADOS).
Y
si no fuera por ese deber, si no fuera por ese
deber —lo digo— lo que yo haría sería despedirme
del pueblo, y quedar siempre con el cariño que
tengo hoy, y que me llamen con las mismas frases
de aliento con que me han llamado hoy.
Sin embargo, yo sé que el poder es una tarea
ardua, complicada, que las misiones y las tareas
de nosotros como este mismo problema que se nos
presenta, realmente es un problema difícil y
está lleno de amarguras, y lo afronta uno porque
lo único que uno no le va a decir al pueblo en
esta hora es: "Me voy." (EXCLAMACIONES DE:
"¡Viva el padre de la patria!", SEGUIDO DE UNA
OVACION CERRADA.)
Además, por otra razón no nos interesa la fuerza:
porque el día que alguien se alzara aquí con la
fuerza, y yo me atrevería a llamar al peor
enemigo y al que menos simpatizara conmigo, si
estuviera dispuesto a cumplir con el pueblo, y
le diría: "Mire, tome todas esas fuerzas, todas
esas tropas y todas esas armas", y me quedaría
tan tranquilo, porque sé que el día que se
alzara con la fuerza, me iba yo otra vez para la
Sierra Maestra e íbamos a ver cuánto duraba la
dictadura esa ahí en el poder (APLAUSOS).
Si algún día hay que pelear contra
un enemigo extraño o contra un
movimiento que venga contra la Revolución,
no pelearán cuatro gatos, peleará el pueblo
entero
Yo creo que son razones más que suficientes para
que todo el mundo crea que a nosotros no nos
interesa controlar ningún poder por la fuerza.
El Presidente de la República me ha encomendado
la más espinosa de todas las tareas, la tarea de
reorganizar los institutos armados de la
República y me ha asignado el cargo de
Comandante en Jefe de todas las fuerzas de aire,
mar y tierra de la nación (APLAUSOS Y
EXCLAMACIONES DE: "¡Te lo mereces!"). No, no me
lo merezco, porque eso es un sacrificio para mí,
y en definitiva para mí eso no es ni motivo de
orgullo, ni motivo de vanidad, y lo que es para
mí es un sacrificio. Pero yo quiero que el
pueblo me diga si cree que debo asumir esa
función (APLAUSOS PROLONGADOS Y EXCLAMACIONES
DE: "¡Sí!").
Creo que si hicimos un ejército con 12 hombres,
y esos 12 hombres hoy estén al frente de los
mandos militares, creo que si enseñamos a
nuestro ejército que a un prisionero jamás se
asesinaba, que a un herido jamás se abandonaba,
que a un preso jamás se golpeaba, somos los
hombres que podemos enseñar a todos los
institutos armados de la República las mismas
cosas que enseñamos a ese ejército (APLAUSOS).
Para tener unos institutos armados donde ni uno
solo de sus hombres vuelva jamás a golpear a un
prisionero, ni a torturarlo, ni a matarlo (APLAUSOS).
Y porque, además, podemos servir de puente entre
los revolucionarios y los militares decentes,
los que no han robado, ni han asesinado, porque
esos militares, los que no han robado y los que
no han asesinado, tendrán derecho a seguir
perteneciendo a las fuerzas armadas (APLAUSOS);
como también les digo que el que haya asesinado,
no lo salva nadie del pelotón de fusilamiento (APLAUSOS
PROLONGADOS).
Además, todos los combatientes revolucionarios
que deseen pertenecer a las fuerzas regulares de
la República tienen derecho, pertenezcan a la
organización que pertenezcan, con sus grados...
Las puertas están abiertas para todos los
combatientes revolucionarios que quieran luchar
y que quieran hacer una tarea en beneficio del
país. Y si eso es así, si hay libertades, si hay
un gobierno de hombres jóvenes y honrados, si el
país está contento, si tiene confianza en ese
gobierno y en los hombres que están mandando las
fuerzas armadas, si va a haber unas elecciones,
si las puertas están abiertas para todos, ¿por
qué almacenar armas?
Yo quiero que me digan si el pueblo lo que
quiere es que haya paz, o lo que quiere es que
en todas las esquinas haya un tipo armado con un
fusil; yo quiero que me digan si el pueblo está
de acuerdo o considera que es correcto que todo
el que quiera aquí tenga un ejército particular,
que no obedezca más que a su jefecito (EXCLAMACIONES
DE: "¡No!"); si así puede haber orden y paz en
la República (EXCLAMACIONES DE: "¡No!").
