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Nuestro pueblo ha
dado una contundente prueba de confianza en su
Partido, en sus dirigentes y sobre todo de confianza
en sí mismo
Compañeras y compañeros. Delegados e invitados:
Comienzo
por transmitirles el saludo del Comandante en Jefe
(APLAUSOS PROLONGADOS). Como se ha recordado, es la
primera vez desde el triunfo de la Revolución, que
no puede estar presente físicamente en un congreso
obrero, pero como ustedes han expresado, aquí han
estado sus ideas y también sus enseñanzas.
En estas conclusiones no me propongo resumir todo lo
abordado por el Congreso. Me limito a expresar que
luego de dos días de intercambio junto a ustedes,
además de lo analizado en las nueve comisiones que
sesionaron simultáneamente el pasado lunes, de las
que me he mantenido informado, es posible afirmar
que están identificadas las causas de un número
importante de problemas y deficiencias, en las que
la CTC y cada sindicato han reconocido sus
responsabilidades e igualmente han señalado las
correspondientes a las direcciones administrativas.
Desde luego, hay asuntos cuya solución corresponde a
instancias superiores del país.
Son discusiones que sin dudas han contribuido a
esclarecer cuáles son las mejores vías para
erradicarlos.
El próximo año debe ser de trabajo intenso para el
nuevo Consejo Nacional y su Secretariado, pues son
los responsables, en lo que a cada uno compete, de
poner en práctica los acuerdos del Congreso, que ha
tenido el mérito de centrarse en temas fundamentales
para el país, y por tanto para los trabajadores,
como la Revolución Energética, los programas de la
Batalla de Ideas, la lucha por la liberación de los
Cinco Héroes, la producción de alimentos, el
Perfeccionamiento Empresarial y otros importantes
asuntos vinculados con la productividad, los
salarios, el empleo y la organización del trabajo,
por solo mencionar algunos ejemplos.
Se analizó además, con el espíritu crítico que
precisa y recibió también la atención requerida, un
asunto decisivo en las actuales circunstancias: la
marcha de la batalla contra las indisciplinas, las
ilegalidades, el delito y la corrupción.
Son temas cruciales sobre los que habrá que seguir
discutiendo en el futuro, porque según profundizamos
en cualquiera de ellos, se descubren reservas sin
explotar, deficiencias derivadas muchas veces de la
falta de previsión, la desorganización o la
indolencia, sin desconocer la existencia de causas
objetivas, que indudablemente predominaron en los
años más difíciles del periodo especial.
SIEMPRE HE CREÍDO EN LA NECESIDAD DE LOS SINDICATOS
Y SU IMPORTANCIA EN EL SOCIALISMO
Por tanto, permítanme aprovechar estos minutos para
compartir de nuevo con ustedes preocupaciones que
tengo desde hace tiempo, y que algunos de los aquí
presentes conocen, acerca de dónde deben concentrar
los esfuerzos las organizaciones sindicales y sus
dirigentes en una sociedad como la nuestra.
Fidel dio la primera gran lección de cómo hacerlo,
ante cientos de representantes de los trabajadores
azucareros —en aquella etapa, FNTA: Federación
Nacional de Trabajadores Azucareros— que en una
plenaria sindical reclamaban con la fuerza que les
daba el nuevo poder revolucionario, el
establecimiento de cuatro turnos laborales en los
centrales, entre otras reivindicaciones.
Esto sucedió el 9 de febrero de 1959, en el teatro
de la CTC, cuando solo habían transcurrido 49 días
desde el triunfo de la Revolución y esta aún no
había aplicado ninguna medida decisiva en el orden
económico.
Eran demandas justas de trabajadores que enfrentaban
una situación muy difícil, tras ser esquilmados
durante años por los monopolios norteamericanos y
los oligarcas del patio, que seguían siendo los
dueños. Pero en las nuevas circunstancias, acceder a
esos reclamos significaba una afectación muy seria a
la economía de un país que acababa de salir de la
guerra y cuyo tesoro público había sido
sencillamente saqueado.
