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50 AÑOS DESPUES…
Lázaro Barredo Medina
"LA
tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa.
Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No
nos engañamos creyendo que en lo adelante todo
será más fácil; quizás en lo adelante todo sea
más difícil."
Eso
le dijo al pueblo de Cuba el Comandante en Jefe
Fidel Castro el día de su entrada a La Habana el
8 de enero de 1959. Muchos no imaginaron
siquiera el inmenso reto que les tocaría vivir.
Bastó que a los pocos días, Fidel comenzará a
proclamar el derecho a la autodeterminación en
las relaciones con Estados Unidos para que
inmediatamente empezaran las agresiones, los
intentos de atentados contra su persona y la
irritación de los políticos norteamericanos,
evidencia de lo cual son los discursos y
artículos de la época, como lo prueba el
editorial de la revista Time, vocera de
los sectores más conservadores, bajo el título:
"El neutralismo de Fidel Castro es un desafío
para los Estados Unidos".
Ni
neutrales podían ser los cubanos frente a
Estados Unidos.
El
triunfo de la Revolución aquel enero de 1959
significó para la nación cubana la posibilidad
real, por primera vez en su historia, de ejercer
el derecho de libre determinación. Desde ese
momento ni el Presidente, el Congreso ni los
embajadores de Estados Unidos pudieron mantener
la capacidad de decidir lo que se podía o no se
podía hacer en Cuba. Finiquitó la amarga
dependencia por la cual los gobernantes
norteamericanos y sus embajadores disponían de
un poder muchas veces mayor para decidir cosas
en Cuba, que el poder real que tenían para tomar
decisiones dentro del gobierno federal de los
Estados Unidos con respecto a cualquiera de los
50 estados que conforman la unión norteamericana.
Fue
precisamente en ejercicio de este derecho que
una vez conquistada la plena independencia
nacional comenzó de inmediato la aplicación del
programa anunciado por Fidel en el juicio del
Moncada en 1953 y contenido en su histórico
alegato La Historia me Absolverá.
Cuba
estableció el régimen económico y social que
consideró más justo y estableció un Estado
socialista con democracia participativa,
igualdad y justicia social.
La
economía del país se caracterizaba por esta
época por un escaso desarrollo industrial,
dependiendo en lo fundamental de la producción
azucarera y una economía agrícola concentrada en
latifundios, donde los terratenientes
controlaban el 75% del total de las áreas
agrícolas.
La
mayor parte de la actividad económica del país y
sus recursos minerales eran regentados por
capitales norteamericanos, los que disponían de
1,2 millones de hectáreas de tierra (una cuarta
parte del territorio productivo), además de
controlar la parte fundamental de la industria
azucarera, la producción de níquel, las
refinerías de petróleo, los servicios de
electricidad y teléfono, la mayor parte del
crédito bancario, entre otros. De igual modo, el
mercado estadounidense acaparaba aproximadamente
el 70% de las exportaciones e importaciones
cubanas, siendo los volúmenes del intercambio
comercial muy dependientes: Cuba, en 1958,
exportaba productos por un valor de 733 millones
de pesos e importaba por un monto de 777
millones.
El
cuadro social imperante lo caracterizaba un alto
grado de desempleo y analfabetismo, las
situaciones precarias del sistema de salud, de
la asistencia social y del estado de la vivienda
de la mayor parte de la población, así como de
abismales diferencias en las condiciones de vida
entre la ciudad y el campo. Había una alta
polarización y no equitativa distribución de los
ingresos: mientras en 1958 el 50% de la
población disponía sólo del 11% de los ingresos,
un minoritario 5% concentraba el 26% de las
rentas. Además, la discriminación racial y de la
mujer, la mendicidad, la prostitución y la
corrupción social y administrativa estaban muy
extendidas.