(ALGUIEN
EXCLAMA: "¡Depuración de las fuerzas armadas!")
Superdepuración, no depuración (APLAUSOS).
(EXCLAMACIONES
DE: "¡Habla de Raúl!") Raúl está en el Moncada,
que es donde tiene que estar ahora.
Y
esos son los problemas que hoy he querido
plantear ante el pueblo. Lo antes posible tienen
que marcharse los fusiles de las calles y
desaparecer los fusiles de las calles (APLAUSOS).
Porque ya no hay enemigo enfrente, porque ya no
hay que pelear contra nadie; y si algún día hay
que pelear contra un enemigo extraño o contra un
movimiento que venga contra la Revolución, no
pelearán cuatro gatos, peleará el pueblo entero
(APLAUSOS PROLONGADOS).
Donde las armas tienen que estar es en los
cuarteles, que nadie tiene derecho a tener
ejércitos particulares aquí (APLAUSOS).
Esos elementos que andan con esas maniobras
sospechosas, tal vez hayan encontrado pretexto
para hacer eso en el hecho de que yo haya sido
designado, y los compañeros míos, para un
trabajo que es el que nos asignó el Presidente,
y han hablado de que si hay ejército político. ¿Ejército
político, cuando como les dije a ustedes,
tenemos a todo el pueblo, que ese es de verdad
nuestro ejército político?
Hoy yo quiero advertir al pueblo, y yo quiero
advertir a las madres cubanas, que yo haré
siempre cuanto esté a nuestro alcance por
resolver todos los problemas sin derramar una
gota de sangre (APLAUSOS). Yo quiero decirles a
las madres cubanas que jamás, por culpa nuestra,
aquí volverá a dispararse un solo tiro; y yo
quiero pedirle al pueblo, como le quiero pedir a
la prensa, como le quiero pedir a todos los
hombres sanos y responsables del país, que nos
ayuden a resolver estos problemas con el apoyo
de la opinión pública, no con transacciones,
porque cuando la gente se arma y amenaza para
que le den algo, eso es una inmoralidad, y eso
no lo aceptaré jamás (APLAUSOS). Porque después
que determinados elementos se han puesto a
almacenar armas, digo aquí que no aceptaré la
menor concesión, porque eso sería rebajar la
moral de la Revolución (APLAUSOS). Y que lo que
hay que hacer es que el que no pertenezca a las
fuerzas regulares de la República —adonde tiene
derecho a pertenecer todo combatiente
revolucionario—, que devuelva las armas a los
cuarteles, porque aquí las armas sobran cuando
ya no hay tiranía y está demostrado que las
armas solo valen cuando se tiene la razón, y se
tiene al pueblo, y de lo contrario, no sirven
más que para asesinar y para cometer fechorías (APLAUSOS).
Quiero decirle además al pueblo que puede tener
la seguridad de que las leyes del país serán
respetadas y que aquí no habrá gangsterismo, ni
pandillerismo, ni bandolerismo; sencillamente,
porque no habrá tolerancia. Las armas de la
República están hoy en manos de los
revolucionarios. Esas armas, tengo la esperanza
de que no habrá que usarlas jamás, pero el día
que el pueblo lo ordene para garantizar su paz,
su tranquilidad y sus derechos, cuando el pueblo
lo pida, cuando el pueblo lo quiera, cuando ya
sea una necesidad, entonces esas armas cumplirán
con lo que tienen que cumplir, y cumplirán con
su deber, sencillamente (APLAUSOS).