El Comandante en Jefe no dudó en explicar con gran
paciencia y durante varias horas, por qué había que
renunciar en aquel momento a tales demandas. Entre
otras muchas cosas les dijo:
"Esta Revolución es la Revolución de ustedes. Hay
que defender la Revolución con más calor que con lo
que se defienda una simple demanda. La Revolución es
la demanda de hoy y la demanda del futuro. La
Revolución son los salarios del futuro; el bienestar
de hoy y el bienestar, muy superior, del futuro."
Casi dos años después, en enero de 1961, cuando la
mayor parte de los medios de producción ya habían
sido nacionalizados, Blas Roca y Lázaro
Peña, que lucharon tenazmente durante largos años
para arrancar cada centavo posible a los burgueses
en beneficio de los trabajadores, dedicaron un gran
esfuerzo a explicar el nuevo papel del sindicato en
un centro de trabajo propiedad del pueblo.
Argumentaron por qué, sin descuidar la defensa de
los derechos del obrero, su tarea fundamental pasaba
a ser el impulso a la producción o los servicios,
pues ello beneficiaba ahora a toda la sociedad.
Estas ideas las expusieron en un extenso artículo
firmado por ambos, del cual quizás valdría la pena
resumir las tesis fundamentales y divulgarlas
nuevamente.
Siempre he creído en la necesidad de los sindicatos
y su importancia en el socialismo, aunque
naturalmente cambiando los métodos y teniendo muy en
cuenta la diferencia de ser representante de los
intereses de obreros explotados en el capitalismo, a
serlo de los dueños colectivos de los medios de
producción, de la clase dirigente de la sociedad
socialista.
LAS SOLUCIONES SOLO PUEDEN SALIR DEL CONTACTO
DIRECTO CON LOS TRABAJADORES
Pero en realidad en los primeros años de la
Revolución no había unanimidad al respecto. Ello me
ha llevado a reflexionar bastante sobre el tema en
diferentes momentos, aunque siempre con clara
conciencia de que las soluciones solo pueden salir
del trabajo práctico cotidiano de los dirigentes
sindicales, del contacto directo con los
trabajadores, sus problemas y aspiraciones.
Por eso el Comandante en Jefe, al realizar las
conclusiones del 53 Pleno del Consejo Nacional de la
CTC, celebrado en 1987, exhortó una vez más a los
trabajadores y cuadros sindicales a pensar en estas
cosas —cito sus palabras— "que no van a encontrar en
libros, que no van a encontrar en la teoría".
El movimiento obrero —agregó entonces Fidel— no es
una simple organización profesional, sino una
organización de masas, política, que es importante
tenga sus respuestas, sus meditaciones, sus
análisis, sus soluciones para los problemas de la
sociedad.
El XIII Congreso de la CTC, el último dirigido por
Lázaro Peña, es el mejor ejemplo de cumplimiento
práctico de esa línea trazada por el compañero
Fidel, desde el triunfo de la Revolución.
Ese evento ocupa un lugar privilegiado en la
historia de nuestro movimiento obrero por la forma
autocrítica, madura y creativa con que desde la base
hasta la dirección nacional, se esforzó por
encontrar las vías más acertadas para enfrentar los
muchos y complejos retos de aquel momento.
Este Congreso que hoy concluimos, se ha esforzado
igualmente por buscar soluciones a los principales
problemas derivados de la situación actual,
diferente y más compleja que la existente en los
años setenta del siglo pasado, y que por tanto exige
actuar con el máximo de creatividad e inteligencia.
Sería un error pensar que ya se ha logrado
cabalmente encontrar esas soluciones. No obstante,
hay avances en la búsqueda de respuesta a la
pregunta crucial de cómo lograr que la organización
sindical no se diluya en el sinnúmero de tareas
coyunturales y se concentre en lo verdaderamente
principal, en lo que realmente define su razón de
ser en el socialismo y muy especialmente en el
momento que estamos viviendo.