La
inaplazable solución a los problemas sociales y
económicos más acuciantes de la sociedad cubana
sólo podía asumirse con la libre disposición por
el pueblo cubano de sus riquezas y recursos
naturales, y así, al amparo de la Constitución,
que fuera aprobada en 1940 y en correspondencia
con las normas del Derecho Internacional, Cuba
ejerció el derecho de disponer de esos recursos
y asumió las obligaciones derivadas de ello,
indemnizando a todos los nacionales de terceros
países (Canadá, España, Inglaterra, etc.) con
excepción de los nacionales de Estados Unidos,
cuyo Gobierno rechazó las disposiciones cubanas
y convirtió esta decisión del Estado cubano en
un pretexto para desatar una guerra sin
precedentes en la historia de las relaciones
bilaterales entre dos naciones.
La
Revolución no sólo entregó la tierra en
propiedad a los campesinos, hasta entonces
sometidos a condiciones semifeudales de
producción y obligados a vivir en condiciones de
extrema pobreza, sino que todos los recursos de
que dispuso el país fueron dedicados al
desarrollo económico de la nación y al
mejoramiento de las condiciones materiales y de
vida de la población. Para que se tenga una
idea, sólo en la década de los 80, a la
construcción de objetivos productivos y obras
sociales fueron destinados aproximadamente 60
mil millones de pesos.
El
proceso de industrialización llevado a cabo
permitió el comienzo de la diversificación
económica y productiva. Hasta el inicio de la
crisis económica que con la desaparición de la
Unión Soviética y del campo socialista europeo
entre 1989 y 1991, dimos en llamar Período
Especial, en Cuba con la Revolución creció 14
veces la capacidad de producir aceros, seis
veces la de cemento, cuatro veces la de níquel,
diez veces la de fertilizantes, cuatro veces la
de refinación de petróleo (sin contar la nueva
refinería de Cienfuegos), siete veces la
producción textil, tres veces la del turismo,
por mencionar algunas. También se crearon ramas
completas e industrias nuevas como la
construcción de maquinarias, la mecánica, la
electrónica, la producción de equipos médicos,
la industria farmacéutica, la industria de
materiales de la construcción, la industria del
vidrio, la cerámica, entre otras, a lo cual se
suman las inversiones que acrecentaron y
modernizaron las industrias azucarera,
alimentaria y ligera. A ese esfuerzo se suman el
desarrollo de la biotecnología y la ingeniera
genética y otras ramas científicas.
El
país también hizo esfuerzos en el mejoramiento
de la infraestructura. La generación eléctrica
creció más de ocho veces; la capacidad de agua
embalsada aumentó 310 veces, de 29 millones de
metros cúbicos en 1958 hoy supera los 9 000
millones de metros cúbicos, hubo una
diversificación de carreteras y autopistas,
modernización de los puertos y otros. Las
necesidades sociales fueron bastante cubiertas,
salvo en la vivienda que ha sido el gran
problema cubano.
El
progresivo crecimiento y diversificación del
potencial productivo y la aplicación de un vasto
programa social permitieron afrontar la solución
del problema del desempleo. En 1958, con una
población de 6 millones de habitantes alrededor
de una tercera parte de la población
económicamente activa estaba desempleada, de
ella el 45 por ciento en las zonas rurales,
mientras que de unas 200 mil mujeres empleadas,
el 70% lo hacia en labores domésticas. Hoy, con
11 millones de habitantes, el número de personas
ocupadas supera los 4,5 millones. Más del 40 por
ciento de los trabajadores son mujeres y ellas
representan hoy más del 60 por ciento de la
fuerza técnica y profesional del país.
En
1958, la cifra de analfabetos y semianalfabetos
alcanzaba a dos millones de personas. El
promedio de nivel escolar entre los mayores de
15 años no sobrepasaba el tercer grado, más de
600 mil niños carecían de escuelas y el 58 por
ciento de los maestros no tenían empleo. Sólo el
45,9% de los niños en edad escolar estaban
matriculados y la mitad de ellos no asistía a
clases, logrando terminar la enseñanza primaria
solamente el 6% de los niños matriculados. Las
universidades apenas tenían capacidades para
unos 20 000 estudiantes.
