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Capítulo
1:
A pesar del rechazo de los pueblos y muchos gobiernos en el mundo, Estados
Unidos insiste en la manipulación de los trabajos de la Comisión de Derechos
Humanos como parte de su política anticubana.
Capítulo
2:
Los procesos intergubernamentales de la maquinaria de las Naciones Unidas para
los derechos humanos han sido secuestrados por Estados Unidos y sus aliados
cercanos como instrumentos de presión para sus políticas de dominación
global.
Capítulo
3:
A pesar de la injusta maniobra anticubana que impone Estados Unidos a la CDH,
Cuba continúa honrando su compromiso de cooperación con todos los mecanismos no
discriminatorios en materia de derechos humanos.
CUBA Y LOS DERECHOS HUMANOS
(Parte
II)
El Ejercicio Anticubano En Materia De Derechos Humanos: La
fabricación De Un Espurio Pretexto A La Continuidad De La Política De
hostilidad, Bloqueo Y Agresiones De Estados Unidos Contra El Pueblo
cubano
TABLA DE CONTENIDO DE TODAS LAS PARTES DEL
LIBRO
Capítulo
1:
A Pesar Del Rechazo De Los Pueblos Y Muchos Gobiernos En El Mundo, Estados
unidos Insiste En La Manipulación De Los Trabajos De La Comisión De Derechos
humanos Como Parte De Su Política Anticubana.
Capítulo
2:
Los Procesos Intergubernamentales De La Maquinaria De Las Naciones Unidas Para
los Derechos Humanos Han Sido Secuestrados Por Estados Unidos Y Sus Aliados
cercanos Como Instrumentos De Presión Para Sus Políticas De Dominación
global.
La incapacidad de la maquinaria de derechos humanos de la ONU
para atender violaciones masivas y flagrantes de los derechos humanos, cuando
sus perpetradores son ciudadanos de la superpotencia o de sus principales
aliados. La impunidad de los poderosos.
Anexo:
Tablas con las resoluciones por países adoptadas por la Comisión de Derechos
Humanos en el período 1995-2004, con relación a los temas de su programa
titulados: “Situaciones persistentes de violaciones de los derechos humanos y
las libertades fundamentales en cualquier parte del mundo” (tema 9) y “Servicios
de asesoramiento y cooperación técnica en materia de derechos humanos” (tema
19).
Capítulo
3:
A Pesar De La Injusta Maniobra Anticubana Que Impone Estados Unidos A La Cdh,
cuba Continúa Honrando Su Compromiso De Cooperación Con Todos Los Mecanismos No
discriminatorios En Materia De Derechos Humanos.
Capítulo 1: A Pesar Del Rechazo De Los Pueblos Y
muchos Gobiernos En El Mundo, Estados Unidos Insiste En La Manipulación De Los
trabajos De La Comisión De Derechos Humanos Como Parte De Su Política
anticubana.
En
los años 80 del pasado siglo, se produjo en Estados Unidos el ascenso de las
fuerzas de la ultraderecha conservadora al poder. El Documento de Santa Fé, que
sirvió de plataforma electoral y política a las fuerzas que acompañaron al
entonces presidente Ronald Reagan, anunciaba con relación a Cuba: “Un programa
de derechos humanos vigoroso y equitativamente aplicado, es el arma milagrosa de
los Estados Unidos contra la Unión Soviética y sus satélites y sustitutos.
Curiosamente, la Administración actual (...), no ha intentado seriamente aplicar
su doctrina de derechos humanos contra la Cuba de Castro (...)"
En el
marco de la nueva estrategia anticubana, la administración Reagan instruyó a
connotados terroristas cubanoamericanos, dirigidos y financiados por la CIA,
cambiar su fachada y “convertirse” en supuestos grupos de oposición política
pacífica y de defensa de los derechos humanos. En el interior de Cuba, con
fondos oficiales estadounidenses, se crearon varios pequeños grupos subversivos
de este tipo, reclutando a personas antes implicadas en actividades violentas de
carácter contrarrevolucionario, e incluso, a antiguos funcionarios y agentes de
la policía del régimen dictatorial de Fulgencio Batista. La labor de
reclutamiento se hizo extensiva a lumpens, oportunistas, resentidos, y a los
anexionistas de siempre.
En
los años 1985 y 1986, se llevaron a cabo las primeras tentativas fallidas de
imponer una condena a Cuba en materia de derechos humanos, en el marco de la
Tercera Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
El
primer intento de lograr algo similar en la Comisión de Derechos Humanos tuvo
lugar en 1987, cuando los Estados Unidos presentaron un proyecto de resolución
que no fructificó, al resultar aprobada una moción de no acción.
Estados Unidos presentó en 1988 un nuevo proyecto de resolución dirigido
a singularizar de modo condenatorio a Cuba, que también fracasó, a partir de la
positiva acogida que tuvo la iniciativa cubana de invitar una misión integrada
por el Presidente de la Comisión y otros cinco representantes de Estados
miembros, a realizar una visita al país.
Estados Unidos tampoco pudo cumplir en 1989 su objetivo de imponer una
condena a Cuba en la Comisión. Fueron derrotadas varias enmiendas presentadas
por los diplomáticos estadounidenses al proyecto de resolución sometido a la
consideración de la Comisión. El texto adoptado se limitó a tomar nota del
Informe elaborado por la Misión que visitara Cuba e invitar al Gobierno cubano a
trabajar en la aplicación de sus recomendaciones.
Al
emerger como única superpotencia, tras la desintegración de la Unión Soviética y
la desaparición del socialismo en Europa Oriental, Estados Unidos logró en 1990
por primera vez la adopción en la Comisión de Derechos Humanos de un proyecto de
resolución contra Cuba.
Cuba rechazó cualquier forma de cooperación con
un engendro de tal naturaleza, viciado desde su propio origen, motivado por
ilegítimos intereses y resultado de brutales presiones y chantajes.
La
posición de principios del pueblo cubano, su digna resistencia frente a la
infamia y la mentira, fue ganando poco a poco el reconocimiento y apoyo de los
miembros de la Comisión, hasta llegar a 1998, año en que el proyecto anticubano
presentado por Estados Unidos fue derrotado de manera incuestionable, en
votación de 16 a favor y 19 en contra.
Tras
la inesperada derrota, el gobierno estadounidense se dio a la tarea de crear una
nueva imagen a su maniobra anticubana en la CDH. Utilizando sus tradicionales
métodos, "convenció" al gobierno de turno en la República Checa, país que
necesitaba entonces el apoyo de Washington en su objetivo de ingresar a la OTAN,
para que asumiera la cara pública del proyecto contra Cuba en la Comisión. No
resultó difícil al equipo de oportunistas encabezados por el ex presidente
Havel, que durante años aprendió obedientemente a cumplir las instrucciones y a
disfrutar el dinero de Washington, asumir tan denigrante tarea.
Con
este nuevo diseño y empeñándose siempre a fondo en sus habituales presiones y
chantajes, Estados Unidos logró hacer adoptar –siempre por un muy escaso margen
de entre uno y tres votos - el proyecto anticubano desde 1999 al
2001.
Ya
para finales del año 2001, resultaba evidente que dicho esquema había entrado en
una profunda crisis. La superpotencia comprendió que necesitaba “refrescar” la
imagen de su ejercicio anticubano, cuestión que se convirtió en estratégica tras
su bochornosa exclusión de la membresía de la Comisión, como resultado de
elecciones mediante el voto secreto llevadas a cabo en el Consejo Económico y
Social.
Se
recrudecieron entonces las gestiones de altos funcionarios de la administración
Bush para imponer a uno o a varios países de América Latina la presentación del
proyecto anticubano en el 58º período de sesiones de la Comisión en el
2002.
La
intensidad de las presiones ejercidas por altos personeros de Estados Unidos y
la profundización de la vulnerabilidad y dependencia hacia la política
hegemónica norteamericana en la región de varios gobiernos latinoamericanos, con
muy bajos niveles de aceptación de sus pueblos, facilitó la cristalización de su
objetivo. Fue el entonces presidente Jorge Batlle, del Uruguay, el que asumiera
el papel de marioneta de guiñol en la presentación pública del guión anticubano,
redactado hasta el detalle de sus comas y puntos en Washington, acomodando
únicamente el parecer de la mafia terrorista de Miami.
En
contraste con la posición sumisa de unos pocos gobiernos latinoamericanos, de
modo unánime los pueblos de la región condenaron la maniobra anticubana. No sólo
se lanzaron a las calles a protestar en varias capitales, sino también en países
como Argentina, Perú, México y Guatemala, los parlamentos reclamaron a sus
Gobiernos que no acompañaran tal acción y mantuvieran una posición de
independencia y decoro en Ginebra.
El
texto anticubano impuesto en el 58º período de sesiones de la Comisión en el año
2002, que sus mercachifles por encargo intentaron sin éxito presentar como un
producto “novedoso” y con un enfoque “constructivo”, no hacía otra cosa que
restablecer un mecanismo injusto de monitoreo a una inexistente situación de
derechos humanos en Cuba. Lo peor en este caso, es que concurría como factor
agravante en la manipulación anticubana, concebida por y para satisfacer los
intereses de dominación de Washington, la decisión de involucrar en el sucio
procedimiento nada menos que al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los
Derechos Humanos.
Los
representantes de la mafia terrorista cubanoamericana, cumplieron en este
proceso un importante papel en apoyo a las acciones anticubanas del gobierno de
Estados Unidos. Aprovechando la presencia de sus representantes en el Congreso
estadounidense, se involucraron directamente en las acciones de presión y
chantaje contra varios gobiernos. Por otra parte, cumplieron misiones de
propaganda con el objetivo de vender la imagen de que tras las acciones de la
administración Bush contra Cuba, estaba el “reclamo” de un llamado “exilio
cubano”.
El 18
de septiembre de 2002, once congresistas al servicio de la mafia terrorista de
Miami, encabezados por Ileana Ros-Lehtinen y Lincoln Díaz-Balart, enviaron una
carta al entonces Alto Comisionado de las Naciones Unidas, urgiéndolo a
involucrarse personalmente en las acciones contra Cuba.
El 13 de
diciembre del propio año, Ros-Lehtinen envió una nueva carta al Alto
Comisionado, conminándolo a que solicitara a Cuba la liberación de varios
mercenarios que habían sido justamente sancionados en la Isla, por delitos
cometidos al servicio del gobierno de Estados Unidos.
A
principios de enero del 2003, el subsecretario del Departamento de Estado para
Asuntos Políticos, Marc Grossman, envió un mensaje al Alto Comisionado para
recordarle que no había nominado aún a su Representante Personal para Cuba y
confirmarle que Estados Unidos consideraba importante que esto se produjera en
el más breve plazo.
Ante
la reticencia del entonces gobierno de Uruguay a desempeñar nuevamente en el
2003 el papel de “primer actor” en el libreto anticubano preparado por
Washington – a partir del alto costo político que tuvo que pagar ante su pueblo
–, la superpotencia tuvo que realizar nuevas presiones sobre gobiernos
latinoamericanos vulnerables a ello, con el objetivo de encontrar un nuevo
“protagonista”.