A un dirigente sindical de base e incluso de una
instancia intermedia o nacional, puede resultarle
realmente difícil identificar cuál es la tarea
principal entre las muchas que debe enfrentar
cotidianamente.
Para confirmarlo basta leer las cien páginas del
Informe Central, las numerosas resoluciones
analizadas por las nueve comisiones y aprobadas esta
mañana, y el resto de los documentos del Congreso,
todos justos y correctos, pero abarcadores de un
amplio universo de tareas.
Muchos de ustedes saben cómo pienso al respecto. Lo
he dicho de manera franca y clara, en más de un
encuentro con cuadros de la CTC de diferentes
niveles y también en reuniones similares del
Partido. En medio de la madeja de fenómenos adversos
presentes en nuestra sociedad en los últimos años,
como consecuencia del periodo especial pero también
de errores viejos y nuevos de todos nosotros, a
veces los dirigentes sindicales no han adoptado las
mejores decisiones o empleado las formas de trabajo
más adecuadas.
Comienzo por decir que no pretendo cargar la
responsabilidad de una deficiencia u otra sobre
ningún compañero en particular ni solamente sobre el
movimiento sindical.
LA LABOR SINDICAL HA DESEMPEÑADO UN IMPORTANTE PAPEL
EN LA COMPRENSIÓN Y RESPUESTA INMEDIATA DE LOS
TRABAJADORES ANTE CADA LLAMADO DEL PARTIDO Y EL
COMANDANTE EN JEFE
Considero —y es también la opinión del Partido— que
la dirección de la CTC que enfrentó las enormes
dificultades derivadas del derrumbe del campo
socialista y la desaparición de la URSS, al igual
que la masa de dirigentes de la organización,
independientemente de cualquier error de estilo,
formas o métodos de trabajo, demostró ser fiel a la
Revolución hasta las últimas consecuencias y tener
la disposición a luchar y la valentía política que
exigían las circunstancias.
Con su labor contribuyeron a mantener la unidad de
nuestro pueblo en torno al Partido y al Comandante
en Jefe, y a lograr la comprensión y el apoyo a las
duras medidas que fue necesario adoptar para salvar
la Patria, la Revolución y el Socialismo.
Los cambios en los organismos superiores de
dirección de la CTC acordados por el Congreso
obedecen a la lógica renovación de los dirigentes.
En nombre de nuestro Partido, transmito un merecido
reconocimiento a los integrantes del Consejo
Nacional y del Secretariado que hoy concluyen su
mandato (APLAUSOS).
El compañero Pedro Ross dirigió durante 17 años la
CTC. Él mismo, el pasado 30 de enero, a raíz del
proceso de este Congreso, me envió una carta al
Comité Central en la que se puso a disposición del
Partido para cumplir cualquier tarea, y entre varios
candidatos para sustituirlo incluyó al compañero
Salvador Valdés Mesa, quien como sabemos tiene una
larga y exitosa trayectoria como dirigente de la
CTC.
Precisamente por esos resultados, en 1995 se
solicitó a la organización obrera su liberación como
Segundo Secretario para cumplir importantes tareas,
primero al frente del Ministerio del Trabajo y
Seguridad Social, y después, en 1999, como Primer
Secretario del Partido en la provincia de Camagüey,
cargo que ocupó hasta hace pocos meses.
A este compañero ustedes le han encomendado la alta
responsabilidad de encabezar la dirección de nuestro
movimiento sindical. Confiamos que el nuevo Consejo
Nacional y el Secretariado electos tendrán éxito en
la importante tarea que ahora asumen.
La labor sindical ha desempeñado sin dudas un
importante papel en la comprensión y respuesta
inmediata de los trabajadores ante cada llamado del
Partido y el Comandante en Jefe, aun en los momentos
de más aguda contracción económica derivada del
periodo especial.