La
esfera educacional recibió una inmediata
atención del Estado revolucionario. Lo primero
que se desarrolló fue una masiva campaña de
alfabetización con la participación de la
población. Se construyó una extensa red de
escuelas en todo el país y más de 300 mil
maestros y profesores se desenvuelven con pleno
empleo en ese sector. El promedio de nivel
escolar entre los mayores de 15 años es de
noveno grado. El 100% de los niños en edad
escolar matriculan en las escuelas y el 98%
culmina la enseñanza primaria y 91% la
secundaria. Uno de cada 11 ciudadanos es
graduado universitario y uno de cada 8
habitantes en la Isla tiene nivel de preparación
técnico-profesional. Hay 650 000 estudiantes en
las universidades en estos momentos y toda la
enseñanza es gratuita. Se le garantiza además al
100% de los niños con deficiencias físicas y
mentales la posibilidad de prepararse para la
vida en escuelas especiales.
La
precaria situación de la salud pública en 1958
la caracterizaba una mortalidad infantil que
sobrepasaba la cifra de 60 por mil nacidos vivos
y la materna un nivel de 118 por 10 mil. La tasa
de mortalidad por gastroenteritis era de 41,2
por cien mil y la de tuberculosis de 15,9 por
cien mil. En zonas rurales el 36% de la
población padecía parásitos intestinales, el 31%
paludismo, el 14% tuberculosis y el 13% de la
tifoidea. La esperanza de vida al nacer se
estimaba en 58,8 años.
La
capital del país concentraba el 61% de las camas
de hospitales y el 65% de los 6 500 médicos. En
el resto de las provincias la cobertura era de
un médico por cada 2 378 habitantes y en todas
las zonas rurales de la nación existía
únicamente un hospital.
Hoy
toda la atención de salud es gratuita y Cuba
dispone de más de 70 000 médicos para una
cobertura de un galeno por cada 194 habitantes y
casi 30 000 de ellos están prestando servicios
en más 60 países. Se ha creado una red nacional
de más de 700 hospitales y policlínicos. Por la
masividad de la vacunación (en estos momentos a
cada niño se le dota de 13 vacunas) han sido
virtualmente eliminadas enfermedades como la
poliomielitis, difteria, sarampión, tos ferina,
tétanos, rubéola, la parotiditis y la hepatitis
b. La mortalidad infantil es de 5,3 niños
muertos por mil nacidos vivos y la esperanza de
vida es de más de 77 años. También se prestan
gratuitamente un conjunto de servicios médicos
de avanzada que usualmente en el ámbito
internacional no son considerados básicos, como
es la atención en salas de terapia intensiva en
hospitales pediátricos y de adultos, los
servicios de cirugía cardiovascular, servicios
de trasplantología, cuidados especiales
perinatológicos, el tratamiento de la
insuficiencia renal crónica, y los servicios
especiales para la rehabilitación física y
médica, entre otros.
No
fueron tan solo las medidas económicas y
sociales el centro de la atención del Estado
revolucionario. También lo fueron los esfuerzos
dirigidos a establecer la base jurídica interna
que posibilitara el ejercicio del derecho a la
libre determinación mediante una participación
directa de la población en la discusión,
análisis y aprobación de las principales leyes
del país, donde se destacan la Constitución de
1976, aprobada después por el 97% de los cubanos
mayores de 16 años mediante referendo u otras
leyes trascendentales como el Código Penal, el
Código Civil, el Código de Familia, el Código de
la Niñez y la Juventud, el Código Laboral y de
Seguridad Social y muchas otras.
De
igual forma, la libre determinación del pueblo
cubano se expresa en el derecho a defender a la
nación frente a la agresión exterior. Hoy más de
cuatro millones de cubanos —trabajadores,
campesinos y estudiantes universitarios— están
organizados en formaciones de milicias y cuentan
con las armas en sus áreas de residencia o en
sus fábricas y zonas campesinas.
Desde 1959, sin embargo, Cuba ha tenido que
hacerle frente a la hostilidad de diez
administraciones gobernantes norteamericanas que
han pretendido limitarle el derecho de libre
determinación mediante agresiones y la
imposición unilateral de un criminal bloqueo
económico, comercial y financiero.
Es
un principio universalmente aceptado de la ley
internacional la prohibición de la coacción de
un Estado contra otro con el propósito de
negarle el ejercicio de sus derechos soberanos.
En el artículo 24 de la Carta de las Naciones
Unidas se señala que las naciones deberán
abstenerse en sus relaciones internacionales de
la amenaza o el uso de la fuerza contra la
integridad territorial o la independencia
política de cualquier Estado.