La
señora Poblete – asistente de la congresista anticubana Ileana Ross-Lehtinen -
viajó a Ginebra a principios de enero del 2003 y se reunió por separado con
algunos representantes diplomáticos latinoamericanos con el objetivo de explorar
sus respectivas percepciones con relación al ejercicio anticubano que promueve
Estados Unidos, calibrar las áreas y temas específicos de mayor vulnerabilidad
de cada uno de esos gobiernos latinoamericanos y preparar recomendaciones
concretas para incrementar el impacto del chantaje y los condicionamientos que
serían instrumentados ulteriormente, tanto por el congreso como por la
administración norteamericanos.
A
fines de ese propio mes, la subsecretaria de Estado para Asuntos Globales, Paula
Dobrianski, viajó a varios países latinoamericanos, reuniéndose con presidentes
y cancilleres con el objetivo de forzar un comprometimiento en la presentación
del proyecto anticubano en la 59 CDH.
Los
embajadores de Estados Unidos en diversas capitales del mundo, como ha sido
tradicional, cumplieron paralelamente importantes tareas de apoyo al ejercicio
anticubano. Redoblaron sus actividades de desinformación y manipulación
propagandística contra Cuba, distribuyendo panfletos fabricados por el
Departamento de Estado con mentiras y tergiversaciones “actualizadas”. Por otra
parte, con mayor o menor sutileza y claridad – de acuerdo al grado de
dependencia del gobierno en cuestión a Estados Unidos –, se exigió apoyo a lo
que la superpotencia califica como su prioridad en los trabajos de la Comisión
de Derechos Humanos y se ”recordaron” las bondades de una buena relación
bilateral con la potencia hegemónica.
Con
el cinismo y oportunismo que la caracterizan, la administración del Presidente
George W. Bush intentó infructuosamente aprovechar la coordinación de turno que
ejercía Perú en el Grupo de Río, para tratar de imponer a este mecanismo de
concertación política de los países latinoamericanos la presentación del
proyecto de resolución anticubano en la 59 CDH.
Tras
el fracaso en sus pretensiones de “socializar” en un espectro político más
amplio su servicio al Imperio, el presidente Toledo de Perú tuvo que cargar
directamente con la “responsabilidad” de la presentación pública del proyecto de
resolución anticubano en la 59 CDH, con el acompañamiento del obediente gobierno
de Costa Rica y del ex presidente Batlle de Uruguay.
A
medida que se fue acercando el inicio de la Comisión, se recrudecieron las
presiones de Estados Unidos, que contaron en sus gestiones anticubanas con la
complicidad incondicional de gobiernos que actuaban como aliados-clientes de
Washington, en particular, del entonces presidente José María Aznar, personero
fascista defenestrado por el pueblo español por su servilismo a Bush y su
permanente manipulación y tergiversación de la verdad.
Para garantizar
los votos necesarios a la imposición del proyecto anticubano, la administración
Bush no reparó en límites éticos o legales. Desde Washington fueron anunciadas
promesas de “ayuda” financiera y otros beneficios para los que entregaran su
voto. Sin embargo, la práctica más común no fue la de nuevas ofertas;
prevalecieron las amenazas directas o veladas de bloqueos de préstamos y
asignaciones en las instituciones financieras internacionales que controla –
como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco
Interamericano de Desarrollo –, el retiro de facilidades concedidas
bilateralmente en materia comercial y migratoria, e incluso, el condicionamiento
de la conducta de Estados Unidos en el tratamiento de temas políticos de
importancia vital para los países objetos del chantaje.
Días
antes de la votación, se reforzaron las gestiones de Estados Unidos para incluir
en el texto del proyecto anticubano una condena explícita a las justas sanciones
judiciales impuestas en Cuba, contra mercenarios al servicio de su política
unilateral de hostilidad, bloqueo y agresiones.
El 18
de marzo de 2003, el vocero del Departamento de Estado, Richard Boucher, realizó
una declaración llamando a la Comisión a condenar la detención de sus
mercenarios en la Isla, en los términos más enérgicos.
Nuevamente la superpotencia decidió trabajar tras bambalinas. Pero en
esta ocasión, debió enfrentar obstáculos más complejos. Algunos gobiernos
latinoamericanos ya comprometidos con la presentación o el apoyo al proyecto
anticubano, acorralados por el rechazo de sus opiniones públicas a la agresión
imperialista contra Iraq y el temor de explosiones populares si se hacían
cómplices de una nueva escalada propagandística que podría servir de pretexto a
una agresión militar de la superpotencia contra el pueblo cubano, optaron por no
apoyar la nueva pretensión norteamericana contra Cuba.
Fue
al Gobierno de Costa Rica a quien correspondió la indigna misión de presentar la
enmienda concebida por Estados Unidos para fabricar las condiciones que le
facilitasen la agresión militar contra el pueblo cubano y así intentar poner fin
a su Revolución. Fue el de Costa Rica el único gobierno latinoamericano y del
Tercer Mundo que votó a favor de esa enmienda. ¿Resulta necesario algún
comentario adicional?
Cuba
radicó oficialmente el 16 de abril dos enmiendas al proyecto anticubano, bajo
las siglas E/CN.4/L.77, las cuales exigían el cese inmediato del bloqueo
unilateral e ilegal a Cuba y pedían al Alto Comisionado que realizara una
evaluación de los efectos para el pueblo cubano de los actos terroristas
llevados a cabo contra la Isla desde el territorio de Estados Unidos.
La
consideración de estas enmiendas suscitó un largo debate procesal y, como
consecuencia de ello, se postergó por 24 horas la consideración y adopción del
proyecto anticubano. En ese debate, totalmente descolocado y desenmascarada la
autoría estadounidense de la enmienda presentada por Costa Rica, al embajador de
la superpotencia en Ginebra no le quedó otra alternativa que declarar que su
delegación “apoyaba cualquier cosa contra Cuba”.
A
pesar de las enormes presiones ejercidas por Estados Unidos, la enmienda que
intentaba condenar a Cuba fue derrotada en la Comisión, al ser rechazada por una
aplastante mayoría de países. Sólo 15 países apoyaron la enmienda, mientras 31,
más del doble, la votaron en contra.
Con ese resultado, se asestó un duro
golpe a Washington y a la mafia anexionista y terrorista de origen cubano, que
al iniciarse la agresión unilateral del Imperio estadounidense contra Iraq, en
la única manifestación pública de apoyo a esa guerra ilegal en una ciudad del
mundo – no podría ser otra que Miami –, vociferó una verdadera proclama de
aliento a la agresión: “Iraq ahora, Cuba después”.
La
enmienda cubana condenando el bloqueo norteamericano como grave violación de los
derechos humanos no fue aprobada. El mismo grupo de gobiernos europeos y
latinoamericanos que con cinismo e hipocresía alegan una supuesta preocupación
sobre una inexistente situación de derechos humanos en Cuba – votando a favor y
copatrocinando el texto anticubano en Ginebra –, demostraron no contar con la
dignidad y el apego a la justicia suficiente para condenar el bloqueo genocida
que impone Estados Unidos al pueblo cubano, en violación de sus derechos más
elementales, incluyendo el propio derecho a la vida.
Los
gobiernos cómplices y subordinados al Imperio en su maniobra anticubana en la
CDH, quedaron al desnudo en su doble moral, hipocresía y sumisión a Washington y
a sus pretensiones de dominación a la nación cubana.
Tras
el rechazo de las enmiendas, fue votado el proyecto de resolución anticubano,
con las siglas E/CN.4/L.2, resultando aprobado por un escaso margen de 4 votos
de diferencia (24 a favor, 20 en contra y 9 abstenciones), esto a pesar de que
Estados Unidos contó con 24 horas adicionales para que sus brutales presiones
surtieran efecto.
La
resolución anticubana (E/CN.4/RES/2003/13), aunque no cumplió todas sus
expectativas, garantizó al Gobierno de los Estados Unidos la continuidad de su
ejercicio anticubano en los trabajos de la Comisión. Además de mantener el tema
en la agenda del órgano, logró consolidar el mecanismo de la llamada
Representante Personal del Alto Comisionado, garantizando a su cruzada
anticubana los servicios de un funcionario que compilaría y reproduciría las
mentiras elaboradas en Washington y Miami y por qué no, también aquellas
fabricadas con el dinero del Tío Sam en otras plazas como Praga y Varsovia.
Con
vista al 60 período de sesiones de la Comisión, efectuado en el 2004, Estados
Unidos aprovechó cada oportunidad desde fecha temprana para presionar a los
gobiernos en función del ejercicio anticubano, lo que incluyó, entre otras
acciones, visitas de varios subsecretarios de Estado a capitales
latinoamericanas y de Europa Oriental, en particular, la subsecretaria para
Asuntos Globales del Departamento de Estado, Paula Dobrianski. Fueron
despachadas también a esas latitudes con igual fin, dos delegaciones de
congresistas, en una de las cuales se incluyó la mafiosa de origen cubano,
Ileana Ros-Lehtinen, republicana por la Florida. Las acciones anteriores fueron
complementadas con varias giras y visitas a países latinoamericanos del ex
Embajador Especial de la Casa Blanca para América Latina, el protector de
terroristas y anticubano Otto Reich y del ex colaborador de Jesse Helms y
también anticubano Roger Noriega, subsecretario de Estado para Asuntos del
Hemisferio Occidental.
Cumplida esta primera fase de presiones político-diplomáticas, los
personeros de Washington se convencieron de que sólo podrían imponer la
presentación pública del texto anticubano en la 60 CDH a uno o varios países
centroamericanos o de Europa Central y Oriental. Aunque ambas opciones les
resultaban poco atractivas en cuanto a imagen – varios gobiernos
centroamericanos y de Europa Central y Oriental son percibidos por gran parte de
la opinión pública mundial como clientes del Imperio – optaron por la variante
centroamericana.
Con
todo lo que pudiera alegarse, los gobiernos centroamericanos tienen la ventaja
comparativa de pertenecer al concierto latinoamericano; el protagonismo público
de uno o varios gobiernos centroamericanos contra Cuba en Ginebra, permitiría a
la poderosa maquinaria de desinformación estadounidense presentar la maniobra
anticubana como una preocupación surgida en el seno de su “propia región”.
Estados Unidos se empeñó entonces en la tarea de imponer a los gobiernos
centroamericanos como grupo, la presentación pública del texto anticubano en la
60 CDH. Sin embargo, además de la resistencia desde un principio de uno que otro
gobierno, sabiendo que tal escalada anticubana concitaría el más profundo
repudio popular y afectaría gravemente las relaciones bilaterales con Cuba,
Washington encontró un escollo que no pudo superar, a pesar de sus presiones y
chantajes.
El
gobierno estadounidense, tras la derrota de la enmienda presentada por encargo
por Costa Rica en la 59 CDH, necesitaba asegurar la inclusión desde la primera
versión del texto anticubano en la 60 CDH, de una referencia crítica a Cuba por
la justa sanción impuesta a varias decenas de mercenarios en la nómina de la
Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana. Algunos gobiernos
centroamericanos objetaron sumarse a la presentación pública de un texto
anticubano si tenía ese añadido.
Frente a ese estado de cosas, Washington desechó la estrategia del
involucramiento colectivo de la subregión en la presentación del proyecto
anticubano y concentró sus presiones sobre los gobiernos centroamericanos más
vulnerables y dependientes. La estrategia sería sacrificar inicialmente el
prestigio y la credibilidad pública de un gobierno – que sería condenado a
interpretar el papel de “autor principal” – al que luego se le sumarían como
copatrocinadores aquellos que sucumbieran bajo la amenaza del garrote de la
superpotencia.