Nadie piense que vamos a caer en provocaciones,
porque estamos demasiado serenos para caer en
provocaciones, porque tenemos unas
responsabilidades muy grandes para precipitarnos
nunca en tomar medidas, ni en hacer alardes ni
cosa que se parezca, y porque estoy muy
consciente de que aquí hay que agotar siempre —y
agotaré siempre— todos los medios persuasivos, y
todos los medios razonables, y todos los medios
humanos para evitar que se derrame una sola gota
de sangre más en Cuba. Así que en provocaciones,
nadie tema que caiga; porque cuando la paciencia
se nos haya acabado a todos nosotros, buscaremos
más paciencia, y cuando la paciencia se nos
vuelva a acabar, volveremos a buscar más
paciencia; esa será nuestra norma (APLAUSOS). Y
esa tiene que ser la consigna de los hombres que
tienen las armas en la mano y de los que tienen
el poder en la mano: no cansarse nunca de
soportar, no cansarse nunca de resignarse a
todas las amarguras y a todas las provocaciones,
excepto cuando ya se vayan a poner en peligro
los intereses más sagrados del pueblo. Pero eso
cuando de verdad se demuestre, eso cuando ya sea
una demanda de la nación entera, de la prensa,
de las instituciones cívicas, de los
trabajadores, y de todo el pueblo; cuando lo
pidan, y solo cuando lo pidan. Y lo que haré
siempre, en cada una de esas circunstancias, es
venir y decirle al pueblo: "Miren, ha pasado
esto".
Esta vez he omitido nombres, porque no quiero
envenenar la atmósfera, porque no quiero
aumentar la tensión; lo que simplemente quiero
es prevenir al pueblo de esos peligros, porque
sería muy triste que esta Revolución que tanto
sacrificio ha costado —no que se vaya a frustrar,
porque esta Revolución no se frustra de ninguna
manera, porque ya se sabe que con el pueblo y
con todo lo que hay a favor del pueblo, no hay
el menor peligro—, pero sí sería muy triste que
después del ejemplo que se ha dado a América,
aquí se vuelva a disparar un tiro.
Es verdad que en casi todas las revoluciones,
después de la lucha, viene otra, y después viene
otra —y observen la historia de todas las
revoluciones, en México y en todas partes. Sin
embargo, parecía que esta iba a ser una
excepción, como ha sido una excepción en todo lo
demás; ha sido extraordinaria en todo lo demás,
y quisiéramos que también fuera extraordinaria
en el hecho de que no se disparara más un tiro
aquí; y creo que se logrará, creo que la
Revolución triunfará sin que se dispare más un
tiro, ¿saben por qué? Porque es realmente
admirable el grado de conciencia que se ha
desarrollado en el país, el civismo de este
pueblo, la disciplina de este pueblo, el
espíritu de este pueblo; realmente, me siento
orgulloso de todo el pueblo, tengo una fe
extraordinaria en el pueblo de Cuba (APLAUSOS).
Vale la pena sacrificarse por nuestro pueblo.
Lo que dentro de poco estará necesitando el
pueblo, cuando pase la alegría del triunfo, es
trabajo, la manera de ganarse la vida
decorosamente
Hoy tuve el gusto de dar un ejemplo delante de
toda la prensa: estaba la multitud delante del
Palacio Presidencial, y me decían que hacía
falta 1 000 hombres para salir de allí; entonces,
me paré y le pedí al pueblo que hiciera dos
filas, que no hacía falta ningún hombre, que yo
solo iba a ir allí, y en pocos minutos el pueblo
hizo sus dos filas, y pasamos por allí, sin
problemas de ninguna clase. Ese es el pueblo de
Cuba, y esa prueba se dio delante de todos los
periodistas (APLAUSOS).
Desde ahora, ya se acabaron los agasajos y las
ovaciones; desde ahora, para nosotros: a
trabajar, mañana será un día igual que otro
cualquiera, y todos los demás igual, y nos
acostumbraremos a la libertad. Ahora estamos
contentos porque hacía mucho tiempo que no
éramos libres, pero dentro de una semana nos
preocuparán otras cosas: si tenemos dinero para
pagar el alquiler, si la luz eléctrica, si la
comida, que esos son los problemas que de verdad
tiene que resolver el Gobierno Revolucionario,
el millón de problemas que tiene el pueblo de
Cuba, y que para eso tiene un consejo de
ministros de hombres jóvenes que yo sé que están
poseídos de un entusiasmo, que tengo la
seguridad de que van a cambiar a la República,
tengo la seguridad (APLAUSOS PROLONGADOS).
Además porque hay un Presidente que está seguro
en el poder, que no lo amenaza ningún peligro,
porque los peligros de que yo hablaba, no eran
los peligros de que el régimen sufriera algún
peligro de ser derrocado, son a mil leguas de
distancia de eso; yo hablaba del peligro de que
se derramara una sola gota de sangre más. Pero
el Presidente de la República está consolidado,
reconocido ya por todas las naciones —no todas,
pero rápidamente lo están reconociendo todas las
naciones del mundo—, y cuenta con el respaldo
del pueblo y con el respaldo de nosotros, con el
respaldo de las fuerzas revolucionarias; y
respaldo verdadero, y respaldo sin condiciones,
respaldo sin pedir ni reclamar nada, porque aquí
hemos luchado por los fueros del poder civil, y
lo vamos a demostrar, que para nosotros los
principios están por encima de toda otra
consideración y que no luchamos por ambiciones.
