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Presidente Bush delira, Cuba nunca sera derrotada.

 

Pasado 24 de octubre el autodesignado dictador del mundo George W. Bush anunció nuevas medidas contra Cuba, las cuales el pueblo y gobierno cubanos entienden como un acto irresponsable, consecuencia de la frustración, desesperación y odio personal del Emperador Bush. Una invocación a la violencia, un llamado al uso de la fuerza para derrocar a la Revolución Cubana e imponer sus designios a la pequeña e invencible isla del Caribe.

 

El Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, Excelentísimo Sr. Felipe Pérez Roque, a nombre del pueblo y gobierno cubanos, ha rechazado categóricamente las nuevas amenazas del Sr. Bush que confirman la alerta del Comandante en Jefe Fidel Castro a la comunidad internacional y a la opinión pública, y refuerzan nuestra razón para prepararnos continuamente para nuestra defensa y enfrentar los peligrosos planes del régimen yanqui.

 

Cuba advierte que un escenario de beligerancia no solo significaría la ruptura de la estabilidad de Cuba, sino también de la estabilidad de Estados Unidos, y pondría en peligro igualmente al pueblo norteamericano, cuyos hijos serían enviados a matar y a morir en una guerra en Cuba que duraría 100 años, y que no terminaría sino con la victoria de nuestro pueblo, a un elevado costo en vidas, destrucción material y cuyo único resultado posible es la preservación de la independencia y la soberanía de Cuba.

 

La palabra de orden en Cuba no es ni la estabilidad, ni nada similar, la palabra de orden en Cuba es: ¡Coraje!  Y es esa nuestra respuesta; con serenidad absoluta y confianza en nuestra fuerza y en la solidaridad que el mundo dispensa hoy a Cuba, y en la admiración que la resistencia cubana levanta a nivel  internacional.

 

Bush ha manifestado una evolución de la agresividad en el tono de su lenguaje hacia Cuba desde enero del 2004 cuando dijo “hay que trabajar por una transición rápida y pacífica en Cuba” hasta el pasado 24 de octubre en este nuevo paso, donde manifiesta que ya no es esperar, desear, sino asegurar que la palabra de orden, en este momento, no es estabilidad en Cuba, que la palabra de orden es “libertad” en Cuba.

 

Bush ha prometido una futura “liberación” de Cuba, asegurando que cuando eso suceda los cubano-americanos que huyeron de Cuba al triunfo de la revolución en 1959 por ser terratenientes, torturadores, corruptos y asesinos “podrían entonces ocuparse de recuperar sus antiguas propiedades”, que hoy son escuelas y hospitales públicos con servicios gratuitos, tierras que pertenecen a los campesinos que la trabajan y dan de comer a su pueblo, hoteles que hoy obtienen ingresos para comprar por ejemplo leche para los niños cubanos,  cuya tonelada vale en el mundo unos 5000.00 USD y que en Cuba se vende el litro a la población de manera subvencionada a menos de  1 centavo de dólar.

 

Cuba y el mundo saben bien qué vendría detrás de la “libertad” traída en los bombarderos y las armas del ejército de Estados Unidos:  los grupos terroristas, sedientos de sangre, que todavía hoy se entrenan en Miami/La Florida con total impunidad, permitidos, financiados y alentados por el gobierno de Estados Unidos, con los cuales, hace unos días, se reunió el presidente Bush en Miami para recordar que él les prometió que “resolvería el tema de Cuba”; anunciando los terroristas anticubanos que lo único que reclamarían al Presidente Bush en ese momento serían tres días de licencia para matar libremente en Cuba.

 

Bush y su gobierno tiene que saber que no van a encontrar en Cuba a un pueblo indefenso o cobarde; tienen que saber que encontrarán a millones de combatientes, armados y entrenados, y a un pueblo preparado y fogueado, después de casi medio siglo de Revolución victoriosa, en defender sus conquistas y su derecho a la libertad y a la independencia.

 

Hay una clara frustración en las palabras del Presidente de Estados Unidos.  El hecho de que Cuba ha derrotado todos sus intentos, sus planes anunciados en estos años, todas sus iniciativas, que la Revolución sigue ahí, erguida y firme, lo obsesiona.  Estamos ante un Presidente con una obsesión: la bandera cubana que flamea solitaria en nuestra tierra  y que ellos no han podido ni podrán arriar.

 

La economía cubana se fortalece, el bloqueo está aislado; es más claro que nunca para nosotros que es insostenible esa política y que es una cuestión de tiempo; es una política, además, que no levanta simpatía dentro del propio Estados Unidos, cuyos ciudadanos son víctimas también de toda esa política de persecución y agresiones contra Cuba.

 

Crece la unidad de nuestro pueblo; pero, además acabamos de tener una prueba: unas elecciones ejemplares en su transparencia, en su organización, en la masividad de la asistencia popular, sin que el voto fuera obligatorio y donde las urnas son custodiadas por niños y niñas con sus uniformes escolares y no por militares armados.  Más del 95% de asistencia, con más de 8 100 000 cubanos participando en esas elecciones, en una muestra ejemplar de ciudadanía, de cultura política, donde no se dio un escándalo. Nada parecido a lo que ocurrió en Miami cuando Bush fue elegido Presidente de los Estados Unidos por un gran fraude ejecutado por la mafia anticubana, arrebatándole descaradamente la victoria al ahora premio Nobel de la Paz Albert Gore.

 

Bush delira, está delirando.  Le está hablando a un ejército libertador;  olvida que en Cuba el ejército es todo un pueblo uniformado;  olvida que los hombres y mujeres cubanos llevan medio siglo derrotando los más de 600 planes que fueron organizados desde EE. UU.  para tratar de asesinar a Fidel, que derrotaron la guerra sucia y las bandas armadas que los yanquis organizaron y suministraron en las montañas de Cuba, que han derrotado los planes de terrorismo contra Cuba.  Olvida que los hombres y mujeres que llevan ese uniforme son el pueblo en el poder, porque en Cuba  hay una Revolución victoriosa que los yanquis no han podido derrotar.

 

La Revolución Cubana no podrá ser derrotada, y se lo decimos y reafirmamos al Presidente del imperio que amenaza a Cuba; tenemos el apoyo del pueblo, el apoyo consciente, voluntario y libre de un pueblo que sabe bien lo que se juega en esta hora crucial de su historia y que no podrá ser ni engañado, ni comprado, ni amenazado, ni rendido. Tenemos el apoyo de la comunidad internacional que agradecemos y valoramos inmensamente.

 

Cuba rechaza, una por una, cada palabra de amenaza y de chantaje contra su pueblo, cada frase llena de odio, y le decimos al Presidente de Estados Unidos que lo que está llegando es el día en que el pueblo norteamericano y el mundo se libren de él; y lo que está llegando es el día en que nosotros logremos que se levante el bloqueo, y que sus amenazas no nos sacarán de nuestro curso de construcción de una sociedad más justa, más humana, más libre, de más socialismo y de más Revolución en Cuba.

 

Ese es el mensaje de Cuba para el Presidente imperial que amenaza con guerras en las que él no va a participar, que amenaza con invasiones que ordena desde la retaguardia de su confortable refugio en su silla de la Casa Blanca; pero que nosotros, si llega el momento, enfrentaremos en la primera trinchera junto a un pueblo entero.

 

 
 

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