Más
adelante será identificado el gobierno que cumplió el triste papel de
presentador principal del proyecto anticubano en la 60 CDH. Como resultaría
lógico pensar, la tarea recayó en un gobierno que cuenta con uno de los peores
historiales en el hemisferio en materia de derechos humanos. Sólo un adelanto,
se trata de un gobierno que ni siquiera ha sido capaz de poner fin a la
impunidad de prácticas sistemáticas de ejecuciones extrajudiciales de decenas de
sus niños.
Como
apoyo a las acciones de presión de la Casa Blanca y del Departamento del Estado,
se efectuó en el mes de marzo una reunión del Comité de Relaciones
Internacionales del Congreso, convocada por la representante de origen cubano en
el poder legislativo estadounidense, Ileana Ros-Lehtinen. Al evento fueron
invitados diplomáticos de varios países latinoamericanos, que debieron escuchar
allí en la voz de Ros-Lehtinen los objetivos que tendría que cumplir el proyecto
contra Cuba en Ginebra. La mafiosa convertida en congresista, dictaminó
claramente que habría que agregar al texto adoptado el año anterior, uno o dos
párrafos con una condena más explícita a Cuba.
El
régimen-cliente del Imperio establecido en Praga, cumplió nuevamente su papel de
buhonero en el lucrativo negocio de la contrarrevolución cubana. Personeros
políticos y de la diplomacia por encargo de la República Checa recorrieron
diversas capitales del mundo – aprovechando las bondades de las finanzas de la
superpotencia –, repitiendo cual pésimos actores de reparto el libreto
anticubano escrito en Washington, con la complicidad de algunos en Miami. Debe
tenerse presente que el ex presidente Havel tuvo el alto “honor” de haber sido
“homenajeado” en esa ciudad de la Florida por los más altos representantes de la
mafia terrorista anticubana. El Vicecanciller Vosalik, uno de los empleados
subcontratados para la tarea, cumplió en los meses de febrero y marzo gestiones
contra la Revolución Cubana, en visitas a países latinoamericanos, e incluso, a
algunos africanos.
Conociendo la exactitud y efectividad de la labor de denuncia cubana,
Estados Unidos afinó sus acciones y exigió a sus cómplices el mayor hermetismo y
secreto en los preparativos del ejercicio anticubano en Ginebra. Pretendía un
imposible: fabricar la percepción de que el proyecto anticubano en la Comisión
de Derechos Humanos era el resultado de una preocupación genuina de la comunidad
internacional.
La
realidad fue nuevamente dura para Washington en el 60 período de sesiones de la
Comisión. Nunca antes se hizo tan evidente la factura estadounidense del
proyecto anticubano, a cuyo texto no permitieron que se le cambiara siquiera una
coma. Nunca había sido tan público el involucramiento de los diplomáticos
estadounidenses ejerciendo presiones para conseguir los votos necesarios a su
adopción y las firmas cómplices de países arrastrados al
copatrocinio.
Con
el fin de garantizar la compartimentación total de la información sobre el
proceso de gestación del engendro anticubano y para facilitar la efectividad de
la torcedura de brazos – no se admitió la más mínima opinión discordante el
acerca del producto final –, la redacción del texto del proyecto de resolución
anticubano se realizó bajo el más estricto secreto en Washington.
La
tarea de designar al presentador público del proyecto anticubano en la 60 CDH,
había sido facilitada al Imperio por uno de sus más incondicionales servidores.
José María Aznar había cumplido una vez más el papel de celestina de los
intereses de Washington en su maniobra anticubana. El 5 de marzo, pidió
directamente en Madrid al presidente de Honduras, Ricardo Maduro, durante la
Cumbre de Jefes de Estado centroamericanos y España, que fuera su país el
presentador del proyecto anticubano en Ginebra, como un gesto especial que el
presidente Bush le pedía.
El 9
de marzo el secretario de Estado, Colin Powell, exigió directamente en
Washington al presidente hondureño que asumiera la responsabilidad de registrar
oficialmente el proyecto contra Cuba en la 60 CDH. A cambio, Powell prometió en
esa ocasión que Estados Unidos consideraría a Honduras entre los países a ser
incluidos en las migajas de asistencia financiera que ha prometido distribuir en
el marco de una llamada Iniciativa del Milenio.
El
presidente Maduro a su regreso a Honduras, anunció la mencionada promesa de
asistencia estadounidense, pero ocultó la condición que le habían impuesto:
renunciar a la determinación soberana de las acciones que emprende el Estado
hondureño en Naciones Unidas, y peor aún, asumir el indigno papel de cómplice
principal de la agresión en Ginebra a la verdad y la justicia que reivindica el
pueblo cubano. El 24 de marzo tuvo lugar en Washington una reunión convocada
en la sede del Departamento de Estado, donde Marc Grossman, subsecretario de
Asuntos Políticos del Departamento de Estado, anunció a los diplomáticos de un
grupo de países invitados para la ocasión, que sería Honduras el “patrocinador
principal” del proyecto anticubano en la 60 CDH. Los asistentes de Grossman
procedieron seguidamente a distribuir el texto en inglés y sólo después se le
concedió el uso de la palabra al embajador hondureño en Washington, que con
timidez se limitó a confirmar el anuncio que había sido realizado. El embajador
hondureño, visiblemente nervioso y colocado frente a una situación de
humillación y embarazo, balbuceó algunas palabras incoherentes y pidió apoyo al
proyecto.
Mientras todo lo anterior ocurría tras bambalinas, había sido ya
distribuido oficialmente el informe de la llamada Representante Personal para
Cuba del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos
Humanos.
La
señora Christine Chanet, quien ha desempeñado hasta el presente el espurio
mandato creado en virtud de la resolución anticubana impuesta al 58 período de
sesiones de la CDH bajo las siglas E/CN.4/RES/2002/18, presentó a la 60 CDH su
primer informe escrito.
El
documento resultó – y no podía ser de otra manera a partir de las fuentes de
información utilizadas, de las presiones ejercidas por Estados Unidos y los
cómplices de su política hostil contra el pueblo cubano y de las injustas
motivaciones que sustentan su elaboración – un nuevo libelo anticubano, carente
de objetividad y que en lo fundamental, se limita a dar crédito a las falsas
alegaciones fabricadas por los expertos de la mentira en la plantilla de la CIA,
el Departamento de Estado y la mafia terrorista anticubana de Miami.
La
llamada Representante Personal terminó interpretando el triste libreto
anticubano concebido para su mandato por Estados Unidos y sus cómplices. En un
sistema internacional de derechos humanos claramente sometido a una profunda
manipulación política con fines de dominación mundial, un experto que valore su
crediblidad e imparcialidad debe evaluar cuidadosamente la naturaleza y las
circunstancias de la responsabilidad que se le propone antes de asumirla o
ejercitarla – aunque nunca es tarde para recapacitar y actuar honestamente.
Y es
que quien acepte desempeñar el mandato anticubano impuesto por la resolución
2002/18 de la Comisión, mecanismo ideado por la superpotencia para fabricar
pretextos a la continuidad de su política de hostilidad, bloqueo genocida y
agresiones contra el pueblo cubano, no debe esperar jamás de los cubanos y
cubanas aprecio o consideración.
Las
conclusiones y recomendaciones del informe de la llamada Representante Personal,
son calcos y reproducciones miméticas de las exigencias planteadas por la
superpotencia hegemónica al pueblo cubano con el objetivo de destruir su proceso
de transformaciones revolucionarias y retrotraerlo a la abyecta condición de
vasallaje neocolonial que le fuera impuesto por más de cinco décadas, tras la
ocupación militar de la Isla por las fuerzas del entonces naciente imperialismo
estadounidense.
La
llamada Representante Personal coincidió con los personeros de la administración
Bush y la mafia de Miami al solicitar a Cuba: que su gobierno interfiera y
suspenda justas decisiones adoptadas por tribunales respetando el debido proceso
y en virtud de leyes existentes antes de la perpetración de actos tipificados
como delitos graves; que libere y extienda impunidad de facto a un grupo de
mercenarios que actuaron bajo el pago y en cumplimiento de misiones asignadas
por la superpotencia que agrede a su pueblo; que modifique leyes y preceptos
constitucionales refrendados por la abrumadora mayoría del pueblo en ejercicio
de su derechos de soberanía y libre determinación; que facilite la entrada al
país a elementos internacionales al servicio de la política de hostilidad
anticubana de los círculos de poder imperial estadounidense y de la mafia
terrorista y anexionista de Miami, que cumplen misiones financiadas - entre
otras partidas -, por los 59 millones que están siendo destinados por Washington
al fomento de acciones dirigidas al aniquilamiento del sistema constitucional
cubano.
La
administración Bush, cumplida la tarea del sucio comprometimiento de un
presentador público del texto anticubano en la 61 CDH, no abandonó ni por un
segundo la conducción de la maniobra. Sus representantes desplegaron un fuerte
activismo anticubano desde el inicio mismo de la Comisión en Ginebra.
Estados Unidos negó toda posibilidad de negociación al texto anticubano
elaborado en Washington y obligó a los representantes hondureños a registrarlo
oficialmente con premura ante la Secretaría de la 60 CDH. Se impidió incluso a
los países que actúan de modo cómplice con su apoyo o copatrocinio al proyecto
anticubano, la más mínima posibilidad de proponer siquiera un cambio de
puntuación al proyecto anticubano.
A
pesar de no haberlos consultado ni tomado en cuenta, la superpotencia hegemónica
fue arrastrando, uno a uno, a los miembros de su cohorte al copatrocinio del
proyecto contra Cuba. A la lista se fueron sumando los mismos de siempre:
antiguas potencias coloniales venidas a menos y colocadas hoy en un triste plano
de obedientes “socios” de segunda clase; “aliados” serviles y subimperialismos
que sustentan sus apetencias de dominación cumpliendo funciones de cancerberos
subregionales de la política agresiva de Washington; algunos regímenes clientes
que aún subsisten contra la voluntad de sus pueblos en lo que la superpotencia
considera como su traspatio; y otros que simplemente no tuvieron el coraje de
resistir las presiones de Washington.
El 2
de abril de 2004, a las 6:00 pm hora de Ginebra, la delegación de Honduras
radicó el proyecto de resolución anticubano. Los representantes estadounidenses
dirigieron cada detalle de la operación. Para “compartir” y hacer más llevadera
la humillación pública que le había impuesto al gobierno hondureño – país que
nunca había demostrado interés en presentar proyecto de resolución alguno a la
consideración de la CDH –, Washington garantizó a las autoridades de Tegucigalpa
las firmas de acompañamiento de gobiernos tan “independientes” y “comprometidos”
con la causa de los derechos humanos como los de Nicaragua, El Salvador, Perú,
República Checa y Australia.
Haciendo gala de su larga experiencia en la materia, y a pesar de su
activismo en la búsqueda de copatrocinios y apoyos, el protagonista decidió
mantenerse trabajando desde la sombra. En el colmo del cinismo y la desfachatez,
Washington optó por no aparecer identificado en la lista de autores iniciales
del proyecto anticubano.
Su
texto – si no fuera por la enorme amenaza derivada del avance de la motivación
que lo inspira – merecería convertirse en un caso de estudio para políticos y
diplomáticos interesados en desarrollar la retórica fútil y en expresar tan poco
con tantas palabras.
Sin
embargo, es importante comprender el peligro que plantea una trampa tan sutil.