No obstante, no podemos ignorar la huella negativa
dejada por las dificultades materiales y sobre todo
por algunas medidas adoptadas en el esfuerzo para
que el país sobreviviera. El compañero Fidel lo ha
explicado con claridad meridiana en más de una
ocasión, así como los peligros que ello implica,
especialmente en su medular intervención del 17 de
noviembre del pasado año, en el Aula Magna de la
Universidad de La Habana.
UNO DE LOS MÁS DIFÍCILES RETOS DEL TRABAJO
IDEOLÓGICO ES LOGRAR QUE EL TRABAJADOR SE SIENTA
DUEÑO COLECTIVO DE LAS RIQUEZAS DE LA SOCIEDAD Y
ACTÚE EN CONSECUENCIA
Como
se ha dicho muchas veces y también hemos escuchado
en este Congreso, uno de los más difíciles retos del
trabajo ideológico es lograr que el trabajador se
sienta dueño colectivo de las riquezas de la
sociedad y actúe en consecuencia.
Es algo que se logra casi de forma espontánea en los
momentos de definiciones, cuando hay que enfrentar
una gran y decisiva tarea o un peligro inminente
amenaza a la Revolución, pero es más difícil de
alcanzar en el trabajo cotidiano.
No digo que esta sea la única causa de los hechos de
corrupción y robo, de las ilegalidades y las
indisciplinas laborales. Pero en las condiciones del
socialismo es muy difícil enfrentar estos peligrosos
vicios sin el concurso de los trabajadores, ellos
son la fuerza esencial.
Si erradicar estos males es tarea fundamental de la
administración, no podemos exonerar de su gran
responsabilidad a los únicos dueños de las riquezas
del país, que no son otros que ustedes mismos y el
resto del pueblo (APLAUSOS).
No olviden nunca que esta sigue siendo, como dijo
Fidel al proclamar el socialismo en 1961: "La
Revolución Socialista y democrática de los humildes,
con los humildes y para los humildes" (APLAUSOS
PROLONGADOS).
Es cierto que los sindicatos han emprendido
acciones, quizás más de la cuenta si hablamos de
cantidad, pero como ustedes han reconocido
autocríticamente, su papel debe ser superior, más
efectivo, y para ello cuentan con experiencia,
liderazgo y reconocimiento social suficientes.
En tal sentido, creo que puede tener algún valor la
experiencia desarrollada por el Sindicato Nacional
de Trabajadores Civiles de la Defensa.
Puede ser útil por cuanto —como les dije ayer— en
este sindicato, por las disímiles actividades que
desarrollan sus afiliados, están representados 18 de
los 19 sindicatos nacionales, con la única excepción
de los tabacaleros.
En febrero del 2004, como Segundo Secretario del
Partido hice fuertes críticas a los dirigentes
sindicales en el sector de la defensa, pero siempre
con un carácter constructivo, convencido de que sus
problemas eran también nuestros, del Partido y las
administraciones.
Cada valoración se discutió profundamente, hasta dar
con las verdaderas causas de cada deficiencia. Los
compañeros reconocieron sus errores y también
precisaron las cuestiones que a su juicio no hacían
posible que el dirigente sindical se concentrara en
lo fundamental, sobre todo en la base.
A partir de esas premisas, con la permanente
orientación del Partido, a través de las Direcciones
Políticas de las FAR y el MININT que tienen rango de
Departamento del Comité Central, se establecieron
seis grupos multidisciplinarios que estudiaron en
detalle igual cantidad de temas. Ese trabajo previo
se hizo sin precipitaciones, durante 8 meses, y
permitió elaborar un detallado plan de acción.
Teniendo en cuenta que el cumplimiento de algunas
medidas propuestas afectaba lo establecido en
determinados documentos rectores del trabajo
sindical, después de los análisis correspondientes
se realizó una reunión del Secretariado Nacional de
la CTC, que autorizó aplicar las propuestas, proceso
que comenzó en enero del año 2005.