Durante los últimos 45 años los Estados Unidos
han prohibido todo comercio con Cuba, que
incluye alimentos y medicinas; cancelaron la
cuota cubana de exportación azucarera, con
fuertes sanciones, prohibió a sus ciudadanos
viajar a la Isla, prohibió la reexportación
desde terceros países a Cuba de productos de
origen estadounidense que tengan componentes o
tecnología norteamericana; proscribió a bancos
en terceros países mantener cuentas de Cuba en
dólares o utilizar esa divisa en sus
transacciones con la nación cubana; han
intervenido sistemáticamente para evitar u
obstaculizar el comercio y otorgamiento
financiamiento o asistencia a Cuba por gobiernos,
instituciones y ciudadanos de otros países y
organismos internacionales.
Esas
represalias obligaron a Cuba a recomponer en la
década de los 60 sus relaciones económicas de
una manera estructural al verse obligada por las
circunstancias y crear todos sus mercados
fundamentales en los países de la antigua Europa
del Este, principalmente en lo que fue la Unión
Soviética, que obligó al país a una reconversión
casi total de toda la tecnología industrial,
medios de transporte, avituallamientos, etc.
Después que Cuba perdió sus mercados naturales
en Europa del Este, el Gobierno norteamericano
recrudeció a partir de 1992 sus medidas de
bloqueo mediante la Ley Torricelli, bajo el
pretexto de la "democracia y los derechos
humanos" para prohibir a subsidiarias de
empresas estadounidenses, radicadas en terceros
países y sujetas a leyes de esas naciones, la
realización de operaciones comerciales o
financieras con Cuba (sobre todo en alimentos y
medicinas), castigar con la prohibición de
entrada a puertos norteamericanos, por 180 días,
a buques que transporten mercancías hacia o
desde Cuba o por cuenta de Cuba, medidas que por
su carácter extraterritorial no sólo perjudican
a Cuba, sino que laceran la soberanía de otras
naciones y la libertad internacional de
transportación.
El
12 de marzo de 1996, el Gobierno de Estados
Unidos puso en vigor la Ley Helms-Burton que
agrava las relaciones entre ambos países y
pretende arrogarse el derecho de sancionar a
ciudadanos de terceros países ante cortes
norteamericanas, a la vez que determinar su
expulsión o denegarles la visa de entrada a
Estados Unidos, junto a sus parientes más
cercanos, con el propósito de entorpecer el
esfuerzo que realiza la nación cubana por
recuperar su economía y obstaculizar sus
posibilidades de lograr una mayor inserción en
la economía internacional. De tal manera,
pretende presionar a la población cubana para
hacerla desistir de su empeño al derecho a la
libre determinación.
Y en
los años más recientes, han adoptado el Plan
Bush que pretende convertir a Cuba en una
colonia, mediante un programa anexionista y una
sibilina intencionalidad de intervención bajo el
pretexto de la "transición", donde el
Departamento de Estado encarga a uno de sus
dirigentes la responsabilidad de "gobernador"
para cuando desaparezca el Estado revolucionario
cubano. Este Plan, por el cual George W. Bush
decidió "precipitar el día en que Cuba sea un
país libre", recrudece el bloqueo y la presión
sobre los cubanos, incluso reprime las
relaciones familiares de los cubanos residentes
en Estados Unidos, entrega millonarios recursos
a los grupos terroristas enclavados en Miami,
así como a sus mercenarios subordinados a la
Oficina de Intereses de Estados Unidos en La
Habana y promueve fórmulas para desestabilizar
el país y redoblar la presión internacional
sobre la Isla.
Esa
hostilidad norteamericana ha tenido otras
connotadas manifestaciones de agresión que van
desde la agresión militar por Bahía de Cochinos
en 1961, la guerra sucia de las bandas
contrarrevolucionarias auspiciadas y fuertemente
abastecidas militarmente por la Agencia Central
de Inteligencia de los Estados Unidos, la guerra
bacteriológica contra plantaciones agrícolas
(caña, tabaco y cítrico), animales (fiebre
porcina) y personas (dengue hemorrágico), hasta
los planes de sabotajes, bombardeos mediante el
uso de avionetas piratas y de atentados contra
los principales dirigentes del país.