El ejercicio anticubano en la Comisión de Derechos Humanos es ilegítimo e
inaceptable para nuestro pueblo y para todos aquellos en el mundo apegados a la
verdad y la razón, no sólo por la letra del proyecto que se impone para
institucionalizarlo; sino especialmente porque contribuye a fabricar un pretexto
para dar continuidad a la política unilateral de hostilidad, bloqueo y
agresiones que por más de cuarenta años han impuesto sucesivas administraciones
estadounidenses contra la Isla, que ahora sume proporciones más peligrosas
cuando el “cambio de régimen” en todos aquellos países que no se someten al
imperialismo norteamericano se ha convertido en política oficial de
Washington.
El
texto impuesto contra Cuba en la 60 CDH, no incluye siquiera la más mínima o
solapada referencia a la política de bloqueo, hostilidad y agresiones de Estados
Unidos contra su pueblo, que es la única, masiva, sistemática, grave y sostenida
fuente de violaciones de derechos humanos a cubanos y cubanas. ¿Cómo podría
esperarse entonces que reconozca o suscriba el derecho del pueblo cubano a
adoptar medidas establecidas por la Ley para proteger su independencia, su libre
determinación y garantizar la defensa del sistema político, económico y social
soberanamente decidido para edificar un futuro de bienestar, justicia social y
solidaridad para todos?
El
proyecto anticubano fue adoptado por el ridículo margen de un voto de
diferencia, en votación de 22 a favor, 21 en contra y 10 abstenciones. Dicho
resultado constituyó una victoria pírrica para la superpotencia, cuyos
personeros se empeñaron en las más colosales y brutales presiones contra los
gobiernos de países en desarrollo. Corroborando el creciente desgaste y
desprestigio del ejercicio anticubano en Ginebra, la resolución recibió más
votos de rechazo que nunca antes y contó con 2 votos de apoyo menos que en el
año 2003.
Honduras cumplió un papel lamentable. Sus representantes, que fueron
notoriamente obligados a registrar un proyecto de resolución al que no pudieron
cambiar una coma, daban cada paso en la Sala de la Comisión siguiendo las
instrucciones que les dictaba la delegación estadounidense. Estos últimos les
indicaban los escaños donde debían recoger las firmas para el copatrocinio y los
animaban en el cumplimiento de su “misión”, presentándoles cifras “infladas”
acerca de los supuestos votos de apoyo que habrían asegurado tras las presiones
ejercidas en Washington y capitales. Por supuesto, Honduras no consiguió ni un
solo voto para “su” proyecto.
Para
asegurar la adopción del proyecto anticubano en Ginebra, la delegación
gubernamental de Estados Unidos a la 60 CDH fue “reforzada” con personal de
larga experiencia en la ejecución de la política de hostilidad anticubana y en
el uso del garrote contra gobiernos del Sur, entre ellos Frank Almaguer,
tenebroso personaje de origen cubano.
Almaguer sirvió como Embajador de Washington en Tegucigalpa desde 1999 al
año 2002. Anteriormente, había cumplido otras tareas de injerencia e
intervencionismo en Centroamérica y otros países de América Latina,
desarrollando sus misiones tras la fachada “humanitaria” de los llamados Cuerpos
de Paz y de la USAID.
Nunca
antes había sido tan claro el compromiso de una administración norteamericana
con los elementos más reaccionarios y agresivos de la mafia terrorista
anticubana de Miami. En el colmo de la desvergüenza y del desprecio a la
credibilidad de la Comisión, Washington acreditó como miembro de su delegación
al 60 período de sesiones del órgano a un connotado terrorista de origen cubano,
Luis Zúñiga Rey.
Zúñiga Rey fue detenido en agosto de 1974 y sancionado por los tribunales
al ingresar ilegalmente en Cuba procedente de Estados Unidos, cargado de
explosivos y armas, como parte de un operativo de la CIA que llevaría a cabo
varias acciones terroristas. A su liberación y retorno a Estados Unidos, como
responsable del aparato de acciones paramilitares de la Fundación Nacional
Cubano Americana, se involucró en la organización y el financiamiento de
atentados con bombas en los años noventa contra hoteles de La Habana y en otras
acciones terroristas contra hospitales cubanos.
El informe del Relator
Especial sobre el uso de mercenarios al 56 período de sesiones de la CDH, reveló
que Zúñiga Rey reclutó al ciudadano guatemalteco Percy Francisco Alvarado Godoy,
para realizar estudios sobre puntos vulnerables y susceptibles de atentados
terroristas en Cuba, tales como hoteles, termoeléctricas y refinerías de
petróleo.
El
terrorista Zúñiga Rey intervino en los debates del 60 período de sesiones de la
CDH, nada menos que utilizando el escaño del país que se dice comprometido y
promotor del combate al terrorismo.
La
mafia terrorista de origen cubano asentada en Estados Unidos, en contubernio con
la administración Bush que los cobija y aúpa, movió las cuerdas de su telaraña
de influencias para sumar al espectáculo de la farsa anticubana en Ginebra a
congresistas norteamericanos beneficiados por sus “generosas” contribuciones
financieras.
Por
los pasillos y salas de Ginebra anduvo cabildeando apoyo al proyecto anticubano
y amenazando con represalias a los que no lo hicieran, Chris Smith, congresista
republicano por Nueva Jersey, estado que junto a Florida cobijan a grupos de
terroristas de origen cubano como Alpha 66 y Comandos L. El señor Smith contó
con el apoyo de la señora Poblete, asistente de la congresista de origen cubano
Ileana Ross-Lehtinen, notoria por su complicidad en el secuestro del niño cubano
Elián González y su activismo para recrudecer el bloqueo genocida contra el
pueblo cubano.
En su
pretensión de imponer el proyecto de resolución contra Cuba a cualquier costo,
los personeros del poder imperial acudieron a las amenazas más mezquinas.
A
varios centroamericanos les recordaron que podrían hacer regresar a cientos de
miles de sus emigrados que trabajan en Estados Unidos y poner fin al envío de
remesas familiares a sus países de origen.
A
algunos países africanos se les amenazó con privarlos de los beneficios de la
Ley para el Crecimiento y las Oportunidades de Africa (AGOA), norma
estadounidense que establece facilidades para el acceso de algunas exportaciones
africanas al mercado norteamericano.
A
otros países de varias regiones se les pretendió intimidar, sometiéndolos a un
típico cuadro de chantaje. Se les dijo que su rechazo al proyecto anticubano,
podría hacer realidad la posibilidad que fueran ellos mismos objeto de un
proyecto condenatorio. El gobierno imperial llegó a prometer para aquellos que
se plegaran a su demanda anticubana, el ejercicio de “buenos oficios”
desestimulando cualquier iniciativa dirigida a condenar al país en cuestión,
conociendo que estas maniobras condenatorias siempre son iniciadas en la
Comisión en virtud de intereses de potencias industrializadas.
A
varios países de diferentes regiones se les solicitó el voto anticubano o al
menos la abstención, a cambio de no bloquear algún préstamo del Fondo Monetario
Internacional, donde Estados Unidos tiene de facto el derecho de veto.
El 14
de abril de 2004, el subsecretario de Estado, Roger Noriega, confirmó que la
Casa Blanca había mantenido contactos con países de América Latina y Europa
solicitando el apoyo al proyecto anticubano. Dijo que incluso el propio
presidente Bush estaría encargándose en forma personal del tema a través de
llamadas telefónicas y señaló como ejemplo la conversación sostenida con el
presidente Fox.
El
secretario asistente para organismos internacionales en el Departamento de
Estado, Kim Holmes, dijo públicamente que Estados Unidos estaba batallando
arduamente, realizando gestiones con varios países para que apoyaran el proyecto
anticubano.
El
vocero del Departamento de Estado confirmó por su parte, que el presidente, el
Secretario de Estado y otros funcionarios del Departamento de Estado, habían
estado realizando llamadas telefónicas a los países miembros de la Comisión,
identificando los intereses prioritarios de Estados Unidos con relación a las
situaciones de derechos humanos e instando a que se votara en esa
dirección
Algunas de las presiones fueron realizadas de modo tan escandaloso que
trascendieron a la opinión pública. Uno de estos casos fue el de la República
Dominicana bajo el gobierno del entonces presidente Hipólito Mejía. Dicho
presidente había comunicado a las autoridades cubanas que se abstendría en la
votación del proyecto anticubano. Ese compromiso se mantuvo hasta el día 14 de
abril en la tarde, cuando faltaban menos de 12 horas para el voto en Ginebra, en
que sorpresivamente el gobierno cubano se enteró de que República Dominicana se
sumaría al voto contra Cuba. Hipólito Mejía expresó públicamente en Miami
que había estado recibiendo llamadas de presión sobre el voto del proyecto
anticubano en Ginebra del subsecretario de Estado norteamericano, Roger Noriega
y del entonces enviado especial del presidente Bush para las Américas, el
también anticubano Otto Reich.
En
América Latina en particular, existe una clara correspondencia entre el grado de
soberanía, dignidad y popularidad de un gobierno y las posibilidades de éxito de
las presiones y chantajes de Washington para comprometer el apoyo o copatrocinio
al proyecto anticubano.
Son
los gobiernos de la región afectados por escándalos de corrupción, fraude y bajo
nivel de apoyo social, aquellos que asumen una dependencia extrema de Washington
en materia de asistencia financiera y de convalidación a la represión de sus
sectores populares descontentos y que representan los intereses egoístas de las
oligarquías-clientes del capital transnacional, los más propensos a plegarse a
los dictados anticubanos de la superpotencia, en desprecio de la voluntad de sus
respectivos pueblos.
La
lista de “estadistas” serviles en la región, incluiría a personajes de la “talla
política” de los ex presidentes Menem (convertido en multimillonario gracias al
“honesto” desempeño de su alta investidura) y Batlle (el ex presidente uruguayo
que concluyó su período de gobierno con el más bajo nivel de aceptación en la
historia de su país y que extendió la impunidad a los perpetradores de graves
violaciones de derechos humanos, como ejecuciones extrajudiciales,
desapariciones forzadas y torturas).
Si
Estados Unidos actuara en Ginebra realmente inspirado en la promoción de los
derechos humanos en América Latina, no impondría al órgano la adopción de su
espurio e injustificado proyecto de resolución contra Cuba. Por el contrario,
sometería a la consideración de la Comisión sendos proyectos de resolución
precisamente contra aquellos gobiernos latinoamericanos que suman su
copatrocinio y apoyo al proyecto anticubano.
Y lo
anterior no es mera retórica. Dicha tesis se sustenta en el propio contenido de
los informes que anualmente prepara el Departamento de Estado sobre la situación
de los derechos humanos en todo el mundo, con la excepción, por supuesto, del
propio Estados Unidos. Sobre los gobiernos que actúan como cómplices de la
maniobra anticubana en materia de derechos humanos, se incluyen en el documento
de referencia datos concretos y juicios de valor que superan con creces la
gravedad de las falsas alegaciones que se expresan con relación a
Cuba.
Mientras las sucesivas versiones del Informe en cuestión no incluyen un
solo ejemplo de violación grave y flagrante de derechos humanos en Cuba,
documentan decenas y hasta cientos y miles de casos de torturas, desapariciones
forzadas, ejecuciones extrajudiciales – incluso de niños –, asesinatos políticos
de periodistas y abogados, desalojos forzosos, corrupción y fraude en las
instancias de gobierno y los tribunales, desnutrición y analfabetismo, y un
cuadro de total impunidad y desesperanza que victimiza a los pueblos gobernados
por los que acompañan la agresión contra la dignidad de cubanas y cubanos en
Ginebra.
