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Comandante de la Revolución Guillermo García
En los últimos días de diciembre de 1958 se
combatía muy fuertemente en las ciudades de
Palma Soriano y Maffo, Contramaestre, pues en
esos dos lugares se encontraban tropas muy bien
atrincheradas y con armamento muy bueno.
Para el día 22, por la noche, recibimos la orden
de tomar posiciones en los bordes de la pista
del Central Dos Ríos, con el objetivo de hacer
prisionera a una avioneta que aterrizaba todos
los días y que conducía a un alto oficial, con
la información para los oficiales y soldados que
se encontraban acantonados en el cuartel de
Palma.
El día 25, por orden de Fidel, se avanzaba para
estrechar el cerco del cuartel.
El día 26, se ordenó hacer el asalto final,
donde fueron rendidas las tropas que se
encontraban acantonadas en dicho cuartel, esa
misma tarde, llevé al oficial Jefe de las Tropas
y la defensa de las posiciones que ocupaban en
el cuartel y sus alrededores, el oficial era
Campo Pontigo, que fue conducido al Puesto de
Mando de Fidel, desde donde dirigía la Toma de
Palma Soriano.
Esa misma tarde, Fidel se dirigió al cuartel de
Maffo, donde se combatía contra las tropas que
estaban atrincheradas en el Banfaic (Banco de
fomento Agrícola e Industrial de Cuba) de esa
localidad.
El día 27 de diciembre, se rinden todas las
guarniciones de Palma Soriano y el día 30 se
rinden las tropas que ofrecieron las
resistencias más fuertes, por su posición en
Maffo. Ahí recibo la orden, de reorganizar mis
tropas y avanzar hacia los caminos de San Luis,
Puerto Boniato, el Cristo y el Alto del Escandel.
Ese día 30, se rendían las tropas que estaban
acantonadas en el
BanfaiC,
Maffo, que estaban en edificaciones muy
preparadas para la defensa, por las tropas de
Batista. Las guarniciones de Palma, ya habían
capitulado.
Cuando marchábamos en la madrugada del Primero
de Enero de 1959, escuchamos la noticia de que
Batista se había ido, esto causó alegría (porque
se terminaba el derramamiento de sangre) y por
otro lado tristeza, pues no habíamos capturado
al principal asesino de nuestro pueblo.
Ya para esa fecha, Fidel preparaba el Asalto
final a Santiago de Cuba.
A
mí me habían encomendado, hacer una emboscada en
la carretera que une al aeropuerto con Santiago,
y no permitir que los efectivos que provenían
del aeropuerto, reforzaran al cuartel de
Santiago, pero en ese intermedio, cuando
avanzábamos a tomar las posiciones, llega la
noticia que las tropas del cuartel Moncada se
habían rendido.
Nosotros continuamos la marcha, para cumplir con
las decisiones de Fidel, pero en ese momento,
nos detienen la marcha y nos mandan a buscar
para el lugar conocido como el Escandel y nos
dicen que esperaban a los oficiales de la
Guarnición de Santiago que llegarían muy pronto
allí, al final llegaron y compartimos junto a
Fidel, ese primer momento de alegría, pero
Fidel, como un gran estratega, ordena todas las
medidas de seguridad y ordena al Comandante
Almeida, que se haga cargo de todos los medios
blindados que se encontraban en las provincias
orientales.
Almeida me traslada la orden y me nombra Jefe de
todos los blindados y transporte que marcharían
junto a la columna hacia La Habana.
Esa misma noche del Primero de Enero, empecé a
organizar mi tropa y escoger todos los blindados,
pero nos encontramos con el primer escollo, no
teníamos conductores de tanque, teníamos que
utilizar los propios conductores de la tropa de
Batista; ahí ordenamos desartillar todos los
equipos, municiones de los tanques y completar
las tripulaciones con soldados y oficiales del
Ejército Rebelde, para que sobre la marcha
aprendieran a conducirlos y prepararse como
artilleros, todo esto en seco, teoría nada más.
Recogimos tanques en Guantánamo, Santiago,
Bayamo y Holguín; en Santiago se encontraba el
grueso de estos tanques, tanques americanos
Sherman y tanquetas T-17.
Al otro día, arrancamos junto a la columna hacia
La Habana, por su propia rueda (estera). Esto
fue una odisea, los mecánicos eran del ejército
de Batista, la seguridad se duplicaba y se
dormía dentro de los tanques.
Fidel, en todas las cabeceras de provincias
producía un acto a petición del pueblo, yo no
pude asistir a ninguno, cuidando la seguridad
del convoy.
El día 8 de enero, entrábamos a La Habana y el
día 9, salíamos para el campamento de Managua,
un centro de reclutas abandonado, que sirvió de
preparación para incorporarlos al ejército
americano y participar en la II Guerra Mundial,
por supuesto como carne de cañón.
ANÉCDOTA:
...en medio de la alegría por el triunfo de la
guerra, estoy conversando con Fidel, y me
pregunta... qué tú quisieras hacer... yo le
respondo: ya cumplí con usted y con la guerra y
me voy a mi casa para seguir trabajando con el
deber de campesino y él me contesta:.. oye, tú
sabes que la Revolución empieza ahora, no hemos
terminado, a quién le entregamos esto, así que
olvídate de esas ideas.
Granma 01-01-2009 |