Como se conoce, el Sindicato Nacional de
Trabajadores Civiles de la Defensa efectuó hace
pocos días su VIII Congreso, que evaluó los
resultados positivos de todo este esfuerzo.
No es algo perfecto, como todo habrá que continuar
mejorándolo, pero creo que constituye un ejemplo de
que no hay nada que no pueda resolverse, si trabajan
unidos el Partido, la organización sindical y la
administración, siempre que se haga con objetivos
claros y de forma organizada, sin fanfarrias ni
corre corre, pues aunque desempeñan diferentes
responsabilidades, todos son en definitiva
compañeros revolucionarios con iguales principios e
intereses, o sea, no existen contradicciones de
ningún tipo.
LA LABOR SINDICAL DEBE MATERIALIZARSE EN EL CENTRO
DE TRABAJO
Son parte de esa masa de trabajadores, que como ya
dije, ha demostrado muchas veces su disposición a
defender la Revolución y hacer cuanto sea necesario
con ese objetivo, lo que no nos da derecho a hacerle
perder el tiempo con tareas mal concebidas, poco
organizadas o simplemente intrascendentes.
Los llamo a meditar con profundidad acerca de la
utilidad real de cuanto hace nuestro movimiento
obrero, a eliminar lo superfluo y concentrarse en lo
realmente decisivo.
Con razón en este Congreso se ha insistido bastante
en que la labor sindical debe materializarse en el
centro de trabajo. Es algo que no puede convertirse
en una consigna. Lograrlo exige que cada dirigente
actúe cotidianamente en correspondencia con ese
principio medular.
Concentrarse en el centro de trabajo implica
conversar con la gente, pero de verdad, para conocer
qué piensa. No contentarse con hablar sino tam
bién oír, aunque no agrade lo que nos digan;
reconocer cuando nos equivocamos y si es el caso,
decirle al otro que no tiene razón, o criticar
siempre, cara a cara, las actitudes incorrectas, y
de paso aclaro que estos conceptos son válidos no
solo para el movimiento sindical.
En aras de la brevedad, basado en la confianza que
sé nos tenemos mutuamente y en la madurez de
ustedes, he hablado de deficiencias y fui algo parco
al mencionar los éxitos.
No significa desconocer el enorme trabajo y los
importantes resultados alcanzados por el movimiento
obrero y sus dirigentes durante estos años, ni que
ignoro las dificultades de todo tipo que enfrentan
en su labor.
Si logré preocuparlos más de lo que estaban; si
conseguí motivarlos a pensar una y otra vez hasta
encontrar la solución más adecuada a cada asunto
concreto, doy por cumplido el objetivo de esta
intervención (APLAUSOS).
Considero que de esta forma nuestro movimiento
obrero logrará mantenerse a la altura de retos cada
vez mayores y hará una importante contribución al
esfuerzo por aprovechar al máximo, en beneficio de
todo el pueblo, las perspectivas que poco a poco se
van abriendo al desarrollo económico y social del
país, base objetiva de la solidez de la Revolución
en el terreno político-ideológico y de la defensa.
NO PODEMOS OLVIDAR QUE LIDIAMOS CON UN ENEMIGO MUY
PODEROSO
No podemos olvidar ni un momento que lidiamos con un
enemigo muy poderoso y capaz de acudir a cualquier
vía para alcanzar su propósito de borrar la
Revolución de la faz de la Tierra, sin que quede el
más mínimo vestigio de su existencia.
Como les decía ayer, basta hojear el llamado Plan
Bush y recordar su anunciado anexo secreto, para
comprobar que el imperio se propone arrebatarle a
nuestro pueblo hasta la última de las conquistas que
ha alcanzado en tantos años de lucha.
Su objetivo es llevar a este país a una situación
aún más terrible que la existente en diciembre de
1958, a aquellos tiempos en que la represión, el
luto, la humillación, la miseria, el desempleo, el
analfabetismo y las enfermedades se enseñoreaban
sobre miles de hogares cubanos.