La
presentación pública del proyecto anticubano en la 60 CDH, fue asumida por el
gobierno hondureño siguiendo las órdenes de la administración Bush, en franca
afrenta a la voluntad de su pueblo.
Numerosas e importantes personalidades políticas, artísticas,
intelectuales y parlamentarias hondureñas, organizaciones no gubernamentales,
asociaciones de amistad de diferentes regiones del país e incluso, algunos de
los más importantes medios de prensa, como los diarios La Prensa, La Tribuna,
Tiempo y El Heraldo, publicaron numerosos comunicados, declaraciones, artículos
y cartas condenando la decisión anticubana adoptada por el presidente Maduro y
denunciando su actuación al servicio de Estados Unidos.
Entre
los comunicados y declaraciones públicas de condena a la actitud del gobierno
hondureño se cuentan las realizadas por: el Cardenal Oscar Andrés Rodríguez
Maradiaga, la Asociación de Organismos No Gubernamentales (ASONOG), la VII
Asamblea Nacional Ordinaria del Partido Unificación Democrática, el Bloque
Popular, la Organización Fraternal Negra Hondureña (OFRANEH), la Junta Directiva
del Consejo Coordinador de Organizaciones Campesinas de Honduras y Consejo
Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) en nombre de
varias ONGs, centrales sindicales y sindicatos ramales, organizaciones de
estudiantes, indígenas y de base de la iglesia católica, etc.
El
Comité de Familiares de Detenidos-Desaparecidos en Honduras (COFADEH) calificó
de “injusta, indigna y moralmente incompetente la posición de Honduras contra
Cuba en Ginebra” y sentenció que “el Gobierno del presidente Ricardo Maduro es
jurídicamente inhábil para promover internacionalmente lo que es incapaz de
hacer en su propio país”. Concluyó finalmente que “el acceso a supuestos
beneficios de la Cuenta del Milenio a cambio de una condena contra Cuba, no es
un negocio que nos haga sentir honrados a los hondureños”. La Asociación de
Organismos No Gubernamentales (ASONOG) expresó en un comunicado publicado que
“el Estado hondureño no tiene autorización moral para pronunciarse en materia de
respeto a los derechos humanos” y que a Honduras “no le consta que existan
violaciones de los derechos humanos en la Isla”. En el mismo se concluye: “solo
estaríamos obedeciendo a una petición deshonesta, reñida con la moral y la
ética, de parte del Estado más poderoso del mundo”. La Organización
Fraternal Negra Hondureña (OFRANEH) declaró que “es irónico que Honduras, donde
no existe el más mínimo respeto a los derechos humanos de los pueblos indígenas
y negros y de la población en general, tenga capacidad para presentar una
denuncia internacional en contra de Cuba”. Consideró que la acción de Honduras
se había realizado “siguiendo los lineamientos de los Estados Unidos”. El
Colectivo de más de 600 estudiantes hondureños de la Escuela Latinoamericana de
Medicina en Cuba, donde cursan gratuitamente sus estudios como futuros galenos
cerca de 10 mil jóvenes pobres, afrodescendientes e indígenas latinoamericanos y
norteamericanos, condenó por “servil y bochornoso” el acto mediante el cual “el
señor Maduro decía: ¡yes Sir!, ¡yes Sir!, a las órdenes del Norte revuelto y
brutal” y manifestó que “esta acción representa una traición para el pueblo
hondureño, vendiendo la dignidad popular por unos dólares más”. La Junta
Directiva Nacional de la Asociación de Amistad Honduras-Cuba (AHC) protestó
porque “el presidente Maduro, como fiel servidor de la política intervencionista
de Bush, se ha arrogado el ignominioso papel de acusador.” Añadió que “no
estamos de acuerdo con la política del gobierno de nuestro país” ya que, según
expresara la Junta de la AHC: “además de reflejar una conducta amoral, no es el
sentir y pensar del pueblo hondureño, ya que está claro que es un dictado
expreso de la política exterior del gobierno Bush”. La propia Junta concluyó que
“la posición de parte del presidente Maduro nos llena de vergüenza, colocando al
gobierno de Honduras como cómplice de las agresiones y el bloqueo del gobierno
Bush contra Cuba. El Comisionado Nacional de Derechos Humanos de Honduras,
Ramón Custodio, alzó su voz en nombre del pueblo hondureño en el curso de los
debates del propio 60 período de sesiones de la Comisión de Derechos Humanos,
para condenar la actitud de su gobierno y desasociar al pueblo de su país de tan
infame maniobra anticubana.
Estados Unidos fracasó una vez más en sus esfuerzos por cambiar la
desprestigiada imagen de su ejercicio anticubano en la Comisión de Derechos
Humanos. La motivación ilegítima de esta maniobra y las presiones y chantajes
realizados directamente por la superpotencia para su injusta imposición, no
pueden ser ocultadas.
No
resulta creíble, por mucho que se repita, la manida tesis de Washington de que
el ejercicio contra Cuba en Ginebra debe ser percibido como ajeno al intento de
fabricar un pretexto para la continuidad de su política de hostilidad y bloqueo
contra la Isla. Los acontecimientos se encargaron de demostrar lo contrario.
Sólo
unos días después de concluido el 60 período de sesiones de la Comisión de
Derechos Humanos, concretamente el 6 de mayo de 2004, el presidente Bush anunció
la puesta en práctica de nuevas medidas dirigidas al recrudecimiento del bloqueo
y a la destrucción del orden constitucional refrendado por el pueblo cubano en
ejercicio de su soberanía.
Desde
la llegada al poder de la administración Bush, con el apoyo entusiasta de los
sectores más extremistas de Miami, Estados Unidos ha venido llevando a cabo
nuevas agresiones y redoblando la aplicación de medidas dirigidas a fabricar
artificialmente una situación de crisis en Cuba, que facilite un pretexto para
una eventual agresión militar a la Isla. Se parte del convencimiento de que sólo
mediante una intervención armada directa y masiva, podría detenerse el proceso
de transformaciones revolucionarias emprendido por el pueblo cubano, a partir
del sólido apoyo que cuenta y el compromiso de defenderlo de la abrumadora
mayoría de cubanas y cubanos.
En el
primer capítulo del Informe elaborado por la comisión creada por el presidente
Bush para acelerar el llamado “cambio de régimen” en Cuba, hecho público el
pasado 6 de mayo, se identifican dos tareas directamente vinculadas con la
Comisión de Derechos Humanos: la organización de una amplia campaña de
desinformación en el exterior y el fomento del aislamiento internacional de la
Revolución mediante esfuerzos en los que se involucre a otros actores y se
manipulen los espacios que brindan las organizaciones multilaterales.
En el
resumen ejecutivo del mismo capítulo del documento que hiciera suyo el
presidente Bush, se expresa sin ambages que la promoción de maniobras
anticubanas en las organizaciones internacionales, constituye una herramienta de
especial importancia como soporte a la “política de acelerar el fin del régimen
de Castro”. Se recomienda específicamente “intensificar el apoyo para el
monitoreo de los derechos humanos”.
No
debe sorprender por tanto que en la creciente agresividad anticubana de las
fuerzas imperialistas que controlan la administración Bush, las maniobras contra
el símbolo de resistencia y justicia social que representa la Revolución Cubana
se hayan extendido más allá del propio escenario de la Comisión de Derechos
Humanos, hacia ámbitos tales como la Organización Internacional del Trabajo.
Por
otra parte, se ha incluido a Cuba en cuanta lista ha inventado el Departamento
de Estado con el objetivo de desacreditar a los países que no se someten a sus
esquemas de dominación hegemónica global. No importa que el pueblo cubano haya
sido víctima por más de cuatro décadas de las acciones terroristas de grupos que
actúan con impunidad desde el territorio de Estados Unidos; Cuba aparece
identificada en el esquema de certificación unilateral del Departamento de
Estado como un estado que colabora con el terrorismo. Tampoco interesa el
estímulo y falta de respuesta de las autoridades estadounidenses al tráfico
ilegal de cubanos que llevan a cabo delincuentes que residen en el estado de la
Florida; Cuba aparece sin falta en la lista de países que no colaboran en el
control del tráfico de migrantes.
El
patrón de conducta permanente en el diseño de la política de hostilidad
anticubana de Estados Unidos es la mentira, lo que permite de modo hipócrita y
oportunista, transferir a la Isla – y a otros – la responsabilidad por culpas
propias. Si se comprueba que Estados Unidos constituye la principal fuente de
demanda para el turismo sexual – lo cual es un hecho –, automáticamente serán
fabricadas en Washington falsas alegaciones declarando entonces a Cuba como el
“principal destino del turismo sexual”
A
todo lo anterior se añade el hecho de que el gobierno de los Estados Unidos ha
rechazado en varias ocasiones las propuestas cubanas de concluir Acuerdos de
Cooperación en materia de lucha conjunta contra el terrorismo, el narcotráfico y
el tráfico ilegal de personas.
El
gobierno norteamericano está destinando al financiamiento de sus iniciativas de
“diplomacia pública” anticubana, fondos adicionales por un monto de cinco
millones de dólares, que se unen a otras partidas millonarias asignadas a
presupuestos públicos y de inteligencia estadounidenses que permiten “comprar
adeptos” y “premiar a aliados”, en lo que Washington ha dado en llamar una
“campaña de solidaridad internacional” con la “causa” de la “transición
democrática” en Cuba.
Con
esos fondos se han estado montando fastuosos espectáculos anticubanos en Praga y
otras ciudades europeas, pagando salarios, boletos de avión, habitaciones en
lujosos hoteles y altos viáticos a políticos defenestrados, cabecillas de la
mafia terrorista de origen cubano, agentes y colaboradores de la Agencia Central
de Inteligencia y a cuanto sinvergüenza esté dispuesto a apoyar la cruzada
imperialista contra la nación cubana.
El
objetivo básico de la administración Bush es proyectar la imagen de que el
gobierno cubano priva a sus ciudadanos de los más elementales derechos básicos y
funciona al margen del derecho internacional – calificándolo de “Rogue State”
(Estado bribón) –, creando así falsas percepciones que sirvan de pretexto a un
escalamiento de su política de hostilidad, bloqueo y agresiones contra el pueblo
cubano.
Transcurridas apenas 48 horas de la reelección del presidente Bush, la
camarilla agresiva y militarista cuyo poder recibió un sorpresivo espaldarazo en
las recién celebradas elecciones imperiales, se apresuró en confirmar que su
política de bloqueo y hostilidad contra Cuba permanecería
inalterable.
El 4
de noviembre de 2004, el Departamento de Estado emitió una Nota de Prensa
titulada "Cuba: Situación de los Derechos Humanos", en la que se repitieron
varias de las mentiras, calumnias y falsas acusaciones que han sido la base de
la campaña anticubana que promueve Estados Unidos en materia de derechos
humanos.
En
dicha nota, se recurre nuevamente a la tergiversación de lo ocurrido en marzo
del 2003, fecha en que el gobierno y los tribunales cubanos se vieron obligados
a actuar y hacer cumplir la Ley para neutralizar los actos delictivos de
mercenarios que financiados y dirigidos por la Sección de Intereses de Estados
Unidos en La Habana, pretendían destruir el orden constitucional decidido por el
pueblo cubano. El fin de la impunidad para los transgresores de la Ley es
descrito en el edicto anticubano de Washington como "una redada total contra los
activistas independientes de la sociedad civil".