Es
notoriamente público la labor que realizan las
organizaciones terroristas en la ejecución de
acciones militares contra Cuba desde territorio
norteamericano, difundidas y alentadas por los
medios de comunicación en Miami, quienes
ejercitan un constante reclutamiento de
aventureros dispuestos a marchar hacia Cuba como
espías y saboteadores y quienes declaran
abiertamente que no sienten ningún temor a ser
procesados ni condenados por las autoridades
estadounidense.
Esa
es la causa por la que jóvenes patriotas han
tenido que hacer dejación de sus intereses
personales para servir a los intereses de la
nación, sacrificar incluso a sus familias, e
infiltrarse dentro de las filas de esos grupos
terroristas para conocer de sus actividades y
evitar con esa información el derramamiento de
sangre del pueblo cubano y del pueblo
norteamericano y estar dispuestos a pagar el
precio de la irracionalidad política del
Gobierno de Estados Unidos, como sucede hoy con
Los Cinco héroes injustamente presos en cárceles
norteamericanas por luchar contra el terrorismo.
A
ello se suma el fuerte dispositivo militar
creado por Estados Unidos alrededor de Cuba y
sus constantes actividades que generan
tensiones, así como la ocupación ilegal de la
Base Naval de Guantánamo en suelo cubano
(convertida hoy en una terrorífica prisión),
porción territorial arrendada por Cuba por la
fuerza a Estados Unidos a principios de siglo y
que el Gobierno norteamericano se niega a
devolver al pueblo cubano.
A
principios de los 90, desaparecida la Unión
Soviética, aislada y vilipendiada por la
reacción internacional, Cuba soportó el golpe
terrible de perder en cuestión de meses el
grueso de sus mercados y crecer abruptamente en
su producto interno bruto, y probó que brillaba
con luz propia y que nunca había sido satélite
de nadie, porque pudo soportar esa coyuntura por
la extraordinaria prueba de resistencia de la
mayoría de la población cubana que ha actuado
desde motivaciones auténticas, valores y
principios éticos.
La
población cubana decidió respaldar consciente y
consecuentemente a la conducción política del
país, no solamente porque identifican al sistema
con su propio interés, sino también por la
manera responsable en que el Estado ha asumido
la crisis, reorganizó sus fuerzas y ha diseñado
una estrategia para buscar las salidas, pese al
bloqueo norteamericano y las condicionalidades
de sus aliados europeos.
Los
sacrificios provocados por esa situación han
sido duros, pero han podido ser soportados no
solo por los indiscutibles avances sociales
logrados, sino también por la confianza
depositada en los órganos dirigentes del país y
la apreciación de la gente de que su gobierno no
era un gobierno decadente ni con crisis en su
gestión o carente de estrategias, sino que ha
probado que ni aún en las más difíciles
circunstancias dejó de tener a la población en
el centro de toda su labor.
Han
pasado 50 años y el proceso liberador ha llegado
hasta aquí en la misma dirección de aquella
noche donde Fidel ante la muchedumbre que lo
aclamaba en el hasta entonces cuartel general de
la tiranía, dijo que quizás en lo adelante todo
sería más difícil porque habría que luchar por
hacer la Revolución.
Es
el reto de esa lucha lo que se mantiene en las
actuales circunstancias por desterrar los vicios
y enaltecer las virtudes, con el Comandante como
soldado de las ideas sirviendo de brújula en la
lucha por la libertad y la independencia.
Los
enemigos de Cuba apuestan a lo contrario. En
este mundo donde la política es una caricatura
no pueden entender que esta Revolución en su
pensamiento y en su acción es un proceso de
continuidad y que el compañero Fidel seguirá
siendo el líder de la Revolución de hoy y de
mañana, que por encima de cargos y títulos,
seguirá siendo el consejero de ideas al que
tendremos que acudir siempre, porque Fidel ha
logrado trascender la vida política para
insertarse como algo íntimo en la vida familiar
de la inmensa mayoría de los cubanos.
Granma 30-12-2008 |