Como
dije recientemente en una entrevista al periódico
Granma, han designado hasta al interventor yanki, un
tal McCarry, como si nada hubiera cambiado en este
mundo desde que en 1898 frustraron nuestra
independencia y nos impusieron varios interventores.
Dentro de esa misma lógica absurda actúa el
Presidente de los Estados Unidos, cuando dice que en
Cuba tiene que haber transición, es decir, un
vergonzoso retorno a la basura de capitalismo
neocolonial que impusieron en este país exactamente
durante sesenta años, o cuando nos amenazó en fecha
reciente con que "tomarán nota de cuantos se opongan
a ello".
Repito el consejo que le di en aquel momento: mejor
anote en la lista a los anexionistas asalariados de
su Oficina de Intereses, que son pocos, porque va a
necesitar mucho papel para escribir los nombres de
los millones de mujeres y hombres que están listos
para recibir, fusil en mano, a su interventor
designado (APLAUSOS PROLONGADOS).
HOY NUESTRO PUEBLO ES MUCHO MÁS AGUERRIDO,
EXPERIMENTADO Y CONSCIENTE
Ante los grandes peligros externos y los derivados
de nuestras propias deficiencias, de nada sirve
lamentarse, lo esencial es enfrentarlos con el
máximo de energía y decisión.
Trabajar con organización, constancia y disciplina,
educados sencillamente en el estricto cumplimiento
del deber; buscar constantemente la mayor
efectividad en cada tarea y las vías de eliminar las
deficiencias; pensar con cabeza propia cómo resolver
los problemas, tratando, además, de evitar que nos
sorprendan; y consolidar cada paso adelante que
demos, sea grande o pequeño.
Mucho se ha avanzado desde aquellos días iniciales
del triunfo de la Revolución, hará pronto 48 años,
en que todo estaba por hacer y con bastante
frecuencia creíamos saber cómo enfrentar cada tarea,
cuando en realidad no pasábamos de ser unos
optimistas cargados de buenas intenciones.
Nunca debemos olvidar aquel alerta de Fidel, en su
primer discurso en la capital el 8 de enero de 1959,
que de forma tan fehaciente la vida ha confirmado,
al expresar:
"Estamos en un momento decisivo de nuestra historia.
La tiranía ha sido derrotada. La alegría es inmensa.
Y, sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No
nos engañemos creyendo que en lo adelante todo será
fácil. Quizás en lo adelante todo sea más difícil".
Hoy nuestro pueblo es mucho más aguerrido,
experimentado y consciente —somos incluso el doble
de la población de entonces, a pesar de la baja
natalidad, algo que analizamos ayer. Lo demostró con
creces en estos últimos meses, tras conocer la
Proclama del Comandante en Jefe, con la contundente
prueba que ha dado y continúa dando, de confianza en
su Partido, en sus dirigentes y sobre todo de su
confianza en sí mismo.
Es el resultado de la conciencia y madurez
alcanzadas tras muchos años de difíciles y continuos
combates, pero en la misma medida que crecen y se
afianzan esas virtudes de nuestro pueblo, aumenta
también la exigencia hacia quienes lo dirigen y
representan.
Creo que ustedes han estado a la altura del
compromiso contraído con los millones de cubanas y
cubanos que los eligieron delegados a este
importante evento, esos mismos que con estoicismo y
ejemplar conciencia de clase, luchan diariamente
contra dificultades y problemas en el centro laboral
y en la vida cotidiana, para con su sudor e
inteligencia continuar llevando adelante la
Revolución.
En nombre del Comandante en Jefe y de nuestro
Partido, ¡Felicidades por los resultados de este
Congreso y sobre todo éxitos en el mucho trabajo que
tenemos por delante!
Un pueblo unido, con el temple y la conciencia del
nuestro, es la principal garantía de que siempre
podremos gritar en esta tierra:
¡Viva Cuba libre!
(OVACIÓN)
(Granma) 27-09-2006
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