El
Departamento de Estado mintió descaradamente, una vez más. Los tribunales
civiles cubanos ordinarios sancionaron, en virtud de leyes existentes antes de
la comisión de los delitos, no a activistas, y mucho menos independientes, sino
a mercenarios anexionistas que recibían del gobierno estadounidense órdenes y
dinero abundante para realizar acciones ilegales dentro de Cuba al servicio de
su política de bloqueo y agresiones contra nuestra Patria. En cualquier país del
mundo, incluido Estados Unidos, conspirar con una potencia extranjera constituye
también un delito.
La
mentira – tal vez sólo igualada por la soberbia, la arrogancia, la agresividad y
el desprecio al derecho, los intereses y las aspiraciones de los demás – será la
característica que hará trascender en la historia a la actual administración
neofascista estadounidense. ¿Y por cierto, que hubo de verdad en los tan
“peligrosos arsenales” de armas de exterminio en masa de Sadam Hussein?
El
gobierno de Estados Unidos no tiene la más mínima autoridad moral para acusar a
Cuba. La actual administración norteamericana ha actuado como uno de los más
groseros y despiadados responsables de graves y masivas violaciones de derechos
humanos en toda la historia de la humanidad, cuestión agravada por el hecho de
haber pisoteado y convertido en letra muerta una parte significativa de los más
importantes avances de la comunidad internacional en materia de derecho
internacional, en particular de derechos humanos y de derecho internacional
humanitario.
Alegando falsos pretextos, las fuerzas militares del Imperio han
ocasionado al pueblo iraquí más de 100 000 muertos civiles, entre ellos, en una
elevada proporción, mujeres y niños. Las dimensiones de la tragedia humanitaria
en Iraq y las prácticas masivas de torturas, ejecuciones extrajudiciales y
castigos colectivos contra la población civil han conducido a muchos a calificar
esa guerra de conquista imperial como un verdadero genocidio.
Por
otra parte, más de 600 seres humanos permanecen detenidos arbitrariamente en el
territorio ilegalmente ocupado por la base naval estadounidense en la bahía
cubana de Guantánamo, en condiciones infrahumanas, sin cargos ni juicios y por
un período que ya excede los tres años.
Es
Estados Unidos el que a través de un cruel, inhumano y genocida bloqueo ha
violado durante más de cuatro décadas los derechos humanos de todo el pueblo
cubano.
Es la administración norteamericana la que, en flagrante
violación de los principios del Derecho Internacional fabrica, instruye y
financia a grupúsculos de mercenarios sin escrúpulos y con vocación anexionista,
para que conducidos por su Sección de Intereses en La Habana, realicen
actividades dirigidas a destruir el orden constitucional de la República de
Cuba.
Es la
Administración estadounidense la que viola los derechos de millones de
ciudadanos norteamericanos, al prohibirles que viajen a Cuba.
Al
presidente Bush y a sus más íntimos asociados de la mafia anticubana les molesta
el ejemplo que Cuba representa en términos de justicia social, verdadera
democracia y respeto a los derechos humanos. El pueblo cubano ha edificado con
su sacrifico, talento y resistencia una alternativa política, económica y social
viable y contrapuesta totalmente a los ideales de dominación mundial y
hegemonismo unilateral que tratan de imponer los actuales dirigentes del
gobierno estadounidense. Temen a la obra de la Revolución y por eso sólo les
queda el recurso de mentir.
La
administración norteamericana ya ha iniciado su trabajo de presiones y
“comprometimiento” con vista a mantener con vida su maniobra anticubana en
Ginebra. Están preocupados en Washington por el significativo desgaste sufrido
por este tipo de acciones contra países en desarrollo y otros que se oponen a
sus patrones de dominación global.
Su
estrategia anticubana incluye varias líneas de acción. Una de ellas, de carácter
más general – quizás la más peligrosa por establecer sus bases y enfoques en
criterios de confrontación, exclusión y manipulación política – sea la
iniciativa de la llamada “Comunidad de Democracias”.
¿En
qué consiste la farsa de la “Comunidad de Democracias”?
Una
vez fracasados sus planes de manipular el Movimiento de Democracias Nuevas y
Restauradas con fines de ataque, condena y dominación – a partir de la acción
mancomunada de los países del Sur y algunos gobiernos en el Norte que
comprendieron el peligro que se derivaba de sacrificar la cooperación
internacional en materia de consolidación de la democracia por motivaciones
políticas tan mezquinas –, Estados Unidos decidió fabricar un nuevo mecanismo
que respondiera a sus pretensiones imperiales. Creó entonces la llamada
“Comunidad de Democracias”, en una reunión organizada, dirigida y financiada por
Estados Unidos en Varsovia. La supuesta “comunidad” carece de universalidad,
legitimidad y credibilidad, pero cuenta, eso sí, con el abundante dinero de
Washington y recurre a las sucias prácticas desarrolladas en los peores momentos
de la Guerra Fría.
Mediante la manipulación de la “comunidad” que Washington tutela y
controla a través de mecanismos que no tienen nada de “democráticos”, el
gobierno del Imperio pretende cumplir varios objetivos:
-
Garantizarse una presencia permanente en órganos como la CDH, evitando someterse
a procesos periódicos electivos, y con ello, eliminar el riesgo de que pueda
repetirse su amarga y humillante experiencia cuando quedara excluido de la
membresía de la Comisión de Derechos Humanos.
-
Controlar la composición de órganos “útiles” en la condena a gobiernos y en la
imposición de sus patrones ideológicos – con especial énfasis en la Comisión de
Derechos Humanos –, mediante el estímulo de la membresía de países vulnerables a
sus presiones y bloqueando el acceso a aquellos que se oponen a sus políticas de
dominación hegemónica.
-
Fabricación e imposición de falsos “consensos” que complementen y consoliden en
el terreno ideológico su incontestable hegemonía militar.
En
los últimos meses ha sido común encontrar al Embajador de la superpotencia ante
el Consejo Económico y Social o a la mismísima señora Dobriansky, lo mismo en
Nueva York, que en Ginebra o el Medio Oriente, realizando proselitismo a favor
de su secta antidemocrática, a la que llaman eufemísticamente “Comunidad de
Democracias” e instando a cerrar las puertas de la CDH a países que disienten
frente a sus pretensiones de dominación imperial, entre ellos, en primera fila,
Cuba.
Otra
línea de acción anticubana más directa, son las presiones que ejercen los
embajadores estadounidenses en distintas capitales, el Departamento de Estado
sobre los embajadores acreditados en Washington y la Casa Blanca sobre las
distintas delegaciones de alto nivel que visitan Estados Unidos. Contamos con
información al respecto, pero por razones lógicas de discreción y oportunidad,
los detalles serán brindados en el momento adecuado.
¿Cuál
será el gobierno que sucumbirá en el 2005 bajo las presiones de Washington y
asumirá la ignominiosa tarea de presentar públicamente el proyecto de resolución
anticubano promovido por Estados Unidos en la CDH? En realidad no son muchos los
candidatos potenciales y todos saben que su factura y patrocinio verdadero
llevará la etiqueta “Made in USA”.
Aquellos gobiernos que se sumen al copatrocinio y apoyo a la resolución
contra Cuba en Ginebra, serán cómplices del plan imperialista que viene
aplicando la administración Bush con el objetivo de destruir por cualquier medio
– sin descartar la intervención militar directa –, el sistema político,
económico y social decidido por el pueblo cubano. Esos gobiernos estarán
contribuyendo a la fabricación del pretexto que utiliza Washington para el
recrudecimiento de la política de bloqueo, hostilidad y agresiones contra el
pueblo cubano.
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Capítulo 2: Los Procesos Intergubernamentales De La
maquinaria De Las Naciones Unidas Para Los Derechos Humanos Han Sido
secuestrados Por Estados Unidos Y Sus Aliados Cercanos Como Instrumentos De
presión Para Sus Políticas De Dominación Global.
Casi
seis décadas después de la adopción de la Declaración Universal de Derechos
Humanos y transcurridos doce años de la Conferencia Mundial de Derechos Humanos
en Viena, la maquinaria de las Naciones Unidas en la materia, ha demostrado una
y otra vez su incapacidad para promover y proteger la realización de todos los
derechos humanos para todos, sobre la base del respeto y apego a los principios
de universalidad, imparcialidad, objetividad y no selectividad.
Las
labores de la Comisión de Derechos Humanos están lastradas por la manipulación
política que le ha sido impuesta por un reducido grupo de países poderosos, y
muy especialmente por la superpotencia hegemónica mundial. Ese pequeño grupo de
Estados ricos, perciben la Comisión como su propiedad privada y la utilizan
indebidamente como instrumento de presión contra los intereses de los países
subdesarrollados, que representan la inmensa mayoría de los miembros de las
Naciones Unidas, y para imponerles determinadas normas supuestamente
paradigmáticas y el pensamiento único.
La
Comisión de Derechos Humanos y la Tercera Comisión de la Asamblea General, se
han convertido en una suerte de tribunales inquisidores contra los países del
Sur y contra todos aquellos que se oponen a la estrategia de dominación política
e ideológica del Imperio. En dichas instancias se intenta de forma permanente la
imposición dogmática de patrones y modelos que se pretenden universales, se
trata de minimizar la protección y promoción de los derechos económicos,
sociales y culturales y se pretende negar el reconocimiento y protección al
disfrute colectivo del derecho de los pueblos a la paz, al desarrollo y a la
libre determinación.
Predominan la manipulación, la mentira, los dobles raseros y los
discursos vacíos, mientras se cierran los ojos ante realidades con las que
convivimos cada día, por más que muchos procuran ocultarlas, o simplemente no
verlas.
Resulta difícil reconciliar el Artículo 1 de la Declaración Universal de
Derechos Humanos, que proclama que: "todos los seres humanos nacen libres e
iguales en dignidad y derechos", con el hecho de que los 4,500 millones de seres
humanos que viven en los países subdesarrollados sólo consumen el 14 por ciento
de todo lo que se produce en el mundo, mientras los 1,500 millones que viven en
los países desarrollados consumen el 86 por ciento restante y el 20 por ciento
de la población más rica del planeta posee 82 veces la riqueza del 20 por ciento
más pobre.
Los
nobles propósitos y los elevados atributos reconocidos a cada ser humano en la
Declaración Universal, no pasan de ser letra muerta para casi mil millones de
personas que pasan hambre, entre ellos 160 millones de niños desnutridos; para
las tres quintas partes de la población de los países subdesarrollados que
carece de saneamiento; para un tercio de esos 4,500 millones que no tiene acceso
al agua potable; para un cuarto de esos seres humanos que no tiene vivienda y
para un quinto que no dispone de servicios básicos de salud.
Treinta mil niños menores de 5 años mueren cada día y seiscientas mil
mujeres mueren cada año en el parto, mientras más de 20 millones de infectados
con el virus del SIDA esperan la muerte en África sin esperanza de tratamiento,
en la más dolorosa negación del derecho a la vida.
Las
resoluciones que se adoptan en los órganos de Naciones Unidas carecen de valor
para los 850 millones de adultos analfabetos que no pueden escribir o leer
siquiera la palabra "derecho” y para los 260 millones de niños en edad escolar
que no reciben educación.