Creo que hemos demostrado suficientemente haber
luchado sin ambiciones. Creo que ningún cubano
albergue sobre ello la menor duda.
Así que ahora todos tenemos que trabajar mucho.
Yo, por mi parte, estoy dispuesto a hacer todo
lo más que se pueda en beneficio del país, como
sé que están todos mis compañeros, como sé que
está el Presidente de la República y como sé que
están todos los ministros, que no van a
descansar. Y yo les aseguro que si hoy sale uno
de Cuba y regresa dentro de dos años, no va a
conocer esta República.
Veo un extraordinario espíritu de colaboración
en todo el pueblo, veo a la prensa, a los
periodistas, a todos los sectores del país,
deseosos de ayudar, y eso es lo que hace falta.
Y es que el pueblo de Cuba ha aprendido mucho, y
en estos siete años ha aprendido por setenta. Se
dijo que el golpe de Estado había sido un
retraso de veinticinco años; si fue así —y
aquello era de verdad un retraso de veinticinco
años—, ahora hemos dado un avance de cincuenta.
La República está desconocida: nada de
politiquería, nada de vicio, nada de juego, nada
de robo. Hemos empezado hace unos días, y ya
está casi desconocida la República.
Ahora nos queda un trabajo grande por hacer.
Todos los problemas relacionados con las fuerzas
armadas, son problemas que estarán relacionados
con nuestras futuras actividades, pero, además,
siempre haremos todo lo que esté al alcance de
nuestras manos por todo el pueblo, porque yo no
soy militar profesional, ni de carrera, ni mucho
menos; yo estaré aquí el tiempo mínimo, y cuando
termine aquí voy a hacer otras cosas porque,
sinceramente, yo no voy a hacer falta aquí en
esto (EXCLAMACIONES). Me refiero a que no voy a
hacer falta dentro de las actividades de tipo
militar, y que tengo otras ilusiones, de otras
clases. Y eso mismo, entre otras cosas: el día
que quiera tirar tiros, pelear, cimentar una
inquietud, hay mucho campo aquí donde hacer las
cosas (APLAUSOS).
(EXCLAMACIONES
DE: "¡Hay que fomentar fuentes de trabajo!"). Si
no resolvemos todos esos problemas, esta no
sería una revolución, compañeros, porque creo
que el problema fundamental de la República en
estos momentos, y lo que dentro de poco estará
necesitando el pueblo, cuando pase la alegría
del triunfo, es trabajo, la manera de ganarse la
vida decorosamente (APLAUSOS).
Pero no es eso solo, compañeros; hay mil cosas
más de las cuales yo he estado hablando todos
estos días, que imagino que ustedes, el que más
y el que menos, habrá escuchado por la radio y
por la prensa, y además, porque no vamos a
agotar todos los temas en una sola noche.
Vamos a quedarnos pensando en estos problemas de
los que les he hablado hoy, y vamos a concluir
la larga jornada —que aunque yo no estoy cansado,
sé que ustedes tienen que regresar a las casas y
están lejos (EXCLAMACIONES DE: "¡No importa!",
"¡Sigue!").
Yo tenía el compromiso de ir al programa "Ante
la Prensa" esta noche a las 10:30 o a la hora
que fuera, y ya es la 1:30 (EXCLAMACIONES DE: "¡Mañana!").
Bueno, lo dejaré para mañana.
Ustedes tendrán oportunidad de escuchar por la
prensa, por la radio y por todos los medios
posibles, a los ministros.
Todos los amigos míos de tanto tiempo, de
dondequiera han venido: de la escuela, del
barrio. Casi estoy por decirles que conozco ya a
todos los cubanos...
Y
decía que tendrán oportunidad de oír a los
ministros, cada uno de los cuales tiene sus
planes y expondrán su programa; y cada uno de
los hombres que está en el consejo de ministros
está grandemente compenetrado con todos los
demás elementos revolucionarios.
