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Enclavada
en una majestuosa mansión de principios de siglo se funda,
en el mes de mayo de 1995 en La Habana, Cuba, La Casa de la
Amistad, un complejo cultural y de servicios que propone a
sus visitantes un sitio agradable.
En él se funden la frescura natural de sus jardines y su
estilo constructivo, evocación de un palacio florentino que
atesora en su interior una genuina representación del
ArtDecó.
Se esconde tras sus imponentes muros, columnas,
salones y corredores, una intensa historia de amor entre un
rico hacendado azucarero y una bella cubana, musa
inspiradora de la construcción de tan hermoso lugar.
La Casa de la Amistad le invita a cruzar el umbral
de sus puertas para que pase un magnifico rato. La Casa de
la Amistad es la anfitriona perfecta, un lugar de visitas
inolvidables, de reuniones exitosas y de amistades duraderas.
En uno
de los deslumbrantes salones de la aristocracia cubana
comienza la apasionante historia de amor del caballero Juan
Pedro Baró, uno de los principales hacendados de la isla y
de Catalina Laza, quien ganara los concursos de belleza de
1902 y 1904 y que fuera descrita por la prensa de su época
como una "maga halagadora". Sus miradas se cruzaron en medio
de un festín y sus almas se encontraron para simpre. Poco
importó que Catalina Laza fuera casada. El amor no entiende
de esas cosas.
Así
pues los amantes encontraron la forma de verse en secreto y
sabiendo que era ese un amor verdadero, se atreve ella a
pedir la disolución de su matrimonio. No siendo escuchada,
ambos deciden abandonar la isla y en Paris contraen
matrimonio según la ley francesa..
Tan fuerte historia de amor llegó a conocerse incluso en el
Vaticano, donde el Papa dispuso la disolución del matrimonio
de Catalina y bendijo esta nueva unión.
En 1917 se firma en Cuba la Ley del Divorcio. En ese mismo
año se registra oficialmente la separación de Catalina Laza
de su primer esposo y la pareja regresa a La Habana. Juan
Pedro Baró decide construir una nueva casa donde vivir su
historia de amor con Catalina y en 1926 termina de edificar
un majestuoso palacete en El Vedado, barrio capitalino
representativo del desarrollo económico y cultural de la
sociedad cubana de principios del siglo XX.
La casa no pudo ser disfrutada por Catalina la cual murió
poco tiempo después de su inauguración. Juan Pedro Baró se
negó a habitarla y regresó a Europa deshecho de tristeza. |