La
Comisión de Derechos Humanos no despliega ni los esfuerzos ni los recursos
necesarios para promover el derecho al desarrollo, derecho humano fundamental
reconocido en la Conferencia de Viena, y único camino posible para sacar de la
miseria y el hambre a la masa de los desposeídos en la Tierra que no comprenden
para qué sirven las resoluciones aprobadas en Ginebra y Nueva York.
Aún
muchos siguen a la espera de que la Comisión de Derechos Humanos designe un
Relator Especial para dar seguimiento y potenciar el cumplimiento de los
compromisos asumidos por los países industrializados con relación a la cuestión
de la Ayuda Oficial al Desarrollo y al impacto nefasto de su dramático
decrecimiento en el disfrute de los derechos humanos en los países
subdesarrollados.
Los
derechos al desarrollo, a la vida, a la alimentación, al empleo, a la educación,
a la salud; los derechos de las mujeres y los niños, en fin, los derechos de
todos los habitantes del planeta, y no sólo los de un grupo privilegiado, a una
existencia decorosa y al disfrute pleno de la justicia social tantas veces
postergada, no son hoy prioridad para nadie más que los países pobres y
subdesarrollados.
La
Comisión de Derechos Humanos necesita ser transformada en un instrumento de
todos los países, que vele por todos los derechos humanos. La Comisión de
Derechos Humanos es patrimonio de todos los pueblos y no sólo de unos
pocos.
Todas
las resoluciones relativas a países adoptadas desde 1990, apuntan con el dedo
acusador hacia los países subdesarrollados, como si fueran ellos realmente los
violadores de los derechos humanos; todas fueron propuestas por países
desarrollados. Nadie podría cuestionar objetivamente el hecho de que un grupo
minoritario de países viene imponiendo sus enfoques y puntos de vista en las
decisiones que se adoptan internacionalmente en materia de derechos
humanos.
En
las Tablas que se anexan, se puede apreciar claramente como todas las
resoluciones adoptadas en el plazo de un decenio bajo el tema 9 del programa de
la Comisión, establecido para considerar las graves violaciones de derechos
humanos en “cualquier parte del mundo”, o con relación a su tema 19, que sirve
para promover los servicios de asesoramiento y cooperación técnica en materia de
derechos humanos, singularizan únicamente a estados en desarrollo.
En la
Comisión se aprueba el doble de resoluciones con relación a derechos civiles y
políticos que sobre los derechos económicos, sociales y culturales. Se dedican
tres veces más páginas de documentos oficiales a los derechos civiles y
políticos que a los derechos económicos, sociales y culturales. La causa es bien
conocida: a los países desarrollados sólo les interesa que la Comisión se ocupe
de los derechos civiles y políticos.
Cada
año, unos pocos países desarrollados acreditan para los trabajos de la Comisión
de Derechos Humanos a más delegados que todos los países subdesarrollados, que
representan más del 75% de la población mundial. La consecuencia directa de este
injusto desbalance es que los países desarrollados presentan más del 65% de
todas las resoluciones y decisiones adoptadas en cada período de sesiones, lo
que irremediablemente lesiona la aspiración del respeto a la diversidad
enunciada en la Declaración y el Plan de Acción de Viena.
La
labor de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los
Derechos Humanos es decisiva en la preparación de las sesiones y en el
seguimiento de las decisiones de la Comisión. Sin embargo, los informes que se
presentan a la Comisión, y en general casi todo su trabajo, es realizado por
funcionarios que proceden de los países industrializados, imponiendo sus
modelos, cultura, ideología y la experiencia histórica concreta de aquellos que
han sido agraciados por un injusto orden mundial, que condena al ostracismo y la
infertilidad el talento y la iniciativa de las grandes mayorías de seres
pertenecientes a la especie humana, a los que tocó nacer al Sur del planeta.
Los
países de Europa Occidental, Estados Unidos y Canadá tienen más personal en la
Oficina de la Alta Comisionada que todos los países subdesarrollados en su
conjunto. Los derechos humanos son universales, pero es muy difícil que
funcionarios procedentes de países con un Producto Interno Bruto per cápita
superior a los veinte mil dólares, tengan la misma percepción de esos derechos
que funcionarios de países cuyo per cápita no supera los trescientos dólares.
Esta contradicción se convierte de forma creciente en un desafío insoluble,
mientras los países pobres asisten impotentes al éxodo incontenible de sus
intelectuales y profesionales hacia los países ricos, en la búsqueda de mejores
oportunidades y sueños imposibles.
Nadie
en su sano juicio podría afirmar que en los países desarrollados no existen
violaciones de los derechos humanos; lo que sí resulta imposible, es analizar en
la Comisión esas violaciones.
La
Comisión de Derechos Humanos permanece maniatada como consecuencia de las
presiones que sobre sus miembros ejercen algunos gobiernos del Norte. Esa
instancia no ha podido evaluar – siquiera debatir –, por ejemplo, las graves
violaciones de derechos humanos derivadas de la conducta de las autoridades
estadounidenses en el tratamiento a detenidos, ya sea en el territorio que
ilegalmente ocupa su base militar en la Bahía de Guantánamo o en la prisión de
Abu Ghraib y otras en el Iraq ocupado. La incapacidad de la maquinaria de
derechos humanos de la ONU para atender violaciones masivas y flagrantes de los
derechos humanos, cuando sus perpetradores son ciudadanos de la superpotencia o
de sus principales aliados. La impunidad de los poderosos.
El 26
de marzo del 2003, durante los trabajos del 59° período de sesiones de la
Comisión de Derechos Humanos, se presentó al plenario una propuesta de convocar
una sesión especial urgente del órgano, con el fin de examinar los efectos sobre
la población iraquí de la guerra desatada por Estados Unidos y sus aliados más
cercanos.
Como
se conoce, esa guerra imperialista había sido iniciada una semana antes,
violando las más elementales normas del derecho internacional, en franco
desprecio a la voluntad de la comunidad internacional y a la autoridad de las
Naciones Unidas, en particular a su Consejo de Seguridad, recurriendo a los más
burdos pretextos y mentiras.
La
propuesta de celebrar el debate del tema, fue patrocinada por Argelia, Burkina
Faso, la Federación Rusa, la Jamahiriya Árabe Libia, Malasia, la República Árabe
Siria, la República Democrática del Congo, Sudán y Zimbabwe, y fue sometida a la
consideración de la Comisión, durante los debates del tema 3 de su programa,
titulado: Organización de los trabajos del período de sesiones.
La
solicitud no prejuzgaba el rumbo y los resultados del debate. Sólo se pedía
considerar y atender con carácter urgente los efectos de la guerra en el pueblo
iraquí.
La
reacción de Estados Unidos y sus aliados no se hizo esperar. Alemania, en nombre
del Grupo de Estados de Europa Occidental y otros Estados, expresó su rechazo a
la propuesta y presentó una moción procesal de aplazamiento del debate por 24
horas, invocando el reglamento de las Comisiones Orgánicas del Consejo Económico
y Social.
Al
día siguiente, la República Árabe Siria, en representación de los coautores de
la propuesta, procedió a su revisión. Solicitó que la misma fuera atendida bajo
el tema 4 del programa: “Informe del Alto Comisionado de los Derechos Humanos y
seguimiento de la Conferencia Mundial de Derechos Humanos” y enmendó oralmente
el título, que quedó de la siguiente manera: “Sesión Especial del 59° período de
sesiones de la Comisión de Derechos Humanos sobre los derechos humanos y la
situación humanitaria en el Iraq, como consecuencia de la guerra”.
Numerosos miembros del Grupo de Europa Occidental y otros Estados – al
que pertenece Estados Unidos –, declararon en el debate su rechazo a la
propuesta, recurriendo a los más diversos, insostenibles e impúdicos
pretextos.
La propuesta fue sometida a votación nominal y rechazada por
25 votos en contra. Se opusieron Estados Unidos, todos los países miembros de la
Unión Europea y sus asociados, varios latinoamericanos cuyos gobiernos fueron
arrastrados a la aventura imperialista y algunos otros que sucumbieron frente a
las presiones del agresor.
Mientras las bombas “inteligentes” mataban y mutilaban a miles de civiles
inocentes y destruían obras insustituibles del patrimonio iraquí y universal, la
Comisión de Derechos Humanos fue amordazada y obligada a guardar un bochornoso y
cómplice silencio.
En un
alarde de hipocresía, la Unión Europea presentó posteriormente su tradicional
proyecto de resolución sobre la situación de los derechos humanos en Iraq, bajo
el tema 9 del programa de la Comisión, en el que se solicitó al Relator Especial
presentar un informe al próximo período de sesiones de la Comisión, analizando
las violaciones de derechos humanos que tuvieron lugar en dicho país únicamente
antes del inicio de la invasión militar, como si la historia de Iraq se hubiere
detenido ese día. Ni el más mínimo espacio al monitoreo de los actos de los
legionarios del Imperio.
El
texto impuesto a la Comisión, permitió detener el calendario de los hechos en
Iraq, ese día de marzo de 2003 en que cayeron los primeros misiles
estadounidenses sobre su territorio. Las consecuencias humanitarias de una
guerra de conquista que ha puesto fin a la vida de decenas de miles de civiles
inocentes y que ha impacto a la opinión pública mundial por la brutalidad de las
torturas a detenidos perpetradas por las tropas estadounidenses de ocupación, se
han mantenido como un tema vedado a la consideración de la CDH.
La
impunidad fue confirmada en el 60º período de sesiones de la CDH. Para que los
ocupantes no se sintieran siquiera aludidos en sus crímenes, se adoptó una
cínica solución: por primera vez tras muchos años, la Unión Europea “se abstuvo”
de someter a la Comisión un proyecto de resolución sobre la situación de
derechos humanos en Iraq. Súbitamente, desapareció el interés en el
tema.
Otro
proceso que puso nítidamente al desnudo la hipocresía y los dobles raseros que
aplican Estados Unidos y sus aliados en los trabajos de la Comisión de Derechos
Humanos, se desarrolló en el marco de su 60° período de sesiones, en abril del
2004, cuando Cuba introdujo la iniciativa titulada “Cuestión de las detenciones
arbitrarias en el área de la base naval de Estados Unidos en
Guantánamo.”
Ese
proyecto de resolución no pudo ser sometido al voto, a partir de las maniobras
emprendidas por la Unión Europea y algunos gobiernos latinoamericanos, en
complicidad con las autoridades de Washington.
La
Unión Europea, que una y otra vez ha repetido estar en contra de las mociones de
no acción en el ámbito de los derechos humanos, comunicó en aquella ocasión su
decisión de recurrir a una maniobra procesal contra el proyecto presentado por
Cuba, que no sólo hubiera impedido a la Comisión tomar acción sobre la
propuesta, sino que habría incluso censurado e imposibilitado su debate y
consideración.
Todo
esto sucedió a pesar de que solo unas semanas antes el Parlamento Europeo había
pedido a su presidencia que en el mencionado período de sesiones los países
europeos patrocinasen un proyecto de resolución en que se instara a los Estados
Unidos a aclarar inmediatamente la situación de los prisioneros de Guantánamo,
en lo relacionado con las normas internacionales en materia de derechos humanos
y derecho humanitario, y, en consecuencia, a proceder al enjuiciamiento o puesta
en libertad de los reclusos. También se reiteraba la solicitud de crear un
mecanismo de vigilancia independiente sobre ese caso en el marco de las Naciones
Unidas.