El Presidente de la República, con el derecho
que le corresponde —porque se eligió sin
condiciones—, ha elegido una mayoría de
ministros del Movimiento 26 de Julio. Tenía su
derecho, y al pedir nuestra colaboración, la ha
tenido plenamente, y nos responsabilizamos con
ese Gobierno Revolucionario.
Lo que yo he dicho en otra parte: nadie vaya a
creer que las cosas se van a resolver de la
noche a la mañana. La guerra no se ganó en un
día, ni en dos, ni en tres, y hubo que luchar
duro; la Revolución tampoco se ganará en un día,
ni se hará todo lo que se va a hacer en un día.
Además, le he dicho al pueblo en otros actos que
no se vayan a creer que esos ministros son unos
sabios —empiezo por decirles que ninguno ha sido
ministro antes, o casi ninguno. Así que nadie
sabe ser ministro, eso es una cosa nueva para
ellos; lo que están es llenos de buenas
intenciones. Y yo digo en esto, igual que digo
de los comandantes rebeldes: miren, el
comandante Camilo Cienfuegos no sabía de guerra,
ni de manejar un arma, absolutamente nada. El
Che no sabía nada; cuando conocí al Che en
México se dedicaba a disecar conejos y hacer
investigaciones médicas. Raúl tampoco sabía
nada; Efigenio Ameijeiras tampoco sabía nada; y
al principio no sabían nada de guerra, y al
final se les podía decir, como les dije: "Comandante,
avance sobre Columbia, y tómela"; "Comandante,
avance sobre La Cabaña, y tómela"; "Avance sobre
Santiago, y tómelo", y yo sabía que lo tomaban...
(APLAUSOS PROLONGADOS). ¿Por qué? Porque habían
aprendido.
Es posible que los ministros ahora no tengan
grandes aciertos, pero estoy seguro de que
dentro de unos meses van a saber resolver todos
los problemas que les presente el pueblo, porque
tienen lo más importante: el deseo de acertar y
de ayudar al pueblo; y, sobre todo, estoy seguro
de que ni uno solo, jamás, cometerá una de las
faltas clásicas de los ministros. ¿Ustedes saben
cuál es, no? (EXCLAMACIONES DE: "¡Robar!", "¡Robar!").
¡Ah!, ¿cómo lo saben?
Pues, sobre todo, eso: la moral, la honradez de
esos compañeros. No serán sabios, porque aquí
nadie es sabio, pero sí les aseguro que hay
honrados de sobra, que es lo que se está
pidiendo. ¿No es lo que ha estado pidiendo el
pueblo siempre, un gobierno honrado? (EXCLAMACIONES
DE: "¡Sí!"). Entonces, vamos a darles un voto de
confianza, vamos a dárselo, vamos a esperar (EXCLAMACIONES).
Sí, son del "26" la mayoría, pero si no sirven,
después vendrán los del 27, o los del 28. Ya
sabemos que hay mucha gente capacitada en Cuba,
pero todos no pueden ser ministros. ¿O es que
acaso el "26 de Julio" no tiene derecho a hacer
un ensayo de gobernar la República? (EXCLAMACIONES
DE: "¡Sí!").
Así que eso es todo por hoy. Realmente, nada más
me falta algo... Si supieran, que cuando me
reúno con el pueblo se me quita el sueño, el
hambre; todo se me quita. ¿A ustedes también se
les quita el sueño, verdad? (EXCLAMACIONES DE:
"¡Sí!).
Lo importante, o lo que me falta por decirles,
es que yo creo que los actos del pueblo de La
Habana hoy, las concentraciones multitudinarias
de hoy, esa muchedumbre de kilómetros de largo —porque
esto ha sido asombroso, ustedes lo vieron;
saldrá en las películas, en las fotografías—, yo
creo que, sinceramente, ha sido una exageración
del pueblo, porque es mucho más de lo que
nosotros merecemos (EXCLAMACIONES DE: "¡No!").
Sé, además, que nunca más en nuestras vidas
volveremos a presenciar una muchedumbre
semejante, excepto en otra ocasión —en que estoy
seguro de que se van a volver a reunir las
muchedumbres—, y es el día en que muramos,
porque nosotros, cuando nos tengan que llevar a
la tumba, ese día, se volverá a reunir tanta
gente como hoy, porque nosotros ¡jamás
defraudaremos a nuestro pueblo!
(OVACIóN) |