Los
gobiernos de la Unión Europea no sólo se negaron a asumir tal liderazgo, sino
impidieron también a otros cumplir tal deber. Una vez más, cerraron sus ojos
para no ver y extendieron una cortina cómplice para ocultar las graves
violaciones de derechos humanos que llevan a cabo las autoridades
estadounidenses contra cientos de personas confinadas en condiciones que
asemejan verdaderos campos de concentración, en los perímetros del territorio
ilegalmente ocupado por la base naval estadounidense en la bahía de
Guantánamo. Meses después, en el marco del período sustantivo del Consejo
Económico y Social que tuvo lugar en Nueva York, en el verano del 2004, se
sometió a la adopción de ese órgano principal de las Naciones Unidas el proyecto
de resolución L.17 Rev.1, titulado: “Cuestión de la protección de los derechos
humanos y las libertades fundamentales en el contexto de las operaciones
militares internacionales emprendidas para combatir el terrorismo”. El proyecto
L.17 Rev.1 fue presentado por la delegación cubana al evento, como continuidad
de los esfuerzos iniciados en el 60º período de sesiones de la Comisión de
Derechos Humanos.
En
esta nueva oportunidad, el proyecto de resolución presentado por Cuba sugería un
título, un contenido y un enfoque novedoso, al no identificar la responsabilidad
de país alguno y mantener una estricta naturaleza temática. De hecho, la mayoría
de los párrafos contenidos en el proyecto estaban construidos a partir de
lenguaje ya consensuado con anterioridad y, en particular, tomaban como base
textos de los instrumentos internacionales vigentes en la materia.
Lamentablemente, para los países que integran la Unión Europea, para el
resto de los países industrializados de Occidente, y para algunos otros que no
pueden resistir – con apego a la verdad y a la justicia – las presiones de la
superpotencia hegemónica, no importó que el contenido de la nueva iniciativa
fuera incuestionable desde el punto de vista del derecho, de la necesidad y de
la ética.
No
incidió tampoco en la determinación de las posiciones de estos gobiernos, que el
proyecto de resolución respondiera positivamente a los reiterados y urgentes
reclamos de acción, frente a aberrantes violaciones de derechos humanos
ocurridas en el contexto de operaciones militares internacionales emprendidas
para el supuesto combate al terrorismo, realizados por importantes
personalidades mundiales, organizaciones no gubernamentales, mecanismos de la
CDH, órganos creados en virtud de tratados internacionales de derechos humanos y
la opinión pública mundial.
Bastaría mencionar el Comunicado Conjunto elaborado por la Oncena Reunión
Anual de los mecanismos especiales de la Comisión de Derechos Humanos, dado a
conocer el 25 de junio de 2004, a través del cual cuatro representantes de los
procedimientos especiales de la CDH, solicitaron visitar las instalaciones donde
se encuentran detenidas personas por supuestos vínculos con el terrorismo, en
los territorios de Irak, Afganistán y la base naval estadounidense en
Guantánamo.
Lejos
de acompañar y contribuir a los esfuerzos de negociación promovidos por la
delegación cubana, otra vez los grandes “campeones” de los derechos humanos –
las potencias industrializadas del Norte –, se dedicaron a fabricar un arsenal
de pretextos y falsos argumentos, para mantener la vigencia de la inmunidad en
la aplicación de las normas del derecho internacional a los responsables de
torturas, desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, detenciones
arbitrarias y otras graves violaciones de derechos humanos, cometidas en el
contexto de las operaciones militares internacionales emprendidas en los
territorios de Afganistán e Irak.
La
delegación de Estados Unidos solicitó el voto al proyecto, en el Consejo
Económico y Social, que fue rechazado por 24 votos en contra, 12 a favor y 17
abstenciones. La responsabilidad de que la propuesta no haya podido ser
adoptada, no debe ser sin embargo achacada sólo a las fuertes presiones
realizadas por las embajadas estadounidenses en distintas capitales del mundo.
Fue decisivo el apoyo cómplice y el activismo desplegado por la Unión Europea y
otros países desarrollados, con el objetivo de mantener la impunidad de las
brutales violaciones de derechos humanos llevadas a cabo por su aliado
estratégico.
Resistiendo las tremendas presiones norteamericanas, la inmensa mayoría
de los países del Sur votaron a favor, o al menos se abstuvieron, en la adopción
del proyecto L.17 Rev. 1. De hecho, 30 países, de los 54 miembros del Consejo,
no acompañaron la solicitud expresa de Washington de votar en contra de la
iniciativa cubana. Con ello, se demostró una vez más, la importante reserva de
fuerza y resistencia que tienen nuestros pueblos en defensa de la dignidad
humana, la verdad y la justicia.
Los
que impidieron que la maquinaria de las Naciones Unidas de derechos humanos
diera seguimiento y brindara una respuesta efectiva a casos de violaciones de
derechos humanos, como los abusos sexuales contra detenidos cometidos por las
tropas norteamericanas que ocupan Iraq, profusamente documentados a través de
los medios internacionales son los mismos que están siempre dispuestos a
garantizar la impunidad de Washington. Son los mismos que presentan,
co-patrocinan y apoyan cada año, injustos proyectos condenatorios contra varios
países del Sur en la Comisión de Derechos Humanos, entre ellos, la inútil y
espuria farsa anti-cubana que promueve Estados Unidos.
Una
vez más, quedó demostrada la incapacidad del llamado sistema internacional de
promoción y protección de los derechos humanos, para funcionar sobre la base de
los principios de objetividad, imparcialidad y no selectividad.
La
Comisión de Derechos Humanos, el Consejo Económico y Social, la Asamblea General
y el resto de las instancias de las Naciones Unidas que atienden el tema de los
derechos humanos, se mantienen secuestrados y han quedado convertidos en simples
instrumentos de los intereses de dominación de las grandes potencias, lo cual ha
sido especialmente visible en las acciones de manipulación política de sus
trabajos, llevadas a cabo por la actual administración estadounidense.
Las
presiones, las amenazas, los condicionamientos y hasta el chantaje, siguen
siendo los “argumentos” preferidos por Estados Unidos y sus aliados
incondicionales, para continuar utilizando a esos órganos como verdaderos
tribunales, en los que pretenden condenar a aquellos que disienten, resisten y
luchan contra los designios de dominación global de los centros de poder del
capital transnacional.
Sin
embargo, son muchos los que cuestionan este estado de cosas y no se resignan a
que tenga que seguir así. En el informe presentado por el “Grupo de alto nivel
sobre las amenazas, los desafíos y el cambio” que fuera establecido por
iniciativa del Secretario General de las Naciones Unidas (ver Documento
A/59/565), se cuestiona claramente la situación de “menor credibilidad” a la que
ha sido conducida la Comisión de Derechos Humanos, afirmando categóricamente que
la “Comisión no puede ser creíble si se considera que aplica dos medidas
distintas cuando se trata de cuestiones de derechos humanos.”
Han
sido varios los procedimientos especiales de la Comisión que se han negado a
sumarse al silencio cómplice que imponen las potencias del Norte con relación a
las graves violaciones de derechos humanos de la superpotencia y a su
cuestionamiento esencial de principios y normas básicas del derecho
internacional de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario.
Los
presidentes de los grupos de trabajo de la Comisión de Derechos Humanos sobre
Detenciones Arbitrarias y Desapariciones Forzadas e Involuntarias y los
relatores especiales contra la Tortura, sobre el Derecho al disfrute del más
alto nivel de Salud física y mental posible, sobre la Independencia de Jueces y
Magistrados y el experto independiente sobre la Situación de los derechos
humanos en Afganistán, acaban de expresar en un informe graves preocupaciones
sobre la situación de los detenidos en Guantánamo bajo acusaciones de
terrorismo.
El
informe señala que muchos de los reclusos han estado virtualmente incomunicados
en casi tres años de detención, sin asesoría legal o información sobre la
posible duración de su detención, en condiciones que, de acuerdo a numerosos
observadores, equivalen a un trato inhumano y degradante.
Los
expertos señalaron que las recientes medidas tomadas por Estados Unidos, como la
liberación de algunos detenidos y la decisión de la Corte Suprema sobre el
derecho al habeas corpus, no disiparon las serias preocupaciones sobre la
necesidad de evaluar objetivamente las denuncias de tortura y otros tratos o
castigos crueles, inhumanos y degradantes, particularmente en los métodos de
interrogatorio aplicados a los detenidos.
Calificaron de extremadamente desconcertante que la cifra exacta y los
nombres de los detenidos sigan sin conocerse y que se realicen traslados no
declarados a otros centros de detención, frecuentemente secretos, bajo la
jurisdicción de Estados Unidos u otros países.
Agregaron preocupaciones sobre la independencia del proceso de
instrucción y la justeza de los procedimientos, incluyendo eventuales cortes
marciales en las que los detenidos carecían de acceso a asesoría legal y a la
mayoría de las evidencias presentadas en su contra.
Finalizaron diciendo, que las condiciones de detención, especialmente las
de confinamiento en solitario, representan un elevado riesgo de deterioro
psíquico, incluyendo el posible desarrollo de cuadros psiquiátricos
irreversibles.
Después de que tantos mecanismos temáticos de la Comisión de Derechos
Humanos hayan dictaminado semejante cuadro de graves violaciones, cabría esperar
que se convocara una Sesión Extraordinaria de la Comisión para analizar la
situación en la base naval estadounidense en Guantánamo y que en ningún caso,
tal asunto permaneciera ajeno a las decisiones intergubernamentales del
órgano.
Al
menos, eso es lo que ocurriría si el transgresor hubiese sido un país africano,
asiático, árabe o latinoamericano. En ese caso, habrían sido sin dudas el propio
Estados Unidos y la Unión Europea los primeros en exigir sanciones inmediatas e
invocar un pretendido "derecho de intervención humanitaria."
Cuba,
sabiendo que representa en su batalla internacional en el terreno de las ideas
los intereses y las aspiraciones de libertad, independencia, justicia y
bienestar de todos los pueblos del mundo, someterá a la consideración de los
venideros foros de las Naciones Unidas en materia de derechos humanos, nuevas
iniciativas que enfrentarán directamente la hipocresía, el cinismo y el
oportunismo que sigue determinando el accionar de una gran parte de los
gobiernos del Norte en las labores de esos órganos.
Cuba
no cejará en su batalla por colocar dichas instancias en función de la defensa
verdadera de las nobles causas y aspiraciones de justicia, desarrollo, equidad,
paz y solidaridad, que tanto requieren las grandes mayorías de la humanidad, a
las que le continúa vedada la posibilidad de conocer siquiera que tienen
derechos.
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ANEXO: Tablas con las resoluciones por países
adoptadas por la Comisión de Derechos Humanos en el período 1995-2004, con
relación a los temas de su programa titulados: “Situaciones persistentes de
violaciones de los derechos humanos y las libertades fundamentales en cualquier
parte del mundo” (tema 9) y “Servicios de asesoramiento y cooperación técnica en
materia de derechos humanos” (tema 19).
| Resoluciones tema 9 |
2004 |
2003 |
2002 |
2001 |
2000 |
1999 |
1998 |
1997 |
1996 |
1995 |
|
1. Situación de los derechos humanos en la
República Popular Democrática de Corea |
x |
x |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
2. Situación de los derechos humanos en
Turkmenistán |
x |
x |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
3. Situación de los derechos humanos en
Myanmar |
x |
x |
x |
x |
x |
x |
x |
x |
x |
x |
|
4. Situación de los derechos humanos en
Cuba |
x |
| |